Clases de democracia
Tina Zerega
Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Casa Grande. Asesora educativa, investigadora social y docente universitaria.
kassiel01@yahoo.com
Tome nota de los acontecimientos políticos. Si observa los discursos de lado y lado, puede entender por qué jóvenes universitarios terminan lanzándose botellas. Es la forma en la que durante décadas nos han educado sobre lo que es vivir en democracia.
De décadas anteriores mi generación aprendió que los desacuerdos no se resolvían con argumentos, sino lanzando ceniceros o convocando tanques de guerra. También aprendimos que la democracia es cosa de machos, de hombres con pantalones bien puestos. Que si hay mujeres, por muy vicepresidentes que sean, es mejor dejarlas de lado. La democracia es masculina. Y que “maricón”, es una gran palabra para abrir o cerrar una discusión política.
De las discusiones actuales también podemos extraer valiosas enseñanzas. De la derecha seguimos aprendiendo que los desacuerdos no se resuelven con argumentos. Nos repiten la clase de la última década, por si no quedó clara. Pero los ceniceros son demasiado primitivos. Así que puede recurrir a panfletos que citan documentos inventados, mails que asocian reformas políticas al Apocalipsis y al uso de conceptos sin ningún rigor. Comunismo, fascismo, centralismo. Terminan en “ismo” ¿no? Deben ser más o menos lo mismo.
Del gobierno se obtienen también extraordinarios aprendizajes. Por ejemplo, la idea de que la democracia tiene que ver con las mayorías. Las minorías son simplemente “majaderos” inoportunos. Las ideas tienen valor si suman 400. Si su idea no llega más que a 50, regale camisetas para juntar masas (ya sabe, nada de argumentos) o guárdela para más tarde.
También hemos aprendido que la democracia, aparte de masculina, es heterosexual. Mientras la derecha declara a los “anormales-freaks” como anti-natura, el otro lado presenta comerciales que “advierten” que el matrimonio gay aún no es permitido, solo la unión de hecho. Que quede claro que somos progresistas, pero no tanto.
Y sobre todo, de ambos lados estamos aprendiendo que la democracia tiene que ver con odio, con sospecha, con incitación.
Y así los jóvenes recibimos grandes lecciones de democracia que luego aplicamos en cualquier patio universitario.
Entonces, si quiere vivir en democracia, junte un par de botellas. Si junta muchas, como 400, significa que tiene un buen punto.
También grite “maricón” o “majadero” de vez en cuando. Al parecer es útil.