Tomada de la edición impresa del 30 de noviembre del 2008

FOTO: Paúl Navarrete

Gabriela Sommerfeld Rosero , presidenta ejecutiva de Aerogal.

Una mujer que supo cómo levantar vuelo

La presidenta ejecutiva de Aerogal nunca pensó que la aviación se convertiría en la actividad de su vida.

 
Su vida tiene alas propias. Sacó a una empresa de la quiebra y en seis años se convirtió en el referente de la aviación comercial ecuatoriana. La de ella es una historia que no está libre de las dudas, temores, derrotas. Y ciertamente de conquistas. Las que han sucedido una tras de otra en una industria que, hasta su llegada, no conocía entre sus filas a una mujer tan determinante como desafiante. Y eso que solo tiene 36 años.

 

Yo no sabía nada de aviones pero hoy en día usted me puede tomar una prueba si quiere. Aunque no he pilotado todavía ningún avión.


Gabriela Sommerfeld Rosero no llegó para desplazar a alguien. Se hizo nombre propio. A pulso, trabajando en los hangares, metiendo mano en el intrincado laberinto del manejo de carga, madrugando y de un lado a otro, sirviendo bebidas frías y calientes en el sube y baja de las turbulencias.


De niña soñó con ser muchas cosas. Jamás, con lo que ahora le copa 20 horas del día. Educada en buena cuna. De una estirpe mezcla de lo foráneo y nacional. Una de las mejores alumnas de su promoción universitaria. De conversación fácil. Su risa es amplia, de esas que contagian. De metas fijas. Siempre. Convencida de su rol actual, tanto como de los que realizó antes.


Su agenda laboral la llevó a Cuenca, luego pasó por Guayaquil y en el día de la entrevista (jueves pasado) cerca de la media tarde, acabó de aterrizar de Bogotá. A pesar de lo trajinado que puede resultar el periplo, ella luce más bien fresca. Allí en las estribaciones de uno de los cerros del sector llamado Bellavista, cerca de la González Suárez, está su refugio. Desde allí se puede divisar cada avión que surca desde el sur rumbo a la pista del Mariscal Sucre. Pero ella, como si nada.


Los colores ocre, terracota y cafés se combinan en un penthouse de dos pisos que huele a madera. Allí nada parece estar fuera de lugar. Los cuadros, candelabros, el viejo piano tiene su razón de estar en cada lugar. Es el hogar que Sommerfeld construyó, depuró y cuidó por más de 10 años, al que mimaba las mañanas de domingo, aspirando las cortinas, mientras su familia descansaba. Ella es así. Ordenada, meticulosa, clásica. Nada está fuera de sitio o de línea. Cuida los detalles y se precia de ser buena anfitriona, cuando le queda tiempo para ello.


Clásica por convicción. Cede poco al vanguardismo. Desde hace algún tiempo lleva el mismo peinado  que corona una silueta juvenil, trabajada con aquella rutina de pilates, que es a la vez una especie de neutralizador del estrés y de las presiones laborales. Allí en el gimnasio, muchas veces, encuentra la solución a los problemas.


Inquieta y audaz, encontró en el esquí acuático su deporte favorito para interactuar con sus hijos adolescentes. De allí que sus visitas al lago San Pablo se volvieron imprescindibles. Ahora último, acaba de “graduarse” en una especie de escuela donde aprendió a bailar vallenato, para acompañar el paso de su futuro esposo, que es colombiano.


Buen vino, buena música. Pocos amigos, pero incondicionales. La biblioteca es su lugar favorito.


Mientras conversa, con las piernas cruzadas sobre el enorme sofá flanqueado por un cuadro legado por su ex esposo, la mujer, que parece controlar cada movimiento, alza la mirada y sus ojos, algo claros, algo oscuros, parecen soñar, tal como lo hacen los modelos de la publicidad de su aerolínea.

 

Usted es la primera mujer en llegar al cargo más alto del gremio de la aviación comercial.  ¿Fue un proceso difícil? 
El llegar a ser presidenta de la Asociación de Empresas Nacionales de Aviación se dio con el transcurso del tiempo. Cuando ingresé a esta actividad, hace 6 años, encontré que no había un gremio unido. No había una asociación que trabajara por el bien común, a favor de toda la industria.  


Pero usted no era la representante de Aerogal...

En ese entonces era gerenta de marketing. No era la presidenta. Y   convoqué a esas reuniones porque necesitaba que el sector trabaje en equipo, porque veía muchas amenazas y deficiencias en la industria. Porque había una brecha entre el sector y el Estado o las diversas instituciones reguladoras.


Si no recuerdo mal, había una asociación de empresas aéreas...

Si bien en ese entonces había una asociación, esta no incluía a todas las empresas. Me tocó crear una nueva asociación tras reunirme con varias aerolíneas. Nos tomó un año crearla, por los trámites. En este momento somos 25 miembros que representan cada una de las aerolíneas nacionales. No todas son de pasajeros. Hay empresas de carga, de vuelos no regulares, de fumigación, de taxis aéreos. Agrupa a todo el sector de aerolíneas, a todo aquel que tenga un permiso de operación aérea en el país. 


