Favor por una santa
Francisco Ipanaqué, editor fotográfico de diario El Telégrafo. fipanaque@telegrafo.com.ec.
Es, desde hoy, la tercera santa ecuatoriana. La niña Narcisita, como se la conoce, convoca cada día a cientos de feligreses, nacionales y extranjeros, que se desplazan hasta su natal Nobol, en la provincia del Guayas. La devoción se mezcla con los negocios de objetos religiosos, el olor de la comida típica y la vida de sus pobladores. La religiosidad se vive en cada rincón del cantón costeño, donde hombres, mujeres, niños o ancianos elevan una plegaria a la santa.
Llegan -hasta su santuario o a la hacienda donde la noboleña enseñó catequesis- en carro o en canoa. Van en busca de redención, progreso, salud y otros favores. Frente al altar, sus manos se confunden. Portan su imagen, en papel, yeso o resina. El agua bendita, los algodones, las velas, las oraciones y las promesas se transforman en medios para alcanzar sus milagros.
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