Crítica y voluntad
Tina Zerega
Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Casa Grande. Asesora educativa, investigadora social y docente universitaria.
kassiel01@yahoo.com
La crítica es una posición. Posición que se ejerce de forma continua. Es una mirada agotadora de sostener, sobre los problemas, el otro, sus argumentos y sus propuestas.
¿Se puede enseñar a ser crítico? Algunos piensan que una materia puede hacerlo. “Pensamiento crítico”. Suena bien. Suena a que puede convertir a los alumnos en personas más inteligentes. Yo también la ubiqué en algún pénsum. Sin embargo, creo que una materia aislada puede hacer poco, a lo sumo logra que los estudiantes manejen ciertas claves argumentativas. Solo si las materias, todas o la mayoría de ellas, se imparten desde posiciones críticas, podemos acercar a los alumnos a este ejercicio. El reto está, más que en los trabajos o los míticos cuadernos de aprender a pensar, en cómo se pregunta, cómo se discute el conocimiento. Y no hay cuadernillos para eso. Es preguntarle al estudiante por qué piensa eso. En qué sustenta eso.
El otro día una amiga y colega había desbaratado a un alumno solo con preguntas. No fue agresiva. Ni autoritaria. Sencillamente empezó a hacerle preguntas sobre lo que el alumno decía. Y él empezó a llorar porque no sabía cómo responder. Dijo que no podía poner en palabras esa respuesta. Lo que dice el alumno no es una novedad, nos encontramos con muchos estudiantes que dicen eso, enmudecen por eso.
Uno quiere pensar que puede enseñar a ser crítico. Presentas textos desafiantes. Lanzas preguntas. Les pides todo el tiempo que encuentren los vacíos y contradicciones en imágenes, argumentos, ideas de otros. Que desconfíen de lo que el otro dice. Que desconfíen de lo que ellos mismos dicen. Supongo que algo de eso sirve.
Pero finalmente la actitud crítica es impulsada por la voluntad. La voluntad de encontrar “la verdad”, una verdad. Imposible y necesaria a la vez. Si nuestros jóvenes olvidan que esta búsqueda es un antídoto contra el despotismo de la ignorancia, propia y ajena, no hay esperanzas en ningún sistema educativo, aunque esté lleno de materias de pensamiento crítico. La crítica no es un contenido. Es un deseo sostenido de saber. Es no tener miedo a la libertad de pensar. Por eso no me atrevo a garantizar que uno forma estudiantes que sostengan esta posición de forma permanente, fuera del aula de clase, porque es una posición que se cultiva. Es también una cuestión de voluntad. Y no se educa la voluntad.