Entonces crearon la Asociación de Aerolíneas Nacionales...
La Adena se creó hace dos años. Me eligieron presidenta por liderar su creación y hace dos meses, excepto un miembro, el resto pidió que los siga representando..


Antes de Adena, antes de los aviones, ¿usted a qué se dedicaba?
Era una feliz ama de casa. Había estudiado finanzas y marketing en la Universidad San Francisco, y me dedicaba a mis hijos. Fue una absoluta convicción. Tuve hijos y me dediqué totalmente a ser madre. Cuando decido dedicarme a algo, lo hago con toda la pasión y entrega. Escogí ser ama de casa, porque estoy convencida de que la familia es el núcleo fundamental de la sociedad. Mientras exista una hogar bien formado, en los niños no tienen porqué salir mal las cosas.


Tuve muchas propuestas de trabajo cuando egresé de la universidad y a todas me negué. Llegué a pedir a la universidad que me sacara de la base de datos. No quería trabajar. Fui feliz en casa. Atendía a mis niños.


Fue ama de casa diez años. ¿Qué hechos la llevaron al mundo laboral?
Como mis hijos empezaron a llegar más tarde por sus actividades curriculares, y mi esposo, de ese entonces, tenía su trabajo de agricultura fuera de la ciudad, yo pasaba mucho tiempo en casa, sin tener a quién dedicar mi tiempo. Empecé a estudiar una maestría en administración de empresa con  en el Tecnológico Monterrey.  Fue en ese entonces cuando mi padre entró al negocio de la aviación. En octubre de 2002 no solo tenía un nuevo título sino que era jefa de marketing.


Sin saber nada de aviones, por lo que veo...
No sabía nada de aviones, pero el día de hoy, usted me puede tomar una prueba. No he pilotado ningún avión. Si no tengo los conocimientos no me atrevería.


Esto de volar, ¿no le aterraba?
Primero debo reconocer que tenía muchísimo miedo al aceptar el reto. Además solo de pensar que tenía que subirme a un avión me daba fobia. Cuando viajaba debía tomar calmantes. Ahora no, cuando vuelo, duermo plácidamente. Me fascina volar. Y si no duermo, me encuentran conversando con los pilotos, sobre los instrumentos de vuelo y aprendiendo sobre la aeronave.


¿Cómo encontró la compañía?
El primer repaso en Aerogal fue negativo. No había un departamento comercial. Lo que había era el deseo de crear una nueva aerolínea. Para ello se había incorporado un nuevo avión, un Boing 727, de 150 pasajeros, para competir con el líder del mercado, en ese entonces, TAME.


En todo negocio es necesario generar ingresos. Aerogal tenía la infraestructura, pero en la parte comercial, no había nada. Empecé por reestructurar esa área. Me metí en lo financiero. Descubrí que había muchas deudas. En conjunto con la vicepresidencia financiera se trabajó muy duro para renegociar los pasivos. En esa época, Aerogal vendía 100.000 dólares, pero perdía 400.000, en un mes. Además de las deudas había deudas pendientes.


Casi quebrada... ¿Qué fue lo que hicieron para levantar la empresa?
Sanear todo tomó dos años. En ese tiempo, paralelamente, se estudió bien el mercado para saber cuál era la necesidad del consumidor, y se decidió ofrecer lo que el cliente necesitaba. Allí empezamos a generar ingreso. Fue una tarea dura porque ni siquiera había presupuesto para dar a conocer la marca. Nadie sabía lo que era Aerogal. Tocó ir de puerta de en puerta, literalmente, caminando para invitar a volar en esta compañía. La verdad es que la gente dudaba. El nombre no sonaba al de una aerolínea. Preguntaban si era de carga o de pasajeros. Entonces nos tocaba llevar una foto del avión. Fueron pocos los clientes que aceptaron. Recuerdo que hubo vuelos en que el avión salía con un pasajero y retornaba vacío. Era algo desmotivador. Muchas veces lloraba en casa porque era duro levantar la empresa.


¿Usted quiso abandonar la tarea?
¿Sabe que mi padre jamás se arrepintió de la inversión?. Yo le propuse que se saliera del negocio. Lo hice porque honestamente veía el proyecto bastante difícil, pero esta era la pasión de él y en lugar de abrirse decidió invertir más. Tenía fe y pasión por esta industria. Es un visionario. Me fue enseñando con el tiempo a tener fe. Yo no tenía experiencia laboral. Para mí, un problema pequeño era una montaña grande. De la mano de él y de la gente que trabajaba en Aerogal aprendí muchas cosas.

 
¿Cómo es la situación ahora?
Los mismos problemas que al inicio se me hacían enormes, para mí, hoy son algo de día a día. Los planes de Aerogal no están en Ecuador… Están en conquistar el mundo entero. Buscamos nuevas fronteras.


¿Cuáles fueron los avances?
En el 2002, eran 150 trabajadores. En febrero de 2003, empecé a ver resultados de cuatro meses. Mucha motivación y humildad. Ya no era uno el que viajaba sino que el 31 de diciembre fueron 10 y en febrero de ese año llenamos por primera vez el avión de 144 asientos. Fue para el concierto de Shakira, que auspiciamos. Ese día lloramos todos de la alegría.


