• 22 Abr 2013
  • Sociedad
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  • Este es el segundo año consecutivo que se realiza la manifestación

    La Marcha de las Putas cuenta con más apoyo de los hombres

    Esta movilización -que tiene su origen en Canadá desde hace varios años- busca expresar de manera pública el rechazo a las constantes vulneraciones de los derechos que viven las mujeres en diferentes espacios y su deseo de igualdad.

    Las asistentes a la manifestación llegaron de diferentes partes del país. Durante toda la jornada, no pararon de gritar consignas a favor de la igualdad y los derechos. Foto: Álvaro Pérez |  El Telégrafo
    Las asistentes a la manifestación llegaron de diferentes partes del país. Durante toda la jornada, no pararon de gritar consignas a favor de la igualdad y los derechos. Foto: Álvaro Pérez | El Telégrafo

    Quito se pintó de gris a media tarde mientras muchos rostros se detenían y volteaban a mirar al cielo, que poco a poco se tornaba oscuro. Antes de las 17:00, las primeras gotas de lluvia lavaban el asfalto, mientras los charcos de agua se expandían en las esquinas y un desfile de paraguas se apoderaba de las veredas.

    Pero el clima era lo de menos, ellas se encontraban, se descubrían entre carteles, pintura, abrazos y banderas de colores. Sus pieles eran los micrófonos que transmitían mensajes en contra de la violencia; sus manos, la fuerza de la resistencia; sus cuerpos, la voz de sus derechos.

    Eran las putas, las mujeres, los hombres, los trans, los gays, los ciudadanos, que se tomaban las calles de Quito para protestar contra lo establecido, contra la visión machista que aún se mantiene en la sociedad hacia la mujer.

    “La Marcha de las Putas” lleva dos años de presencia en el Ecuador y está constituida por varios colectivos de feministas y grupos GLBTI, que a través de la movilización, exigen y visibilizan las condiciones con las que muchas veces les toca lidiar en la calle, en sus trabajos, en la vida diaria. Su protesta se centra en la lucha contra la violencia de género, la discriminación, el abuso sexual, la opresión a la mujer, el feminicidio, la misoginia, las prácticas sexistas, patriarcales, machistas y capitalistas que toman a la mujer como un objeto sexual que responde a la lógica de consumo.

    Ana Almeida es parte de una de estas agrupaciones. “El principal precedente que queremos dejar es ese mensaje de no violencia contra la mujer, porque los cuerpos de las mujeres deben ser respetados; no se puede seguir estigmatizando a las mujeres por su vestimenta. Nada puede justificar la violencia. Hacemos todo un trabajo político para la redefinición de la palabra “puta” y lo que significa para las mujeres y para los hombres también”.

    Almeida indicó que la marcha es una manera de llamar la atención a las autoridades y a la sociedad, con el fin de romper el paradigma de la violencia y su aceptación como algo natural hacia la mujer.

    El sábado, alrededor de 3 mil personas acudieron a la marcha; el punto de concentración fue la avenida Patria, en el centro-sur de la capital.

    Cuando el reloj apuntaba sus manecillas en las 16:30, el aguacero se tornó imparable y el repique de tambores, acompañado del estridente sonido de un saxofón, levantó aún más el ánimos de los asistentes. Zanqueros, cuya vestimenta era semejante a la del personaje norteamericano conocido como tío Sam, bailaban junto a arlequines al compás de la música y al ritmo de las consignas.

    “¡Que llueva, que llueva, las putas no se ahuevan!” gritaban, mientras en los carteles se leían frases como “Si te escandaliza la palabra puta, ¿por qué no te escandaliza la violencia?” o “Macho que se respeta viola, grita, soborna, odia, abusa y mata”.
    Con sus torsos semidesnudos, o vestimenta colorida, los manifestantes alentaban a sus compañeras a seguir, sin importar la lluvia.

    “Quiero reivindicarme como una mujer libre y que es dueña de sí misma”, mencionó Adriana Manzano, quien participó de la movilización. “Salí a la marcha por segunda ocasión para decir basta a la violencia, basta a la estigmatización y lo seguiré haciendo todos los años”

    Pero los símbolos de la movilización no se quedaban únicamente en carteles... Con una sotana rosa y una cruz colgada en el pecho, un religioso movía las cuerdas de un títere que era representado por una joven vestida con un uniforme de colegio. Ella tenía sus manos atadas a las cuerdas del titiritero, y en ocasiones se arrodillaba y se volvía a parar con movimientos más lentos y mecanizados.

    “¡No, es no!”, “¡Desnudas o vestidas dirigimos nuestras vidas!”, “¡Mi cuerpo, mi decisión!”... eran algunas de las frases voceadas ante la mirada de personas que de lejos observaban el paso de esta fiesta colectiva a favor de los derechos.

    Felipe, quien no quiso dar su apellido, trabaja en un medio de comunicación comunitario. Él asegura que participa en la manifestación porque representa no solo a los mujeres, sino también a los hombres, ya que la lucha es colectiva. “Puta, zorra, basta de darles connotaciones a las mujeres. Si ellas se visten o actúan de una u otra forma es su identidad y hay que respetarlo, pues esta movilización también es por la soberanía de su cuerpo”.

    La marcha culminó en la plaza Foch, donde se levantó una tarima en la que los participantes se reunieron para cantar melodías alusivas al evento. La alegría y las consignas no paraban.

    Michaela y Lucía son pareja y salieron juntas a la marcha.

    “Apoyaré estos actos siempre, pues creo que es una de las maneras de visibilizar nuestra realidad como mujeres y como pareja”, señaló Michaela.

    La fiesta se avivaba cada vez más y el frío no importaba, pues este era un cálido lugar de encuentro.