• 08 Mar 2013
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    Marina Salvarezza actriz de teatro y televisión

    Marina Salvarezza actriz de teatro y televisión. Foto: Santiago Arcos
    Marina Salvarezza actriz de teatro y televisión. Foto: Santiago Arcos

    Redacción / Guayaquil

    La italiana Marina Salvarezza es una de las actrices más destacadas de nuestro medio. Y aunque no nació en Ecuador, ama a este país con la misma intensidad que cualquier otro nacido en medio de las laderas, llanos, montañas o ciudades de este fértil lugar.

    Desde que pisó Guayaquil por primera vez, en 1973, se involucró en el teatro, siendo este su gran pasión por convicción y vocación.

    Desde entonces ha participado en más de 20 producciones televisivas como ‘Los Sangurimas’, ‘Por amor propio’ y ‘Yo vendo unos ojos negros’. Pero su especialidad está sobre las tablas de un teatro, en donde ha dado vida a múltiples personajes que han enriquecido su vida y su espíritu.

    ¿Cómo ha evolucionado la mujer dentro del teatro?
    Es muy complicado responder esa pregunta, porque lamentablemente en esta área existen muchas trabas para la mujer por cuestiones ajenas a esta pasión. Muchas veces deben renunciar a esta vocación por atender a su familia. Hay muy pocas que pudieron seguir gracias a su lucha y perseverancia como Azucena Mora, Prisca Bustamante, Marta Ontaneda, entre otras. Me llamó mucho la atención esta renuncia de la mujer.

    ¿Actualmente en qué etapa está la mujer dentro del arte?
    Las cosas han cambiado mucho. Ahora hay más jóvenes interesadas, quienes se dedican completamente al teatro. Es un desarrollo importante dentro del teatro.

    ¿Cuál es el legado que el teatro le deja a la mujer para enfrentar la vida?
    Atender el llamado vocacional y que te invita a seguir un camino predestinado. Donde exploras tu interior, y que solo uno puede sentir, además te envuelve y te enamora hasta que te apasionas por todo lo que haces.

    Se dice que Monólogos de la vagina es la obra más completa que desnuda la esencia de la mujer. ¿Qué aspectos le agregaría a esta obra?
    El tema de la castidad se lo considera superado, pero no es así. El valor de la misma, tanto en el hombre como en la mujer, es importantísimo y no se le da el valor que le corresponde. Dicen que perderla está de moda y para mí los valores no son cuestiones de moda. Hay valores que son eternos.

    Si usted tuviera que dirigir una obra en donde se resalta el papel de la mujer en la sociedad y la lucha por la igualdad, ¿cuál sería?
    Hay muchos obras que abordan esta temática, pero hay situaciones que a mí me destrozan. Hace días veía en la televisión italiana cuando una mujer joven que acudía con su hijo a la escuela fue apuñalada por su excompañero. En Italia, que es un país que se supone es vanguardista, moderno y de primer nivel, no se supera la violencia contra la mujer. El maltrato a la fémina es un asunto terriblemente de actualidad. La mujer tiene poca defensa. Me encantaría llevar al escenario esta temática. Sé que hay muchas obras, pero no hay ninguna que me convenza del todo por ahora.

    ¿Qué mujeres han influenciado en su vida?
    Juana de Arco es mi heroína, porque en ella se refleja la necesidad de la mujer de encontrar un rol nuevo en esta sociedad. No importa si ella vivió en 1400 porque su lucha también aborda temas actuales. Me considero una mujer que ama la política y ella lo fue. Luchó incluso contra su familia por amor a su pueblo y a su gente y pagó con la muerte. No quiero perder la vida por eso, pero sí por defender un ideal tan grande. Sor Juana Inés de la Cruz también fue extraordinaria.

    En todos estos años que vive en Ecuador, ¿qué es lo que más admira de la mujer ecuatoriana?
    El empuje que tiene, porque el rol de la mujer ecuatoriana es vital y tan latinoamericano. En este país la mujer ayuda a su hijo a crecer y es capaz de dar la vida por ellos. Mi suegra, por ejemplo, crió a nueve hijos y lo hizo sola. Ella fue una dama admirable, porque sin perder su feminidad fue una verdadera jefa de hogar y luchó sin hacerse la víctima, sino siendo un elemento protagónico y activo del cambio en la sociedad. Miremos a esas mujeres que lamentablemente han tenido que salir del país y se desprenden de sus hijos para encontrar el sustento de sus hijos. La fémina ecuatoriana es valiente desde sus ancestros. Desde la venus de Valdivia y pasando por Manuelita Sáenz han demostrado ese compromiso consigo misma y con su familia de manera tan profunda. Me gusta que la mujer ecuatoriana no se sienta víctima ni llore porque se pone un mandil y trabaja más que sea asando verde y maduros en una esquina. Eso es valentía. La dama ecuatoriana nunca ha pedido.