Usan camuflaje, botas y cargan una gran mochila. Viajan en dos helicópteros Súper Puma, de fabricación francesa, y en un ruso MI.
Entre el lodo y la vegetación, los soldados hacen sus patrullajes. Están alerta las 24 horas. Usan camuflaje, botas y cargan una gran mochila. Viajan en dos helicópteros Súper Puma, de fabricación francesa, y en un ruso MI. El destino: la base de entrenamiento en Viche, a orillas del río Blanco, al norte de Esmeraldas.
Entrar a la selva resulta incómodo por la humedad y el fango en la pica. Uniformes rasgados. 40 minutos después el teniente Ember Castellanos, al mando de su patrulla, explica la necesidad de un campamento nocturno en la selva. Los militares son expertos al armar carpas tipo iglú, bohíos y colgar hamacas similares a un toldo a 60 centímetros del piso para evitar el ataque de animales y del enemigo. “El soldado debe aprender a convivir con el medio y ser parte, respetándolo y aprovechando sus bondades para sobrevivir”, dice el sargento instructor William Sánchez. Julio Guerrero, héroe del Cenepa, muestra las plantas que usan para sobrevivir: ajo de monte para el mal aire, bálsamo para la gripe, musuango para no envejecer, chuchuguazo para la artritis. Caída la noche, Sánchez enseña cómo preparar los alimentos sin que el enemigo descubra la posición. Todo en una lata de atún, con velas y papel higiénico simulando una cocina enterrada. Al final la cena es un arroz con atún, sopa, jugo de sobre y galletas.
Fernando Sandoval Jr. Fotógrafo quiteño, de 30 años. La fotografía la lleva consigo desde niño. Trabajó para la revista turística Ecuador, durante 4 años, y colaboró en diario Expreso cerca de 2 años.
En la actualidad forma parte del equipo de El Telégrafo en Quito
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