El Taita Imbabura se ha convertido por un año más en testigo ocular de cientos de brazadas, que interrumpen el silencio del lago.
Ni la brisa ni el frío les impide cumplirse la meta trazada para un sábado de septiembre: cruzar nadando el lago San Pablo (provincia de Imbabura). Cobijados por el solecillo típico del verano tímido de la Sierra, los nadadores, este año, son un poco más de 100. Comienzan a distribuirse entre el pasto y el agua, para calentar un rato sus músculos, y así poder enfrentarse en perfecto estado a los 3.800 metros de longitud que tiene el lago.
El Taita Imbabura se ha convertido por un año más en testigo ocular de cientos de brazadas, que interrumpen el silencio del lago. Gritos y barras de gente recibiendo a los nadadores, una banda de pueblo alegrando a los que esperan, pájaros revoloteando, que se asustan por el disparo de arrancada.
¿Preparados para salir?
Alejandro Reinoso
Documentalista fotográfico quiteño de 27 años. Se inició en la fotografía hace cinco años. Interesado en captar con su lente la cotidianidad de la gente y sus rostros.
Publicaciones como El Comercio, Últimas Noticias, y Revista Vanguardia han mostrado su trabajo. Actualmente se desempeña como jefe de fotografía de El Telégrafo, en Quito.
www.alejoreinoso.blogspot.com