Santos causa un revuelo en Nariño
Efectividad del plan Colombia es cuestionada no solo por el Vicepresidente. Álvaro Uribe pide mantenerlo.
El Gobierno de Colombia pasa por horas incómodas. Las declaraciones del vicepresidente, Francisco Santos, de que el Plan Colombia, eje fundamental de la ayuda que Estados Unidos proporciona a este país en su lucha contra el narcotráfico, debe acabarse, provocó en la Casa de Nariño y en el país una verdadera conmoción.
El plan, impulsado desde 1999 por Norteamérica, se ha convertido prácticamente en una política de Estado, que durante la administración del ex presidente George Bush se convirtió en la niña consentida de la ayuda de EE.UU. a Colombia.
En una entrevista concedida a El Tiempo, el periódico del que fue Jefe de Redacción antes de ocupar la Vicepresidencia, y miembro de la dinastía de los Santos que hasta hace dos años controlaba las acciones de ese diario, Francisco Santos dijo que “sé que el Presidente y el Ministro de Defensa –su primo hermano- me van a jalar las orejas, pero el costo para la dignidad del país es demasiado grande. El trato que hemos recibido por parte de sectores de la sociedad civil estadounidense y por parte de sectores del Parlamento de ese país es injusto con Colombia. Y ¡voy a decir algo más: es indigno! Mire: como tantos y tantos colombianos yo me he sentido humillado en escenarios donde nos maltratan. Precisamente, cuando somos no solo aliados y amigos, sino el único país de América Latina donde la imagen de los Estados Unidos es positiva. Sin embargo, nos maltratan, ¡y de qué manera! Ese es el costo que tenemos que evaluar frente a la efectividad de un Plan Colombia”.
La posición de Santos, no hace sino confirmar los recelos y la insatisfacción que en el interior del Gobierno y por fuera de él, se tienen con respecto a los resultados que ha dejado para el país, desde su implementación cuando en Estados Unidos estaba como presidente Bill Clinton, y en Colombia ocupaba ese cargo, Andrés Pastrana.
Tan pronto el presidente Álvaro Uribe conoció las declaraciones de Santos, llamó al canciller, Jaime Bermúdez, para que oficialmente el ministro de Relaciones Exteriores hiciera pública la posición del Gobierno. Bermúdez dijo que “hay que continuar el plan. Se lo necesita para poder consolidar los buenos resultados en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo”. La declaración, emitida por la Casa de Nariño, fue enviada desde San Pedro Sula, Honduras, donde el presidente Uribe cumplía ayer una visita oficial.
El analista Patricio Ronderos, uno de los consultores que más conoce sobre el manejo que se le ha dado al Plan Colombia en los últimos años, dijo a El Telégrafo que “lo que ha dicho Santos, no es más sino hacer público lo que se piensa a nivel privado. Si la ayuda al Plan depende de que Colombia haga todo lo que se le venga en gana a Estados Unidos, es mejor acabarlo. El temor de que esas ayudas se convirtieran con el paso del tiempo en una camisa de fuerza, se confirman ante las continuas exigencias del gobierno estadounidense. Además, Colombia no solo está perdiendo la lucha para controlar los cultivos y el procesamiento de las drogas, sino que ahora es uno de los países que más consumen narcóticos. Ese es el resultado tenebroso del Plan”.
El general (r) Manuel José Bonnet, ex comandante de las Fuerzas Militares, respaldó la posición del vicepresidente al sostener que el Plan “no ha funcionado. Hay que conseguir más apoyo en el tema social. Lo que hacen en las cocinas y en los laboratorios en el sur del país debe replantear la posibilidad de que las personas que se dedican a ese ilícito se incorporen a la economía legal porque en ese aspecto represivo, este proyecto no ha resultado eficiente”, dijo.
A su vez, el también general retirado, Néstor Ramírez, afirmó a este diario que “sería muy difícil que Colombia desarrollara eficientemente la lucha contra el narcotráfico sin el apoyo de los Estados Unidos, sin embargo como lo dice el vicepresidente Santos, sí hay sectores que dan un trato indigno al país.
Lo que no se explican los políticos en Bogotá, es que la posición del vicepresidente va en contravía del presidente Álvaro Uribe, de su primo el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos y del canciller Jaime Bermúdez, quienes han realizado un intenso lobby ante diferentes instancias en Estados Unidos para que este Plan no termine en el mandato de Barack Obama.
“Lo que nos demuestra la posición de Santos es que al interior del Gobierno se está viviendo una verdadera pelea de locos. Ahora casi todos los funcionarios, ministros y jefes de entidades salen a hablar como ruedas sueltas, para luego ser desautorizados por el mismo presidente Uribe. Eso refleja que ya hay un resquebrajamiento en el Gobierno”, manifestó el senador Gustavo Petro, miembro del opositor Polo Democrático.
El dirigente de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras, cercano al Gobierno pero que últimamente se ha distanciado del presidente Uribe, dijo que “lo de Santos no tiene coherencia. Esto es preocupante para el Presidente, ya que demuestra que no todos los funcionarios van en la misma línea que quiere Uribe”.
Para organismos sociales que están contra la continuidad del Plan Colombia, “esta es una buena oportunidad para darle sepultura a un programa que solo ha dejado para el país muerte y desolación. Ni el narcotráfico se ha acabado ni la violencia que genera”, sostiene un vocero de Paz Integral.
Lucha con un alto costo
El investigador del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes, Daniel Mejía, y el estudiante de economía, Pascual Restrepo, adelantaron el estudio “La Guerra contra la producción y tráfico ilegal de drogas: una evaluación económica del Plan Colombia”, que ha arrojado conclusiones innovadoras sobre lo que ha sido esta política oficial.
En el documento se evalúan los costos, la eficiencia, la eficacia y las perspectivas futuras de la guerra contra la producción y el tráfico ilegal de drogas bajo el Plan Colombia, y entre algunas de sus estimaciones más importantes está que “(…) La cantidad de cocaína que llega a los países consumidores ha permanecido estable después de casi siete años del Plan Colombia y el precio de la cocaína, en los diferentes mercados, no ha presentado ninguna tendencia creciente, como habría cabido esperar y dado que no se observan cambios importantes en la demanda”.
“Pudimos establecer que ante una reducción del 30% en la financiación del Plan Colombia, sería probable que el número de áreas cultivadas en el país aumentará cerca del 20%, y que la oferta de cocaína lo hiciera entre el 5 y 10%”, afirma Mejía, y asegura que a pesar de la triplicación de los recursos dados por EE.UU. (de aproximadamente US$465 millones a US$1.500 millones al año), la coca exportada desde Colombia tan solo se reduciría en un 17%.
Respecto al costo de la guerra contra las drogas que libra el país, el estudio señala que por cada dólar que reciben los productores de droga, Colombia “percibe un costo de US$0,40, mientras que por cada dólar que perciben los traficantes el costo es de US$0,05.” La guerra contra los productores y cultivadores de coca es mucho más costosa para los colombianos que luchar contra los traficantes.
Gustavo Veloza
gveloza@telegrafo.com.ec
Corresponsal en Bogotá