Desde la gabarra
En el muelle de Puerto Olmedo, dos canoas unidas por un tablero central de madera son el alma de la nave, cuyas bases tienen la marca de cientos de travesías al día.
A las 06:00, la orilla del río Paján, en Colimes, se transforma en una especie de Babel, pero de razas. Hombres, mujeres, niños y ancianos. Vaqueros, comerciantes y cazadores convergen en la gabarra que los llevará hasta Zequel, Chumbo, Perinao, Las Balsillas, Chequelillo y Guayacán, y a otros diecinueve recintos cercanos. En el muelle de Puerto Olmedo, dos canoas unidas por un tablero central de madera son el alma de la nave, cuyas bases tienen la marca de cientos de travesías al día. Viajes de tres minutos, que la inscriben en un cansino vaivén por las aguas del río. Ligera y segura navega sin importar la pesada carga. Al mediodía, cientos de mercaderes a pie, carro, moto o caballo buscan arribar a su destino. Al calor del sol y el olor a refresco de chicha, comibebe o ensalada de frutas se alienta el comercio. El mugido de las reses se revela a su paso por las aguas del río, donde noveles vaqueros luchan por encaminarlas hasta la ribera. En la tarde, todo cesa. Es tiempo para la bailanta y el bollo´e pescado.
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