Tomada de la edición impresa del 12 de octubre del 2008

FOTO: Francisco Ipanaqué / El Telégrafo

Fresia Saavedra, uno de los referentes de la música nacional.

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Una Señora del Pasillo que quiso ser veterinaria

Fresia Saavedra, con más de 60 años de carrera, es considerada como uno de los referentes en el canto de la música nacional, que aún inculca, a través de la docencia escolar.


A sus 75 años Fresia Saavedra puede subir velozmente las escaleras que hay en la casa de su hija, la también cantante, Hilda Murillo,  con la energía de una veinteañera. Sube y baja cada peldaño con la misma vitalidad en sus años mozos,  en los que compartía el escenario con leyendas como Olimpo Cárdenas, Julio Jaramillo, Daniel Santos, Celia Cruz (todos fallecidos) y otros.

Y aquella mujer que nació el 8 de septiembre de 1933 en un sencillo hogar de las calles Morro (actualmente Rumichaca) y Nueve de Octubre, conserva una lucidez y memoria privilegiada, de esas que solo se comparan con una wikipedia, aquella conocida enciclopedia virtual, que almacena una infinidad de acontecimientos.

Si alguien no lo cree, pregúntele alguna trivilialidad como la fecha de su primer día de trabajo. Ella le responderá que ingresó el 25 de noviembre de 1957 al Municipio y que permaneció allí hasta 1984.  

A esa edad, la Señora del Pasillo, que ha llevado su canto a Perú, Colombia, Venezuela, México y otros países,  todavía cultiva el amor por la  música nacional, a través de la docencia en la escuela de música Nicasio Safadi. Y lo mejor: a esa edad todavía conserva la “voz aterciopelada como alguna vez la llamaron sus seguidores en la lejana década del 50. Su más reciente intervención pública fue el pasado 1 de octubre en el museo Julio Jaramillo. Allí cantó nítidamente Guayaquileño madera de guerrero. Lo hizo con la voz de alguien que no bebe, ni fuma. Con la voz de alguien que ha cuidado ese don, quizás más que a sí misma.

¿Qué recuerdos se le vienen a la mente si alguien le menciona Radio Cenit?
Mis inicios. En esa radio canté por primera vez en un programa infantil que se llamaba La compañera de Nelly. Yo era una niñita de cinco años. Recuerdo tanto que canté Estrellita mía y Mañana zarpa un barco. Esta última es un tango, género que también he interpretado, quizás porque mi mamá (Susana Gómez) le gustaba escuchar y cantar este tipo de música.

¿Fue ella quien la indujo en la música?
Lo que pasa es que ella no era una cantante profesional. Era una ama de casa a quien le gustaba cantar como aficionada, mientras que mi papá (Julio Fortunato Saavedra) tocaba el violín.

Si no se hubiera dedicado a la música, ¿qué profesión ejercería?
Me hubiera gustado ser veterinaria porque amo mucho a los animales. De hecho, vivo con 20 gatos que están en el patio de mi casa en Samanes. Son inquietísimos. Todos entienden por sus nombres. Siempre me gustó hablarle a los animales. He tenido pájaros, pericos y hasta leones.

¿Leones?
Sí. Resulta que mi yerno (Pío Cupello) tenía amistad con empresarios que traían circos. Hace diez años llegó uno de esos circos con una leona que parió siete cachorritos. Dos de ellos murieron porque su madre los maltrataba. Entonces me llevé los otros cincos a la casa en la que vivía mi hija (Hilda Murillo) en Machala y Luis Urdaneta.  Como eran chiquitos los alimentábamos con biberón y aguadito de pollo. Cuando crecieron se metieron a la sala y desbarataron todo. Incluso se asomaban a la ventana. Estuvieron cinco meses con nostros, pero tuvimos que deshacernos de ellos porque podría ser peligroso. Entonces le pedí a Pío que los vendiera a un circo.

