El organismo estudiará por dos años más su decisión de levantar la moratoria a la caza de ballenas.
“Cada salida es una aventura. Nunca se sabe qué va a pasar. Se puede viajar tres horas y no ver ballenas o 5 minutos y encontrar a dos que brindan un espectáculo”. Así se refiere Ben Haase, naturalista y guía holandés, sobre el avistamiento de las ballenas jorobadas en las costas ecuatorianas.
La actividad constituye una forma de turismo sustentable que tiene 11 años de desarrollo en Ecuador y más de 50 en 119 países del mundo.
Pero el turismo de ballenas podría desaperecer si la caza ilegal del mamífero continúa. Quien también puede correr igual suerte es la Comisión Ballenera Internacional (CBI), organismo que fomentó desde los años 80 la observación del cetáceo como una alternativa a su caza industrial. La reunión número 61 de la CBI, realizada en Portugal, concluyó el pasado viernes sin acuerdos puntuales sobre la decisión de levantar la moratoria para cazar ballenas.
Las diferencias entre los países pro-caza y los conservacionistas, que protegen la especie, tensionan el organismo y amenazan su existencia, según Cristina Castro, de la Fundación Ballenas del Pacífico.
Precisamente, al interior de la CIB nadan dos posturas: los que están a favor de levantar la moratoria o la normalización de la caza (comandados por Japón) y los conservacionistas que piden proteger la especie e incluso crear un santuario de ballenas en el Pacífico Sur. Esta última encabezada por Brasil.
La moratoria, declarada en 1986, ha impedido que países como Japón, Noruega e Islandia se dediquen libremente a la captura del cetáceo. Estas naciones, junto a Rusia y Dinamarca, piden que se levante la restricción alegando que la actividad es propia de sus culturas y alimentación.
Las flotas japonesas cazan cerca de 1.000 ballenas para ser investigadas científicamente. Esta captura sí es autorizada por la CBI, pero Japón desea abrir su cuota.
Aquello, en palabras de Castro, solo alentaría la libre pesca de la especie. “Japón dice que la CBI fue creada para regularizar la caza, no para prohibirla, por eso piden regresar a la normalización como si cazar ballenas fuese algo normal”, expresa Castro.
La postura de Ecuador, representada en la cita ballenera por el embajador Federico Meneses, apoya la conservación de la especie.
“Nuestra posición es decir no al uso letal de la especie y tratar de encaminar acciones que promuevan su investigación”
RODDY MACÍAS
Director del Parque Nacional Machalilla.
Roddy Macías, director del Parque Nacional Machalilla y vocero del Ministerio del Ambiente (MAE), explica que el país desde su ingreso al organismo en 1991 se ha solidarizado con la protección de ballenas y promueve su observación con fines turísticos. “Nuestra posición es decir no al uso letal de la especie y tratar de encaminar acciones que promuevan su investigación”.
Macías destacó que en Ecuador nunca se ha practicado la caza de ballenas, “alguna vez se realizó, pero por parte de barcos extranjeros y hoy la actividad es prohibida”.
Lo cierto es que tras la última sesión ballenera, los países normalistas quedaron descontentos luego que la CIB expresó que el equipo encargado de levantar la moratoria tendrá dos años más para tomar una decisión final sobre el tema. “La mayoría de los integrantes son conservacionistas, pero aquello no impide que la caza ilegal continúe”, indica Castro.
Noruega e Islandia capturan al margen de la moratoria 2.000 cetáceos al año.
Otro punto abordado en la Comisión fue la propuesta de Dinamarca, en nombre de su territorio autónomo de Groenlandia, la cual fue negada.
La nación propuso la caza de 50 ballenas jubartas al año, además de otras 4 mil de menor tamaño con la finalidad de alimentar a los aborígenes de Groenlandia.
Antes esto, Castro explica que la carne de ballena ya ha sido catalogada como no apta para el consumo humano y como tal “la propuesta no tiene razón de ser”.
En medio de las discusiones sobre la caza o no de ballenas, un informe ante la CBI del Ministerio de Ambiente australiano reveló los beneficios económicos que significa mantener vivos a los grandes mamíferos marinos.
2.000
especies de ballenas son cazadas ilegalmente al año. Noruega e Islandia son los principales cazadores.
El turismo relacionado con la observación de ballenas generó 2.100 millones de dólares para los países dedicados a esta actividad, un 60% más que la caza del mamífero, según las autoridades australianas.
Los beneficios turísticos, según Macías, son similares en Ecuador, donde se calcula que la temporada de avistamiento reporta ingresos por 6 millones de dólares.
Sin embargo, el naturalista Haase advierte que tampoco se trata de fomentar irresponsablemente el turismo ballenero. “Antes que conservacionista soy naturalista y he visto que muchas lanchas no respetan la distancia con el animal y que van a mucha velocidad contaminando el mar”.
Según Haase, se debe promover un turismo controlado. Macías explica que hay un reglamento de observación elaborado por MAE junto al Ministerio de Turismo, Capitanía del Puerto de Manta y el Municipio de Puerto López.
“Básicamente controlamos los zarpes, cuidamos la seguridad del turistas, y el número de embarcaciones permitidas al mismo tiempo en el mar”, acota Macías.