Por Ryszard Kapuscinski: El ‘enviado de Dios’ la vio así
Sus puertos no fueron más que lugares de donde se exportaban esclavos, oro y marfil.
”El colonialismo reinó en África desde la conferencia de Berlín (1883-1885), en la cual varios países europeos (Inglaterra y Francia en primer lugar, pero también Bélgica, Alemania y Portugal) se repartieron todo el continente hasta la época en que África se independizó en la segunda mitad del siglo XX. Pero en realidad la penetración colonial había empezado mucho antes, en el siglo XV, y floreció a lo largo de los siguientes 500 años. El comercio de esclavos africanos, que se prolongó durante 300 años, fue la fase más brutal y abyecta de aquella conquista. 300 años de batidas, redadas, persecuciones y emboscadas que organizaban los blancos, a menudo con ayuda de africanos y árabes. En condiciones infrahumanas, hacinados en las bodegas de los barcos, millones de africanos fueron transportados al otro lado del Atlántico para que allí, con el sudor de sus frentes, construyeran la riqueza y el poderío del Nuevo Mundo.
“Millones de africanos construyeron con el sudor de sus frentes la riqueza y el poderío del Nuevo Mundo”
Perseguida e indefensa, África fue saqueada de sus gentes, arruinada y destruida. Quedaron despobladas vastas extensiones del continente y yermos de maleza cubrieron soleadas regiones de vegetación floreciente. Pero la huella más dolorosa y duradera la ha dejado aquella época en la memoria y la conciencia de los africanos: siglos de desprecio, humillación y sufrimiento han creado en ellos un complejo de inferioridad y un sentimiento de daño moral jamás reparado que anida en lo profundo de sus corazones....
...Los europeos no se alejaban de la costa: de sus puertos, mesones y barcos; y solo muy de cuando en cuando, y a desgana, se aventuraban a penetrar en el interior. Cierto que no había caminos, pero además tenían miedo a unos pueblos hostiles y a las enfermedades tropicales, tales como la malaria, la enfermedad del sueño, la fiebre amarilla o la lepra. Y a pesar de que no se habían movido de la costa durante cuatro siglos, en todo ese tiempo había dominado en ellos el espíritu de la provisionalidad, la estrechez de miras, y una manera de pensar de cara tan sólo al beneficio rápido y la conquista fácil. Por ello, sus puertos no fueron más que ventosas aplicadas al organismo africano, lugares de donde se exportaban esclavos, oro y marfil. Venga, a expoliarlo todo y a llevárselo con el coste más bajo posible. Por eso muchos de aquellos enclaves europeos recordaban los barrios más pobres del viejo Liverpool o de Lisboa. En Luanda, que perteneció a Portugal, a lo largo de 400 años los portugueses no excavaron ni un solo pozo de agua potable ni iluminaron las calles con farola alguna...”
Extractos de “Ébano”, uno de los principales libros del periodista polaco, pionero de la reportería occidental en África, y a quien John Le Carré llamaba el “enviado de Dios”.