Con la campaña “Lazo Blanco” un grupo busca disminuir el maltrato en los hogares.
En el país existen alrededor de siete millones y medio de mujeres, de las cuales, según datos del recientemente desaparecido Consejo Nacional de Mujeres (Conamu), el 80% ha sufrido alguna vez maltrato físico, psicológico o sexual, ejercido principalmente por hombres que pueden ser padres, hermanos, amigos o cónyuges.
Ya que la violencia contra la mujer se ha ejercido tradicionalmente por parte de los hombres, un grupo de ellos decidió lanzar la campaña “Lazo Blanco”, con el eslogan “Hombres trabajando para detener la violencia contra las mujeres”.
Pablo Santillán, director ejecutivo de la Fundación Metis, encargado de la campaña, la cataloga como “vital” porque usualmente ellos piensan que la violencia contra las mujeres es solo “asunto de ellas” y que las féminas tienen que ser quienes luchen por ser escuchadas para eliminar toda forma de maltrato.
Por ello el objetivo de la campaña es que los hombres empiecen a manifestarse y se comprometan a trabajar en la erradicación de toda forma visible y encubierta de maltrato al género, que incide en los hogares del país.
80% de las mujeres ecuatorianas han sido víctimas de algún tipo de violencia
Para Jorge León, activista del proyecto, es necesario estar consciente de la influencia de las prácticas familiares en cada casa, pues para él muchos hombres en Ecuador responden a un modelo patriarcal y machista, que determina roles, posiciones y valoraciones, que empujan a los hombres a convertirse en seres dominantes que ejercen control y poder.
León asegura que por esta cosmovisión es que, en muchos casos, las féminas son consideradas ciudadanas de segunda clase o con menos derechos que los hombres. “Las prácticas familiares hacen que las mujeres se vean sometidas a los hombres y por lo tanto tengan que aceptar la violencia como parte de sus relaciones diarias”.
El activista considera que diariamente se cometen abusos calificados como “normales” y por eso se acepta con naturalidad que un hombre acose a una mujer en la calle, en un bus de transporte público o que en su trabajo sus compañeros hagan comentarios de carácter sexuales o en sus familias sean golpeadas o humilladas.
Tania Moreno, fiscal de delitos sexuales, corrobora esta idea y dice que muchos de los delitos y violencia que sufren las mujeres no son considerados como tal, porque son parte de la cotidianidad en la que viven.
En cada una de las fiscalías se reciben mensualmente un promedio de 30 denuncias de mujeres por haber sido víctimas de violencia sexual, atentado al pudor, acoso y violencia física y psicológica. “En la mayoría de los casos se retiran las denuncias porque dependen económica y afectivamente de los hombres y porque asumen como culpa suya lo que les ocurre”, afirma Moreno, tras asegurar que es necesario iniciar un proceso de concienciación desde los hombres para que sean ellos quienes tomen la batuta del cambio de actitud.
Y justamente esa es la idea de la campaña, precisa León. A través de charlas que se dan en universidades, oficinas de trabajo y colegios, se pretende llegar a los hombres “para que desechen las ideas machistas y de superioridad del varón”.
30 hombres, por cada encuentro, participan en los procesos de reflexión en contra de la violencia
La campaña se ha extendido a seis localidades del país, con seminarios en Quito, Guayaquil, Esmeraldas, Macas, Babahoyo y Sucúa. Han realizado alrededor de 100 encuentros con la asistencia de 30 personas a cada uno.
Santiago Castro, esmeraldeño, asistió a una de estas charlas. Ahora, afirma, su percepción de las mujeres ha cambiado mucho ya que antes repetía patrones violentos porque no había visto otros modelos de comportamiento. “Lo más fácil era golpear o gritar y así imponer mis ideas. Ahora da más trabajo dialogar, pero creo que mi familia vale la pena y no quiero que mis hijas sufran lo que, en algún momento, pude hacerle a mi esposa”, afirma al aceptar que en este momento prefiere negociar soluciones a propinar maltratos.
En esta campaña también participan estudiantes del Instituto Metropolitano de Diseño, quienes están a cargo de crear toda la imagen que va a ser utilizada para el próximo período de “Lazo Blanco”.
Anabel Meza, coordinadora del instituto y de este proyecto, cuenta que para sus alumnos esto fue un proceso de cambio ya que ellos, por primera vez, tuvieron que reflexionar sobre el papel del hombre en el proceso de erradicación de la violencia.
Meza asegura que sus pupilos están comprometidos con el proyecto, ya que proponen cambios reales.
Gustavo Castellanos, estudiante, señala que en una primera fase tuvieron que investigar y analizar sobre la violencia y sus causas. “Me di cuenta de que es un problema que está vigente en la sociedad y que afecta a cientos de personas. También reflexioné sobre el papel del hombre en todo esto y como representante de ellos quiero lograr que con mi trabajo la campaña funcione”.
Por otro lado, Luis Escarda, quien también va a trabajar en este proyecto, cree que las campañas que han existido antes han sido muy buenas, pero que no atacan el problema ya que son hechas desde las mujeres para las mujeres. “Esta es la primera vez que hombres comunes nos unimos para hablar desde la perspectiva nuestra a otros hombres y decirles por qué deben terminar con la violencia contra las mujeres”.
Alguien que ahora también se sumó al plan es Antonio, quien se califica a sí mismo como un “ex agresor”. Antes consideraba al diálogo como una debilidad y que de esa manera perdería el respeto de su familia. “Me mostraba agresivo para esconder mis propios temores”, reconoce.
Ahora Antonio está divorciado, pero quiere recuperar a sus hijos y por ello asegura que ha cambiado y gracias a un proceso de reflexión ha comprendido que la violencia no lleva a nada bueno y que su comportamiento obedecía a la imagen de “macho” que según sus padres, debía mantener siempre.
Santillán insiste en que la campaña quiere que los hombres asuman la responsabilidad de sus agresiones, pero que se termine con la criminalización de los mismos ya que lo que se busca es un cambio y no solo que sean sancionados.