En diciembre de ese año volvió a llenarse y desde entonces la empresa tuvo varios vuelos copados. Fue el resultado de un trabajo en equipo. Tenacidad y entrega. Mucho carácter porque no era fácil que te digan no. Aprendí con mi gente. Aprendí a levantarme a las 4 de la mañana, a entrar con los técnicos al hangar. A ver cómo se prepara el avión para un vuelo. A amanecer en la pista. Hoy manejo una empresa de casi 800 trabajadores. En el 2002, sabía dónde quería llevar Aerogal para el 2008.


¿Esas metas a dónde apuntan?
Se cumplieron todos los objetivos. Liderar en la ruta interna. Empezar una expansión internacional. Ahora, tenemos un nuevo reto. El país necesita el servicio a Miami. Queremos abrir una ruta a Perú. Si Dios es grande, se ejecutarán todos los planes que tenemos. Para diciembre del 2009 queremos llegar a Madrid, como la primera aerolínea ecuatoriana en cruzar el Atlántico. El mercado internacional lo da. Está valorado en 500 millones de dólares. Allí no participa ninguna aerolínea ecuatoriana.

Todo ese dinero no queda en el país. Lo que creo es que todas las aerolíneas debemos dejar la situación cómoda interna y empezar a llevar la bandera de Ecuador al exterior.


¿La aerolínea intentará volar a Miami?
Por su puesto, el lunes (pasado) incorporamos el avión más grande que tiene el país, un Boing 757, que normalmente es para 200 pasajeros, pero lo traje apto para 170. Lo que queremos es brindar mayor comodidad. Ese volará todos los días a Galápagos y a Miami. El 7 de diciembre arribará la primera aeronave con bandera ecuatoriana a suelo estadounidense. En este momento la primera semana de operaciones de ese vuelo está vendida en su totalidad.


Pero ustedes ya fracasaron en ese intento...
Fue un impacto bastante fuerte y una lección de humildad para todos quienes hacemos Aerogal. Habían pasado cinco años de éxito. Todos teníamos un ego bastante grande. El plan hacia Miami había salido exitosamente, pero los aviones que habíamos contratado no fueron entregados y nos tocó parar toda la operación.  Fue una noticia bastante dura de dar al país. Convoqué a los mismos medios que fueron para dar a conocer la salida. Fue durísimo. Con lágrimas en los ojos me tocó dar la noticia. Lloré en público, con mis amigos, con los representantes de las instituciones que me apoyaron. 


En menos de un año, otra vez lo intentarán. ¿Qué ha hecho para volver a lanzar la ruta?
Toqué puertas. Tan básico como presentarme, quién era y a qué aerolínea bonita representaba. Les dije que era una compañía verde (ecológica). Vendí sueños. Ahora en el mundo de los negocios se trata de eso, de vender sueños. Hay una persona que quiere compartir mi sueño, que cree en lo que nosotros creemos, en el país. Esa compañía dio su apoyo. Me ayudó a conseguir aviones. Ofrecí solo la fuerza comercial. La entrega total. Presenté el proyecto varias veces en Colombia y Brasil. Finalmente fue aprobado en este último país. Los aliados estaban fuera del país. Fui a uno de los grupos más poderosos en lo que es aviación en Latinoamérica. Sinergy Aerospace.  Pedí apoyo. Necesitaba una aeronave. Y ellos entendieron el proyecto y me apoyaron. Ahora estamos listos para cumplir ese sueño.


¿Cómo el hogar se vio afectado con todo este cambio que sin duda es un éxito?
Hoy estoy rehaciendo mi vida. En los últimos días, me he dedicado a la vida familiar con más intensidad.Hubo una separación. Fue algo que se fue dando. No fue culpa de Aerogal. Si el día de hoy miro hacia atrás, eso debió haber pasado hace mucho. No se puede echar la culpa a Aerogal del fracaso del matrimonio.


¿Usted fue absorbida por el trabajo?
Me tuve que organizar. Fue un proceso paulatino. Al principio solo iba dos horas al día a Aerogal, luego cuatro, seis y llegué a estar 20 horas al día. Aún no vuelvo al hogar… (ríe) me cuesta hacerlo. Aún no es tiempo de volver al hogar. Nunca pensé que la aviación sería mi vida. Se convirtió en ella sin darme cuenta. Sí me advirtieron que el negocio de la aviación es como una droga. La gente de Aerogal, especialmente, me lo decía.


Supongo que los niños sienten esa ausencia...
Cada vez que mis niños me reclamaban porque no paso con ellos, les habló sobre los roles que cada uno ejerce en la familia.

Hoy, mi rol es el que ejerzo. El de ellos, estudiar. Duele, pero ante eso no les demuestro debilidad, sino firmeza. La vida no es fácil. Nada es completo. Los niños deben aprender eso. Hay momentos para estar juntos. Ellos saben que debemos ser responsables con nuestros roles y tareas.

Daniel Solórzano
dsolorzano@telegrafo.com.ec
Jefe de Redacción

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