Buscan tranquilidad tras huir de violencia
Algunos refugiados huyen evitando secuestros y amenazas de muerte de todos sus familiares.
Julio, quien prefiere ocultar su apellido por temor a represalias, es originario de Catecán, Colombia. Está casado y tiene tres hijos.
En diciembre de 2007 tomó la decisión de mudarse al Putumayo porque había oído que allá había trabajo. “No me importaron las FARC porque pensaba que mientras haga lo mío no se iban a meter conmigo”.
En esa zona se dedicó a la agricultura y todo marchaba bien hasta que un día su esposa recibió la visita de dos guerrilleros que preguntanban por su suegro.
Con tono amenazante ese tipo de visitas se repitieron tres veces en seis semanas. “La última fue la peor, amenazaron con matar a mis hijos y reclutar al mayor si es que no les dábamos información de mi suegro”.
Julio vivía con temor así que tomó la decisión de marcharse. Tomó un bus con su familia y tras largas horas de viaje llegó a Quito, donde lo recibieron en un albergue. Todavía sigue recibiendo amenazas de las FARC y está a la espera de la visa de refugiado.
Otro caso es el de Francis, un africano proveniente de Malí que solo habla francés. En 1990 su familia fue asesinada durante la guerra civil que vivió ese país.
Huyó, cruzó el desierto y llegó a Senegal. Ahí conoció a un coyotero que le prometió llevarlo a EE.UU.. El traficante de personas lo estafó y le vendió un boleto de avión a Perú. En ese país se quedó poco tiempo y llegó a Ecuador. Actualmente vive en una casa albergue de Quito esperando por el estatuto de refugiado.
“Ambas historias reflejan a los refugiados, personas que solo buscan respeto a sus derechos”, afirma Francia Marulanda, secretaria de la Asociación de Refugiados Colombianos en Ecuador.
Ella, que también huyó de la violencia, dice que “no queremos caridad, solo una vida digna”.
Xavier Letamendi Hinojosa
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Reportero - Guayaquil