Laboran ocho horas, pero perciben un salario inferior al de los trabajadores del sector privado.
Recibe 170 dólares por trabajar ocho horas diarias, pero María no reclama por este salario. Las ganas no le faltan, solo que su condición de empleada doméstica no le permite quejarse. Y es que, según el Acuerdo Ministerial que entró en vigencia en enero de este año, la remuneración básica mínima para los trabajadores de servicio doméstico es lo que ella percibe.
Tito Palma, viceministro de Trabajo, reconoce que los US$30 de diferencia que hay entre el salario de un trabajador del sector privado (US$200) y uno doméstico es injusto. “El problema del bajo sueldo radica en que las domésticas recibían una remuneración de apenas US$120 el año pasado”, declara.
En 2005 este valor era US$55 y en el siguiente año aumentó a US$80. Pero algunos patronos –opina Palma- justifican el salario diciendo que la empleada tiene beneficios adicionales, como dos comidas en el día. Sin embargo, el artículo 268 del Código del Trabajo obliga a los empleadores a proporcionar alimentación al doméstico.
Pero para Sonia estos requisitos establecidos por la ley no eran respetados. Hace tres meses laboraba en un domicilio donde debía cocinar, lavar, limpiar y arreglar la casa. Por estas actividades percibía US$150.
Sin embargo, el bajo sueldo no era la mayor insatisfacción de su trabajo. Su patrona constantemente le gritaba las órdenes. “Me decía que lave bien la ropa, que si no limpiaba que estaba despedida”, cuenta. En una ocasión la empleadora le insultó a la madre, motivo suficiente para que ella renuncie.
Sonia nunca denunció el maltrato que recibió, porque para ella eso significaba tener más problemas con su ex jefa.
93.568 ecuatorianos trabajan en servicio doméstico en Guayaquil, Machala, Quito, Cuenca y Ambato
El inspector de Trabajo, Roberto Anchaluisa, relata que ha atendido muy pocas denuncias de empleadas domésticas y dice que estos casos han sido complicados al momento de la inspección. “Como el lugar de trabajo es un domicilio, es mucho más difícil hacer la revisión, el dueño de casa tiende a poner trabas y no deja entrar a su casa”, explica.
Aunque este ejemplo forma parte de los pocos casos que se presentan en la Inspectoría de Trabajo del Litoral. Para el abogado, la falta de denuncias por parte de este sector laboral, se debe al temor de las empleadas a perder el trabajo.
En la Defensoría del Pueblo ocurre una situación similar. La entidad casi no registra casos que involucren a domésticas. Lourdes Rangel, abogada de esta dependencia, explica que los patronos abusan de su mayor nivel económico y amenazan a las empleadas para que no denuncien cualquier tipo de abuso. “Les dicen que si ellas se quejan con alguien más del trato que reciben, la denuncian que ha robado y hasta la pueden meter en la cárcel”, relata.
El Viceministro cree que la resignación se debe a que ellas, en su mayoría, son personas muy humildes que no alcanzan a comprender que gozan de los mismos derechos. “Creen que al emplearlas les están haciendo un favor, por eso no se quejan de las condiciones de trabajo”, dice.
Para intentar evitar los sueldos inferiores al mínimo y cualquier abuso, existen agencias de empleo que funcionan como mediadoras entre el empleador y la doméstica.
En la agencia La Selecta cuentan con un sistema para asegurar que la doméstica no sea engañada por los futuros empleadores. “Visitamos la casa donde va a trabajar; además, en el contrato debe ir especificado el número de personas para el que va a trabajar y las horas”, explica Pamela Parra, dueña de la agencia.
La Selecta, en sus seis años de existencia, ha tramitado 3.165 contratos. De estos, Parra recuerda que han existido muy pocos casos de abusos. “En una ocasión una chica me contó que el ambiente era muy conflictivo, que casi la golpean por accidente, entonces renunció. Los contratistas regresaron a pedirnos otra empleada, pero debido a los antecedentes, no le dimos a ninguna de nuestras chicas”, cuenta.
Si bien esta agencia se preocupa por la seguridad de las domésticas, la empresa no se responsabiliza si las afilian o no al Seguro Social. La abogada Rangel cree que los empleadores consideran al seguro como un gasto, mas no como una inversión, por eso no lo aplican.
En el IESS se registran apenas 34.000 afiliaciones de empleadas domésticas a nivel nacional. No existe una cifra nacional del total de empleados que trabajan en el sector doméstico, pero solo entre Guayaquil, Quito, Cuenca, Ambato y Machala existen 93.568.
El Viceministro cree que desde siempre ha existido una brecha que separa al trabajo en general del doméstico, por la cual las personas consideran ese tipo de trabajo como inferior.
“Lo que necesitan los ecuatorianos es hacer un verdadero cambio en su mentalidad y valorar adecuadamente el servicio doméstico”, propone. Él aspira a que el próximo año las remuneraciones, en todos los sectores, sean niveladas, para que las domésticas no tengan que trabajar la misma jornada que los otros empleados, por un sueldo inferior.