Su casa está formada con los mismos ladrillos que se quemaron en aquel horno que reposa en la entrada de su hogar.
No pasan de los 17 años y sus manos lucen ásperas, callosas, duras... Como sus jornadas diarias de trabajo. Son las seis de la mañana y ya están despiertos, trabajando, ganándose el pan, construyendo su castillo de arena... Crecen entre la tierra negra, la ceniza, el aserrín y el agua, ingredientes vitales para la elaboración de ladrillos. La asepsia no es su prioridad. Y en medio de sus labores se dan tiempo para jugar, reír, vivir... Allí, nadie engulle bocado gratuitamente, debe ganárselo. Todos los miembros de la familia de una u otra manera arriman el hombro. Su casa está formada con los mismos ladrillos que se quemaron en aquel horno que reposa en la entrada de su hogar. Son de Llano Chico, provincia de Pichincha, tierra anónima de nuestra geografía.
Carlos Pozo
Estudió fotografía en la Alianza Francesa y actualmente lo hace en la Universidad San Francisco de Quito. Trabajó para el diario Hoy y para la empresa de fotografía Photoarte. Es considerado el Benjamín de El Telégrafo, pues es el menor de todos los fotorreporteros de este Diario.