Espacio púbico
Xavier Andrade Andrade
Antropólogo, especializado en cuestiones urbanas y visualidad. Ph.D. (c) The New School For Social Research. Coordinador del Programa de Antropología Visual de la FLACSO-Ecuador.
xandrade13@hotmail.com
El cambio de nombre del malecón es parte de una tradición instaurada por las alcaldías socialcristianas, especialmente por la de Nebot –aquél de la ceguera frente al hecho de que 3 de 10 guayaquileños no se sienten representados por sus prácticas de maquillaje urbano. De hecho, ese dispositivo espacial dejó de llamarse Simón Bolívar hace tiempo, cuando la alcaldía entregó a sus amistades una fundación privada que lo rebautizó como “Malecón 2000”. El que una marca reemplazara a la referencia histórica no extraña, después de todo hay rótulos sobre “derechos de admisión” en cada entrada, tornando a este lugar en uno privilegiado para las discriminaciones de clase, género y étnicas que tanto le gusta afirmar al discurso de blanqueamiento que pregona la autoridad local.
Este espacio –que para ser “público” depende de una ciudadanía de vitrina que ve pero no toca la ciudad, y que desfila pero que no se apropia espontáneamente del mismo- expresa la enorme inversión simbólica que Nebot ha hecho para imprimirle un sentido patrimonial reaccionario a todo lo que toca. Para ello, el alcalde hace uso de sus aparatos ideológicos (el Archivo Histórico del Guayas con sus conferencias y publicaciones congratulatorias, el Museo Municipal con sus historias oficiales, la Dirección de Acción Social y Educación con sus publicaciones “pedagógicas”).
Desde el cielo raso del Salón de Honor de la ciudad, decorado con una pintura sobre la infatuación mutua entre Febres Cordero y Nebot atrapados en el cuadro más homosocial de la historia política del país, pasando por el cambio de título del aeropuerto, y llegando al “paseo” que llevaría el nombre del ex-presidente, el alcalde intenta endulzar las ilusiones creadas detrás del gran simulacro de la renovación urbana. Para ello, insufla periódicamente aires de fanatismo chauvinista entre las masas pasando el ritual de votación de sus concejales adeptos como “democracia”.
Para quien 3 de cada 10 votantes de la ciudad que no creen en sus ardides y magias, no entran en su sonrisita matemática, es suficiente este tipo de “ejercicio ciudadano”. Pinturas murales, monumentos, museos, paseos y plazas, todo intenta calzar en el shopping mall de la memoria patriarcal del que tanto necesita para sentirse completo. Un falo, dos falos, tres falos. Las intimidades del espacio púbico para el terror y sus amantes.