El millonario aporte del G20 no genera confianza
Según analistas nacionales y extranjeros, las medidas solo evitarán una depresión de la economía global.
Antecedentes
En septiembre de 2008 se desencadenó la crisis financiera con la caída de los grandes bancos de inversión de Estados Unidos.
El 15 de noviembre de 2008 se reunieron los representantes de los países que integran el Grupo de industrializados (G20).
En esa cita, los países se comprometieron a ayudar a sus economías, a mejorar la supervisión de los mercados y la reforma y financiación del FMI. Acordaron reunirse nuevamente en abril de 2009.
“La economía es como un auto en movimiento y lo que se busca con esta inyección de recursos es evitar que el auto se detenga”. Con este ejemplo el analista económico Jorge Kalil explicó su criterio respecto a la decisión del pasado jueves del grupo de países industrializados, denominado el G20, que se reunió en Londres.
Sin embargo, Kalil se cuestiona sobre la eficacia del acuerdo del G20. “¿Es el mecanismo de solución para la crisis seguir inyectando dinero a una demanda mundial que se sigue desacelerando?”.
Para Howard Wheeldon, estratega jefe de BGC Brokers, la respuesta es clara: el paquete de medidas anunciado no sacará a la economía global de la recesión, pero puede evitar que se profundice.
Estas declaraciones demuestran que un día después de la decisión del G20 de inyectar 750.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional (FMI), otros 250.000 millones al Banco Mundial y 100.000 millones a bancos de desarrollo que atienden a países pobres, el plan no convence del todo a los analistas.
Igual situación se reflejó en los mercados bursátiles, pues el día del anuncio el Dow Jones -el principal indicador de la Bolsa de Nueva York- subió un 2,8% en una sesión con constantes incrementos, pero ayer la situación fue diferente. La jornada abrió a la baja, luego se presentaron fluctuaciones y al final cerró con un saldo positivo del 0,5%.
En las bolsas bursátiles europeas reinó la incertidumbre. Mientras Italia y Alemania registraron incrementos en sus principales indicadores, Francia, Inglaterra y España cerraron a la baja.
Y es que el talón de Aquilés de la decisión del G20 fue la falta de medidas complementarias para incentivar la producción. “La cumbre ha fracasado en lograr nuevas medidas sobre estímulos fiscales mundiales”, indicó el analista Julian Jessop, de Capital Economics.
En este aspecto no se logró un consenso porque Francia y Alemania bloquearon la iniciativa que impulsaba Gran Bretaña y Estados Unidos de lograr mayores incentivos para las empresas privadas.
El grupo también fracasó en un plan para afrontar el tema de los bienes invendibles que tienen algunos de los grandes bancos mundiales en sus cuentas.
“El punto más débil del acuerdo es la falta de detalles sobre cómo hacer frente al tema urgente de limpiar los bancos de los activos tóxicos, un problema que sigue bloqueando el sistema financiero y obstaculizando los flujos del crédito”, dijo Jan Rudolph, de IHS Global Insight.
Más bien el G20 complementó la inyección de recursos a los organismos multilaterales con regulaciones financieras, impulsadas principalmente por los gobiernos de Francia y Alemania.
En este aspecto, se acordó regular los paraísos fiscales (países donde no se pagan impuestos) y las bonificaciones y salarios de los ejecutivos de los bancos a más de controlar los fondos de alto riesgo (solo los de mayor tamaño) y a las agencias de calificación, para lo cual se crearon colegios de supervisores.
Sin embargo, la atención de los inversionistas, los bancos, de los operadores de los mercados bursátiles y hasta de los gobiernos se centra en el millonario aporte financiero que busca ayudar a la reactivación de la economía mundial.
Por ello, Kalil aseguró que ese dinero debe destinarse estratégicamente para que los gobiernos y empresas puedan acceder a créditos que les permitan mantener los niveles de producción que impidan que se pierdan más empleos.
Hasta el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se pronunció en ese sentido ayer, pues destacó que los grandes países debían unirse para evitar un impacto mayor en el empleo. “Si no actuamos de manera concertada, fracasaremos colectivamente”.
De acuerdo con cifras del Departamento de Trabajo de EE.UU. se han perdido 5,1 millones de plazas de trabajo en ese país desde que empezó la recesión el pasado diciembre.
Es que si el acuerdo logra los resultados deseados hasta Ecuador podría beneficiarse, reconoció el presidente de la República, Rafael Correa, quien concedió una entrevista difundida en Radio Pública.
“Si se dinamizan Estados Unidos y Europa, quiere decir que compran más productos europeos y americanos, pero también productos extranjeros y ahí se colocan nuestras exportaciones. Quiere decir que van a tener más capacidad de ahorro, más capacidad de financiamiento y de inversión. Entonces, que ellos se beneficien nos ayuda también a nosotros y desde ese punto de vista es una buena noticia”, afirmó Correa.
Redacción y Agencias