El evento que derivó en una red escénica
Entrega y plena conciencia del trabajo por hacer son las dos premisas sobre las que Nixon García y sus compañeros han levantado su profesión en favor de un género que vio la luz en Manta con ellos, con La Trinchera. En los primeros años la lucha fue por el acceso a una formación actoral, la que -una vez iniciada- desembocó no solo en el montaje de obras, sino también en el Festival Internacional de Teatro, que este año desarrollará su programa número 21.
Corría el año 87, el camino hacia la profesionalización de la mano de maestros como Charo Francés y Arístides Vargas no había sido cosa fácil, aun así deciden poner sobre sus tablas la organización de un Festival.
... Bueno, yo había asistido por mi cuenta al Festival de Teatro de Colombia y al de Manizales. Fue así como conocí a gente de teatro de muchas partes del mundo y por ahí nació la “inquietud”. En esa época, en Ecuador no había eventos teatrales de corte internacional. Entonces el grupo y yo armamos un proyecto, lo presentamos a la universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí -la que hasta ahora ha sido nuestro principal apoyo- y a Francisco Aguirre, director del Departamento de Cultura del Banco Central del Ecuador.
¿Cuántos grupos vinieron a ese primer festival?
La mayoría eran nacionales, cinco o seis grupos de Quito y Guayaquil, entre ellos El Juglar y Malayerba. También invitamos a directores internacionales como Héctor Quintero, Beatriz Sandin, María Escudero... Y así armamos las primeras jornadas.
¿Y cómo andaban de presupuesto?
Como era un producto nuevo, al principio no cobrábamos la entrada, luego aceptábamos colaboraciones voluntarias del público. Traíamos a los grupos que se podían pagar el pasaje. Ahora cobramos la entrada y hemos sumado nuevos asupiciantes, con eso podemos seleccionar a colectivos más caros y de mayor calidad.
¿Bajo qué concepto se eligen a los grupos que vienen al festival?
Deben ser conjuntos que propongan obras experimentales.
Casi simultáneamente se realizan dos festivales escénicos, -uno en Quito, organizado por Humanizarte y otro en Guayaquil, gestionado por Sarao- que sumados al de Manta forman lo que se conoce como una red de festivales escénicos. ¿Cuándo se gestó esta vinculación?
Surge hace seis o siete años como consecuencia de que los grupos que venían a Manta empezaban a circular por otras ciudades del país. Entonces con la gente de Sarao y de Humanizarte decidimos que ya era hora de empezar a organizarse y se estableció la red.
¿Qué le falta a Manta para consolidar su escena teatral?
Hay que continuar con el trabajo generacional a nivel del público, porque el público nunca termina de formarse. La Trinchera desde los próximos días iniciará la construcción de su propio teatro, el lugar se llamará Centro de Artes Escénicas La Trinchera y esperamos seguir desde ahí con lo que hasta ahora ha sido una labor de grupo.
Fátima Cárdenas
fcardenas@telegrafo.com.ec
Reportera - Guayaquil
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