Publicidad engañosa no es denunciada
Clientes de los restaurantes se abstienen de tomar medidas legales cuando son engañados en sus compras.
Rita Campos, cajera de banco, salió la semana pasada enojada de un local de Pollo Gus, ubicado en la capital. Su molestia se originó al comprobar que la realidad no coincide con las fotos de un cartel que anuncia: “Un pollo más dos colas, dos tamales, papas fritas grandes, arroz y menestra, por $9.99. Un pollo solo 7.75”
“Esto es una estafa, en la foto muestran todos los productos grandes, como si alcanzara para una familia completa. Pero en realidad, el pollo es pequeño, apenas alcanza para una o dos personas. El resto de productos son iguales. Esto alcanza para que coma una persona y, si fueran dos, se quedarían con hambre”.
Su reclamo, según uno de los empleados del local que solicitó el anonimato, no es el primero, ya que “muchos regresan para protestar”. Pero él se excusa: “todo es orden de los dueños, nosotros solo vendemos lo que ellos nos dicen, cómo nos dicen y al precio que nos dicen”.
Explicó además que los pollos de la promoción son “pequeñitos, alcanzan para dos personas. El llamado -pollo solo- es grande y alcanza para cuatro”.
Y aunque Rita se enojó al sentirse engañada, no lo denunció ante ninguna instancia legal. Esto a pesar de que este tipo de publicidad que induce a las personas a comprar productos que en la realidad no son como se los presenta, sí constituye publicidad engañosa, según explica Yashira Naranjo, funcionaria de la Defensoría del Pueblo en temas del consumidor.
Es más, señala que este tipo de engaño “es común en los restaurantes”, pero los reclamos que se presentan en la Defensoría son pocos. El año pasado apenas hubo cuatro quejas al respecto. Los demás ciudadanos que se sienten afectados no hicieron nada para que se emitieran sanciones contra quien los había afectado.
En el artículo cuatro, inciso cuatro de la Ley del Consumidor, se estipula el derecho fundamental de los consumidores a tener información completa y veraz sobre los productos que se adquieren.
Naranjo recalca que en los anuncios de ofertas de productos en los restaurantes no se explica bien ninguna de las promociones y las fotos que muestran los alimentos no coinciden con la realidad del producto que se entrega. Este tipo de actos están penados con multas de 100 a 1.000 dólares, de acuerdo con el Artículo 70 de la Ley del Consumidor.
También María José Troya, directora de la Tribuna del Consumidor, asevera que estos engaños son comunes y “los consumidores ya se acostumbraron e incluso lo asumen con normalidad”. Por esto cree que no se denuncian.
La directora dice que los consumidores se han acostumbrado a no reclamar e incluso esperan menos de lo que se ofrece, de tal manera que no quedan decepcionados cuando reciben el producto final.
Troya explica que el engaño no radica solo en las fotografías que se exhiben sino también en la falta de información de los empleados del local sobre los productos que venden.
Aun así los casos se siguen presentando. Por ejemplo, Sofía Chevasco por su aniversario decidió ir a cenar con su esposo y ambos alentados por la descripción de un plato de mariscos que encontraron en el menú, hicieron su pedido.
Al recibirlo se encontraron con un plato distinto, que en lugar de almejas tenía concha y, reemplazando a los ostiones, el plato estaba lleno de calamar. Los langostinos que ofrecían, era solo uno acompañado de varios camarones grandes.
Sofía afirma que reclamó al mesero y que éste le pidió disculpas porque no tenían todos los mariscos que se ofrecían. Sin embargo, al pagar la cuenta, no recibieron ningún descuento.
Ella tampoco puso su queja porque dice que es “una pérdida de tiempo, ya que a la final ni una disculpa me darían”. La solución que encontró fue la de nunca más ir a este restaurante y dar malas referencias a sus conocidos.
Como ella, otras personas viven la misma experiencia, pues este medio entrevistó a 75 personas en un patio de comidas de un centro comercial y de ellas solo dos aseguraron que recibieron un producto similar al de la publicidad.
Y quienes efectúan estas publicidades también se justifican. Manuela Egas, publicista y experta en marketing, considera que las fotografías de comida que se utilizan en los restaurantes, no tienen el afán de engañar al consumidor. Egas compara a los alimentos con las modelos. “A las modelos se les maquilla para que se vean mejor, con la comida se hace algo parecido y no por eso es engaño, simplemente es una técnica de marketing”.
La publicista señala que, por el tamaño de la foto, muchas personas pueden creer que las porciones alimenticias son más grandes, pero eso no es lo mismo que mentir al cliente. Para ella, todas las personas deben saber que la publicidad no engaña sino que solo hace más apetecibles las cosas.
Lucía Real Hidalgo
lreal@telegrafo.com.ec
Reportera - Quito