Escultores, el mundo hecho a mano
Aprietan el cincel contra la roca, sus ojos marchitos iluminan el sendero que conduce a la perfección, a los misteriosos caminos de la creación.
Deicidas que crean universos paralelos mediante el viejo oficio de moldear para insuflar energía a lo inanimado, carente de gracia, perdiendo en el camino la simetría de las manos, para que otros lo eleven a la categoría de arte. Ánimas nuevas que nacen de la arcilla, del sudor que se mezcla con la argamasa y los dedos encallecidos que le dan forma a otra vida. Aprietan el cincel contra la roca, sus ojos marchitos iluminan el sendero que conduce a la perfección, a los misteriosos caminos de la creación.
Marcos Pin, Guayaquil, 1983. Realizó estudios de periodismo y fotografía en la Universidad de Guayaquil. Trabajó durante cuatro años de manera independiente; en la actualidad se desempeña como fotoperiodista de El Telégrafo.
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