Personas no escolarizadas, entre ellos líderes de pandillas, se forman en un taller sobre la sexualidad.
“Yo no sé por qué tanto sartén para más de freír un huevo”, dijo Fernando Segura fingiendo voz de anciano y encorvando su espalda mientras observaba a su compañera que se paseaba al frente suyo de manera insinuante. Las carcajadas invadieron el salón. El joven, de 20 años, simulaba ser de la tercera edad e intentaba representar cómo se vive la sexualidad en la vejez.
Fernando, que pertenece a la pandilla “Master” de Esmeraldas, fue uno de los 35 adolescentes y jóvenes no escolarizados o con poco nivel de escolarización, participaron en el primer taller de “Sensibilización en VIH / sida”. Este se realizó ayer y el miércoles en el Hotel Palace de Guayaquil, fue organizado por Ser Paz y Organización Care.
La iniciativa se repetirá por segunda ocasión en Santa Elena con la participación de otros 30 jóvenes no escolarizados y luego se extenderá a otras 9 provincias.
La dramatización de Fernando fue parte de las actividades que comprendieron el programa piloto. Para él, las dinámicas “son la manera más bacán de aprender”.
María Belén Duchi, de la Organización Care y facilitadora del taller, explica que las actividades se planificaron pensando en ellos, “es por eso que están conformadas por varias dinámicas, así están atentos y realmente aprenden”.
Duchi cuenta que este taller se caracteriza por la espontaneidad de los participantes. “Ellos utilizan sus propias palabras y movimientos para expresarse, no hay nada de formalidades”, comenta.
36 adolescentes y jóvenes recibieron el taller que trató sobre la salud reproductiva
Y esta afirmación se evidenció claramente en los sketchs dramatizados por los asistentes. Frases como “deciden irse de motelazo”, “creo que este man me preñó” o “todavía se me para” sirvieron para expresar el tema abordado en los “sociodramas”: la sexualidad en distintas etapas de la vida.
Las burlas y carcajadas tras cada intervención eran un eco en la sala. Pero los mensajes finales de reflexión como “los cachos son un problema en muchas parejas, pero lo que ellas deben considerar es que los más afectados por esto son los hijos”, iban acompañados de aplausos y creaban un ambiente ameno durante toda la jornada.
Para Íngrid, de 22 años, la forma en que se llevó el taller es una excelente manera de aprender, ya que no le gustan las largas charlas porque son aburridas.
Durante la actividad “Mito o Verdad”, los asistentes recibieron tarjetas con enunciados acerca del VIH. En cada grupo discutieron si lo escrito era falso o real. “El virus se transmite mediante el sudor o los besos” decía una tarjeta y todos los integrantes del grupo de Íngrid coincidían en que era un mito.
Pero enunciados como “el doctor tiene la obligación de comunicar a la familia del portador del VIH sobre su condición”, despertaron dudas en algunos. “Es importante que la familia lo apoye para aumentar la autoestima de la persona”, opinaba uno mientras el otro lo contradecía diciendo que cada uno tiene derecho a la privacidad.
Íngrid indica que con la nueva información adquirida pretende hacer más talleres para llegar a más jóvenes del sector donde vive. “Yo no voy a andar predicando con la Biblia, pero sí difundiré los nuevos conocimientos para poder ayudar a las demás personas”, detalla. Y es que ella, además de compartir su nivel de instrucción escolar con los demás participantes, es lideresa de otra asociación.
Latin King, Ñetas, Máster, Nación de Hierro y moradores del Barrio de Paz son algunos de los grupos a los que estos jóvenes pertenecen. Y todos ellos se comprometieron a difundir la información para ayudar a otras personas.
Esta ayuda -cuenta George Asanza, coordinador de Barrio de Paz- es justamente uno de los objetivos principales de las actividades realizadas. “Queremos que ellos sean capaces de contribuir con las demás personas y si tienen algún conocido con VIH lo ayuden a sobrellevar la epidemia”, opina.
Otro resultado que persiguió el taller fue la prevención para el VIH. En este caso se realizó una actividad en la cual cada grupo debía discutir sobre los mitos y el uso correcto del condón.
Cuando Duchi repartió los “dildos” (penes de madera y plástico) y los condones, en el salón se oyeron risas, gritos y algunos comentarios burlescos. Tras discutir en el grupo sobre la temática, dos integrantes debían exponer frente a todos los participantes.
“No deben abrirlo con los dientes porque se puede romper el condón...y ahora les voy a enseñar una nueva forma de ponerlo”, bromeaba Jeliver, asistente, mientras colocaba el condón en el dildo con su boca. Al final del salón una chica mostró su desagrado ante el comentario, pero luego soltó una carcajada cuando observó que otro compañero inflaba un condón y explicaba: “mientras más dura inflado es porque es mejor y ese hay que usar”.
Y así, a manera de chiste, se iban discutiendo los distintos temas del taller. Durante la actividad de “Lenguaje Positivo” se evidenciaron varias argumentaciones sobre el uso correcto de distintos términos.
“Meco” rezaba la tarjeta y Fernando la colocó en la pizarra, bajo la palabra “negativo”. Luego explicó: “es una manera despectiva de referirse a un homosexual y no debemos calificarlos así”. Frases más confusas como “lucha contra el cáncer” despertaron el debate en los asistentes. Al final comprendieron que la manera correcta es: una respuesta ante el VIH y no una lucha.
Roberto Brito, facilitador del taller y miembro del Barrio de Paz, explicó la importancia de utilizar un lenguaje más amigable. Cree que el tema de VIH sida debe ser difundir. “Es necesario que los jóvenes transmitan el mensaje. No solo conversar con los conocidos sino también aprovechar todas las oportunidades posibles para abordarlo con más personas”, opina Brito.