Volviendo a la música, usted no siempre  cantó pasillos...
Es verdad, también canté algo de música tropical, algo movido…

¿Cómo la canción El ladrón?
Esa es una canción que nació de algo que me sucedió.  Resulta que yo venía con mi papá de un ensayo.  Íbamos caminando por el centro cuando un ladrón me arranchó la cadena y salió corriendo. Como estábamos cerca de mi casa, llegué allí, me quité los zapatos y volví al sitio en que me robaron. Cuando volví  empecé a gritar ‘aquí fue donde se me llevaron la cadena, así que quiero que me la devuelvan’. Había algunas personas que vieron cuando me robaron.  Después de eso la recuperé y seguí jugando con la cadena, tal como lo hacía momentos antes de que me asaltaran.
Regresé a mi casa y allí estaba ‘Caballito’ Cortez, que era un compositor colombiano que estaba en la ciudad. Le conté lo que me había pasado. Cuando me escuchó me dijo, ‘esto es un gol. Hay que hacer una canción de eso’. Así que la hicimos con lo que le contaba y le pusimos El ladrón.  Así nacieron partes como el ‘corra papá, ay pero corra mamá…’. 

Pero le gustaba lo tropical...
Claro que sí. Fui fanática de Daniel Santos. Incluso tuve amistad con él,  Celia Cruz y otros. Ella fue madrina de una de mis nietas, mientras que con él hice un dueto en el teatro Apolo. He participado en muchos duetos. Uno de ellos fue con Blanca Palomeque en Las Porteñitas, luego  con Luisa Rojas Mendoza en Las Costeñitas. También canté con Pepe Sánchez.

A propósito de duetos, ¿cómo fue aquel que tuvo con Julio Jaramillo?
Eso tiene una anécdota. Resulta que Julio iba mucho a las radios El Cóndor y América. Él iba más a esta última en la que cantaba su hermano Pepe.  Entonces, en una ocasión Wacho Murillo, quien fue mi esposo y era el director artístico en esas radios, me dijo que iba a grabar con Julio. Yo le respondí  que cómo sería posible si nunca había ensayado con él. Entonces, Wacho me contestó, ‘no te preocupes’ que yo le estoy enseñando’. Y así grabamos seis canciones, de las cuáles dos se difundieron: Pobre mi madre querida y Mi corazón. 

¿De qué año hablamos?
¿Lo del dúo con Julio? Creo que era 1956. Digamos que fueron sus primeras canciones comerciales. Lo que pasa es que yo no sabía que  grababa canciones para las propagandas políticas de Guevara Moreno.

Pero usted también hizo eso...
Sí, los políticos siempre me buscaban para que les hiciera las canciones durante sus campañas. Cada vez que grababa para ellos, ganaban. Tengo muchas. Grabé una canción que decía “El CFP es el primer partido del Ecuador…” para (Carlos) Guevara Moreno  cuando se lanzó para alcalde. También lo hice para las campañas de Assad Bucaram, luego para Abdalá (Bucaram)  y Sixto Durán Ballén. Incluso recuerdo  una para la campaña de la última presidencia de (José María) Velasco Ibarra, que tenía el fondo musical de la película Puente sobre el río Kwai. Era esa canción militar que se entonaba como silbido al final de la película. (De inmediato imita ese sonido y repasa el estribillo “Viene, Velasco viene ya. Viene, viene Velasco...”).

¿Y cómo las componía?
Los políticos me daban la idea de lo que querían y luego en las madrugadas me ponía a sacar las letras a punta de  tarareadas.

Ya que habla de campañas políticas, ¿es usted derechista o izquierdista?
Yo tengo dos manos. Una derecha y otra izquierda. A mí lo que me interesa es que los políticos que ganen una elección para presidente o alcalde trabajen por el país.

¿Considera que ha sido bien tratada por los gobiernos?
Ejercí  el magisterio durante 42 años ininterrumpidos. De esos, 29 fueron para el Municipio y el resto para el fisco en el que fui supervisora. Luego nos jubilaron a los 40. Habíamos vendido la renuncia. La mitad recibió su dinero, pero la otra mitad, en la que me incluyo, quedamos impagos. Eso fue hace diez años. Ojalá que el gobierno de turno nos ayude. A mí me gustaría comprarme mi propia casa.

