Tomada de la edición impresa del 30 de abril del 2008

El hostigamiento laboral crece

Gráfico del hostigamiento laboral |

Gráfico del hostigamiento laboral

El maltrato al trabajador se registra, pero las autoridades siguen el caso solo si despiden al afectado

Antecedentes

El año pasado, la Secretaría  de Trabajo del Litoral archivó 4.897 constancias, de las cuales casi el 80% corresponden a hostigamiento laboral.

El 11 de abril, la asambleísta Marisol Peñafiel presentó un borrador de observaciones para fortalecer los textos constitucionales analizados por la Mesa de Trabajo, donde especifica que el trabajador no debe ser objeto de hostigamiento en sus actividades laborales.


 
Los casos de hostigamiento laboral si bien son los más receptados por la Secretaría de Trabajo, también son los menos seguidos.

Los primeros cuatro meses de este año, la entidad archivó 1.740 constancias y de ellas, según el secretario del Trabajo del Litoral, William Mosquera, el 80% corresponde a hostigamiento laboral.

La situación ha ido en aumento desde el 2004 cuando se archivaron 2.391 consignaciones. El año siguiente el número creció en un 62%, y en el 2007 la cifra ascendió a 4.897.

Así esta cantidad puede seguir ascendiendo porque según Johnny Rojas, inspector de trabajo, la constancia no se recepta como denuncia, sino que se archiva en Secretaría, es decir que no llega a manos de ellos y no genera ninguna inspección.

Además, en el Código del Trabajo no hay un artículo específico que mencione al hostigamiento como una razón para sancionar a una empresa. “Si existiera una ley por esto, pocos empleados la aplicarían porque temerían ser despedidos tras la visita del inspector a su trabajo”, dice.

“...tuve que trabajar en un huequito con una mesa pequeña; mi jefe no me dejaba usar ni el teléfono...”


Pero Eduardo González, catedrático de la materia Código del Trabajo en la Universidad Laica, opina diferente. “El problema de hostigamiento laboral no va a desaparecer porque siempre habrá aquellos empleadores que quieran desligarse del trabajador y, lógicamente, como no quieren llegar al despido para evitarse el pago de las indemnizaciones, abusarán de ellos hasta que renuncien”, explica.

Él considera que el Ministerio de Trabajo debería invertir para que los inspectores realicen visitas periódicas a los sitios de trabajo y observen de qué manera se trata a cada trabajador. “Es la única forma de cerciorarnos de que no están abusando de él”, dice.

El inspector Rojas explica que no existe una especificación legal como para considerar al abuso laboral como una razón de denuncia. Por eso es que se la toma como una constancia que sirve de respaldo solo si es que ocurre el despido intempestivo.

Así, aquellos empleados que son sometidos a maltratos van a la Secretaria solo para dejar un registro de su situación como “futura prueba” de la violación de sus derechos.

Así le sucedió a Andrea Santos, quien tras laborar cuatro años para la Universidad Tecnológica Empresarial de Guayaquil, empezó a ser hostigada. “Me cambiaron a un puesto inferior donde trabajé en un huequito con una mesa pequeña. Mi superior no me dejó usar el teléfono ni la computadora”, cuenta. 

Su jefe la obligó a firmar la renuncia voluntaria y como ella se negó, él le prohibió ingresar a su puesto laboral.

Galo Cabanilla, quien era el jefe de Andrea, al ser contactado por este diario indicó que no quiere entrar en detalles porque “es un tema de la empresa”.

Ya hace tres semanas Andrea puso la denuncia por despido intempestivo, y debió esperar a que esto suceda para emitirla.

Para Francisco Boloña, experto en Derecho Laboral, cuando se presentan estos casos con el objetivo de obtener la renuncia del empleado, se puede considerar una forma de despido indirecto. “Es evidente que quieren que el trabajador renuncie, entonces toman medidas de hostigamiento para que ocurra”, dice.

Según el inspector, el empleador actúa de “mala fe” y presiona al trabajador, le pone trampas para que se equivoque. Como por ejemplo, lo maltratan verbalmente, se atrasan en los pagos, le dan exceso de trabajo y sus horas extras no son pagadas.

Rosa Álvarez es un ejemplo de quienes son agredidos verbalmente, pero confiesa que no quiere reclamar porque necesita el trabajo. “Me di cuenta de que quieren que me vaya. No lo piden directamente, pero lo demuestran con sus actitudes”, cuenta.

Según el catedrático González, esta situación de abusos y maltratos continuará hasta que no se controle el trato que reciben los trabajadores. “Sería ideal que los empleadores actúen con responsabilidad y no tengan que aplicar estos abusos, sino que paguen la respectiva indemnización si es que quieren que un trabajador se vaya”, agrega.

Rojas califica a este conflicto como una “lucha de poder” entre empleador y trabajador. “Ambos esperan a ver quién se cansa primero y no acaba hasta que uno se rinda”, dice.

Para Vivian Cabanilla León esta “lucha” duró poco. Un día de maltrato bastó para presentar su renuncia. “Una vez que trabajé una hora extra, mientras salía del local,  mi jefe me gritó que no me podía ir hasta que no volviera a hacer unas cuentas”, dice. El trato la hizo sentir humillada y renunció.

“El empleador presiona a más no poder al trabajador y él aguanta. En la mayoría de los casos el empleado sale perjudicado porque es abusado y de todas formas pierde su trabajo”, concluye Rojas.
Isabela Ponce
iponce@telegrafo.com.ec
Periodista - Guayaquil