Guayaquil y Quito realizan convenciones y ferias para fomentar la lectura y la afición
El cómic es un arte que busca nuevos espacios de difusión. En Quito y Guayaquil existen agrupaciones que trabajan para lograrlo como es el caso del Club de Cómic Ichibán, de la capital, que con 9 años a cuestas, cuenta con 20 integrantes que promocionan sus actividades.
En el local de exposiciones que mantienen en el barrio de La Vicentina (centro) y que abre solo el sábado, Edwin Vallejo, integrante del club, recuerda que “al inicio nos reunimos para conversar de lo que se estaba haciendo y de lo que se podía hacer”.
Entre revistas y juegos procedentes de diversas partes del mundo se destacan algunos clásicos como Superman, y otros muy nuevos como las tiras de ánime. “Los dibujos japoneses fueron nuestra inspiración, queríamos saber más y conocerlos mejor”, explica Vallejo.
Aunque existen otros grupos de aficionados en cafeterías -como el Café Libro y en universidades, Ichibán -que significa el primero y el mejor en japonés-, este es el único grupo que continúa con la recopilación e intercambio de material, la edición de cómics propios y la organización de eventos. Sin embargo, no tienen mucho contacto con grupos de Guayaquil, Ambato y Riobamba.
Oswaldo Araujo, quien preside la organización, indica que su labor ahora es “organizar exposiciones y concursos de cómics”.
Actividades que realizan también los miembros del Cómic Club de Guayaquil. Alfredo García, vicepresidente, define como pioneros a los aficionados que tuvieron la intención de retomar la lectura de revistas como se hacía en los años 80.
Los niños son los que más se interesan en los eventos, más aún cuando ven a un dibujante en el proceso de creación
Según García, pasaron 22 años para que el Ecuador sea considerado como un mercado productor, incluso “existen editoras que aún no lo ven como válido”.
Por eso sus esfuerzos están encaminados a la organización de convenciones y a impulsar este arte. Además, invitan a los artistas nuevos para que promocionen sus trabajos.
Gustavo Ruilova, Mauricio Gil, Eduardo Oneto, Melvin Hoyos y Roberto Illingworth fueron los que iniciaron el grupo; sin embargo, algunos ya no participan.
Mauricio Gil, secretario y tesorero, indica que durante una actividad relacionada con este arte de los estudiantes de la Universidad Casa Grande hace cinco años, los invitaron a exponer y desde ahí no pararon.
El cómic es una afición de alto presupuesto. Según García, una figura de acción puede costar desde los US $ 25 hasta miles de dólares.
Melvin Hoyos, considerado en su medio como uno de los más grandes coleccionistas de cómic en Latinoamérica, posee 28.000 revistas y desconoce a cuánto asciende el monto de su colección.
El arquitecto recuerda que fue su padre quien le regaló el primer ejemplar. “Era de Tarzán y yo apenas tenía cinco años”.
Pero también trae contratiempos al interior de las familias, aunque García afirma que “cada uno sabe hasta dónde gasta”. Ese no es el caso de Javier Celi, quien debió esconder las revistas que compraba por su alto costo.
Lex Campuzano cuenta aún con emoción cuando adquirió la Superman azul, que en la oscuridad es fosforescente, y que le supuso invertir un cuarto de su sueldo.
Mayo será el mes del cómic por eso los grupos programan diversas actividades. “Cada año el Comic Club hace más eventos porque la gente está cambiando su visión de nuestro arte. El año pasado a la Plaza Colón fueron 21 mil personas”.
Pero Gil apunta que a pesar de ser un arte incomprendido, ahora la gente está valorando su producción nacional. Para Carlos Verdesoto “Harold”, la tecnología permite trabajar en computadoras, pero siempre lo elemental es el dibujo inicial con lápiz”.
Se destacan trabajos como el de Kléber Flores en las publicaciones históricas de la Dirección de Promoción Cívica de la Municipalidad de Guayaquil. “Es un proyecto laborioso porque contribuye a la comprensión rápida de la historia”, dice Flores.
La entidad cuenta con una Comicteca donde la ciudadanía, en especial los niños y jóvenes, tiene acceso a material relacionado. Además, el Comic Club planea la creación de una escuela de cómic como un reconociento a este arte que trabaja por reafirmarse.