Improperios que se dicen contra ellas por parte de extraños son comunes pese a que la falta es sancionable.
Una mujer no soportó más ofensas. Cada vez que caminaba por el Centro Histórico de Quito, cerca del Palacio Municipal, algunos guardias metropolitanos, le decían groserías, cual si fueran piropos. Tan denigrada se sintió María Teresa Loor que un día rompió en llanto por la impotencia de no poder defenderse.
Como única solución optó por enviar una carta a un diario de la capital, para que a través de los medios, se conozca la humillación a la que están expuestas muchas de las que caminan por esas calles. “Quisiera que las autoridades hagan algo”, afirmó María Teresa Loor.
Decenas de mujeres consultadas por este diario señalaron que todos los días que caminan solas por las calles del centro de la urbe pasan malos ratos, parecidos a los de Loor. En cualquier esquina no faltan los hombres que les dicen cometarios obscenos.
Gissela García, de 30 años de edad, recuerda con claridad uno de los insultos más humillantes que le propinó un desconocido, quien al pasar junto a ella, en la avenida 9 de Octubre, le dijo: “...Chuparte toda mamita”, repite ella, aún indignada.
Una periodista de El Telégrafo, que caminó sola 10 cuadras del centro, constató las afrentas que desconocidos les hacen a las damas. “¡Estás buena, maldita, desgraciada...!” o “¡Qué lindos pechos tienes!”, fueron algunos de los insultos que escuchó.
Ante tales agresiones ninguna tomó medidas legales, pues ellas desconocían que esos actos son contravenciones de tercera clase.
Cuatro días de prisión es una de las sanciones por agredir verbalmente a una mujer.
En las Comisarías de la Mujer y de la Policía, asentadas en Guayaquiil -pese a que dichos insultos en contra de las mujeres se han vuelto comunes en las calles- no hay denuncias sobre la anomalía. “Ellas pueden denunciar, pero nadie se acerca a solicitar sanciones”, fue la respuesta común de los funcionarios de las mencionadas dependencias.
Aquello a pesar de que el artículo 606, en su numeral 14, del Código Penal, establece una sansión de 2 a 4 días por la infracción y una multa de 7 a 14 dólares.
La constitucionalista María Alejandra Muñoz, catedrática de la Universidad Espíritu Santo, explica que ese acoso verbal es difícil de sancionar porque generalmente quienes lo cometen son desconocidos.
Para poder denunciar ese caso, la agredida tiene que proporcionar la identidad del infractor y el lugar de su residencia con la finalidad de castigarlo. “La ley existe, pero es complicado aplicarla cuando no se tienen datos”.
Muñoz opina que los insultos, más que un problema legal, responden a la falta de cultura de respeto a las mujeres.
Similar observación, sobre la practicidad de la norma, tiene el especialista jurídico del Consejo Nacional de Mujeres (Conamu), Gonzalo Argotis, quien considera que en ocasiones la comprobación de la falta resulta compleja.
Aunque, él anima a que ellas acudan ante las autoridades para hacer respetar sus derechos. Y advierte que si la víctima de los improperios estuvo sola, la situación se convierte en la palabra de la acusada contra la del culpable. “Por eso, se requiere de testigos del hecho para que corroboren que hubo falta a la moral”, dice.
El psicólogo y psiquiatra Eduardo Tigua indica que los comportamientos de quienes molestan a las mujeres con los comentarios ofensivos responden a la degradación moral de la sociedad. Dicha conducta -afirma- es comparada con la que se observa en los jóvenes, quienes se insultan la madre como saludo. “En años anteriores no era así”, afirma.
La reacción que debería tener una mujer que sea agraviada con insultos por un desconocido -sugiere- es ignorarlo porque no logrará hacer entrar en razón al agresor si discute con él.