Pero la música le ha ayudado mucho..
Sí, he vivido para el arte, pero acá uno no se puede hacer millonario con la música. Doy clases en la escuela fiscal Pedro Menéndez Navarro y en la Nicasio Safadi.
Con la música he tenido y aún tengo muchas satisfacciones. En la década del 50 tenía canciones como La niña caprichosa, La niña exigente, El ladrón y otras que estaban en el hit parade de Venezuela, Colombia, Perú y México. En este país sonaba una canción mía que se llama El diablo anda suelto, que allá le cambiaron el título y le pusieron El exorcista.

¿Y anécdotas?
He tenido muchas anécdotas. Una vez se me olvidó un pedacito de la letra de un vals en radio América y me tocó improvisar. Solo se habían dado cuenta los que conocían la canción. A todos nos pasa alguna vez. He tenido muchas satisfacciones, una de ellas fue cuando me contrataron para cantar en Perú. Cuando llegué observé gente que hacía cola para comprar entradas en un estadio donde estaba la radio que había contratado. Yo le pregunté a alguien si hacían cola para ver el fútbol, pero me respondieron “señora esta columna es para verla a usted”. No lo podía creer. Yo recién había llegado al país y los organizadores del espectáculo me habían llevado a conocer el sitio donde me iba a presentar.
En aquella ocasión me trataron muy bien, bueno no todos. Hubo un periodista llamado Guido Monteverde que me daba palo con sus críticas. Como recién habíamos vuelto a la paz con los peruanos, tras la guerra con ellos, ese periodista me decía ‘Desde Ecuador ha llegado la venganza de Perú’. Me decía ‘llegó la gritona’.

¿Cuánto la querían allá?
Me querían tanto en Perú que me pusieron de apodo La voz aterciopelada y El jilguero de oro. Decían que tenía enamorados a muchos con mi voz.  Ahora me dicen la Señora del Pasillo.

¿Y tuvo muchos enamorados?
Mi papá era bastante celoso y me acompañaba a todos lados, pero era una muchachita muy avispada y por ahí me las ingeniaba. Conocí a Wacho por lo de la música. Trabajábamos juntos y nos fuimos enamorando. Me casé jovencita con él.

¿Recuerda usted su primer salario como cantante?
Cuando me pagaron por primera vez por cantar era muy chiquita. Apenas tenía 11 años y estaba en el sexto grado de la escuela Juan Gómez Rendón que quedaba en lo que hoy es la Casa de la Cultura, y al frente donde actualmente queda el Palacio de Justicia era un espacio en el que  se instalaban los circos y carruseles.
Carlos Arditto, quien era el dueño de radio El Cóndor me había contratado como su cantante de planta, aunque no era exclusiva porque podía cantar en cualquier otra radio. Recuerdo que radio El Cóndor me pagaba 110 sucres que para mí eran como una fortuna en esa época.

¿Qué hacía con esa plata a esa edad?
Invitaba a mis compañeras de escuela a comer maduro frito. Es que a mí me gustaban, al igual que la fritada. Pero no invitaba a todas, solo a las más allegadas, aunque era muy amiguera en la escuela.

¿Mantiene contacto con alguna de ellas?
Sí, con Elita de Nully.

Saltemos a la otra orilla, ¿cómo se define como profesora de música y canto?
Siempre he trabajado con niños a quienes he tratado con mucho cariño. Tanto que hasta el día de hoy, muchos que se han convertido en abogados o ingenieros me han reconocido. Me dicen cuán orgullosos están de que les haya dado clases de música y canto. Pero también soy una maestra exigente. Lo primero que corrijo es que canten bien el Himno Nacional.

¿Qué futuro ve en el pasillo y en la nueva generación de exponentes a quienes les da clases en la escuela Nicasio Safadi?
Este año me involucré en este proyecto en el que pretendemos que aparezcan nuevos valores de la música nacional. La semana pasada se presentó una nueva generación de intérpretes. El problema es que actualmente no hay mucha difusión de los medios. Antes había muchos teatros que se llenaban diariamente con nuestras presentaciones.

Rafael Veintimilla
rveintimilla@telegrafo.com.ec
Editor - Espectáculos

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