Religiosas impulsan la educación
905 alumnos se educan en la escuela Leticia Alvarado, dirigida por las madres Doroteas, que cumplió 50 años.
A pesar de tener problemas para manejar su cuerpo y escuchar, sor Vittoriosa Andreuzzi, de 101 años, se mantiene lúcida. La religiosa es italiana y pertenece a la congregación de las Hermanas Doroteas, aunque afirma que es ecuatoriana de corazón desde hace 60 años, cuando llegó al país.
Querida y admirada por todas las personas que la conocieron cuando trabajaba por la comunidad, en especial con los niños, fue una de las cuatro religiosas que hace 50 años llegaron para colaborar en la escuela creada por la congregación de los Padres Claretianos.
Sor Vittoriosa fue una de las fundadoras de la Escuela Leticia Alvarado, ubicada en Nicolás Segovia y la C, en el suburbio de la ciudad.
La religiosa recuerda que, en aquella época, el plantel estaba llena de invasiones asentadas sobre el agua. Fue en una casa de madera rodeada de lodo, mosquitos y sin los servicios básicos donde llegaron a colaborar.
El objetivo de su labor era evangelizar a los moradores de este sector, que crecía pero sin iglesias.
“Los claretianos Canals, Villegas y Silva al ver el entusiasmo que mostraban las religiosas se dieron cuenta de que eran las indicadas para trabajar en esa comunidad, que poco a poco se fue desarrollando con su apoyo”, comenta Leticia Alvarado. En honor a ella se puso el nombre a la escuela.
La actual directora de la unidad educativa, Sor Isabel Martínez, comenta que “la señorita Leticia era una adolescente de 18 años que colaboraba voluntariamente con los claretianos y tenía vocación para catequizar. Parecía una mariposa que revoloteaba, transmitía su amor a Dios y contagiaba alegría, es por esto que los sacerdotes decidieron ponerle su nombre a la escuela”.
Las madres estuvieron al frente de la escuela, pero siempre bajo la dirección de los claretianos, hasta que en 1996 los sacerdotes les entregaron la obra, incluidos títulos de propiedad del plantel y el convento, en donde actualmente funciona una guardería que alberga a 150 niños.
La escuela Leticia acoge ya a tres generaciones de moradores del sector, comenta Sor Isabel.
“Abuelos padres e hijos y todos nos saludan con entusiasmo”, afirma.
La escuela es particular, pero recibe ayuda monetaria proveniente de Alemania e Italia, que permite que cientos de niños sean becados. La institución, en la que estudian 905 niños, ofrece hasta el décimo año de educación básica.
César Josué Carrera, de 12 años y ex alumno de la unidad educativa, afirma que lo más bonito de estudiar en la ese plantel son los paseos. Recuerda que a pesar de que ya no estudia en la unidad educativa va todas las tardes al comedor a la hora del almuerzo.
La presencia de las religiosas contribuye a la unidad de la comunidad. El domingo pasado, esta entidad cumplió sus bodas de oro.
Todos participaron en la Eucaristía, que fue oficializada por monseñor Antonio Arregui.
Fue una mañana emotiva, en la que se reencontaron profesores y ex alumnos, quienes ahoran acompañaban a sus hijos.
Luego las religiosas brindaron un desayuno informal, formado por jugo de toronja y naranja, y galletas, a los ex maestros y ex alumnos que retornan al que en algún momento sintieron como su hogar y donde pasaron gratos momentos.
Sor Isabel destaca que en 50 años no se han presentado peleas entre los que integran esta institución y espera seguir trabajando para la comunidad en el suburbio de la ciudad.
Shirley Serrano
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Periodista