Monseñor Luna vive una etapa más divina que humana. Levita en su oración y habla de su ‘menopausia’ como si nada...
Ofrenda la misa levitando en el altar. Una se acerca a él sin angustia. Él exhala paz, auténtico recogimiento espiritual. Parece de azúcar. Parece derretirse ante mi mirada, pero está más duro que nunca. Implacable con su fe y apacible con su voz.
En la Catedral de Cuenca todos los pocos que aquella mañana, a las 09:30, escuchaban la misa de Monseñor Luis Alberto Luna Tobar, lo hacían como si Dios mismo hablara. Luego, al terminar y caminar por el largo pasillo de la iglesia, cada feligrés lo miraba de manera in-descriptible. Deben conocerlo bien. Deben saber que su presencia re- presenta algo más que un sermón. Deben quererlo infinitamente.
Le propongo la entrevista y vamos a su casa con la solemnidad del cielo.
De sopetón le digo, como para ha-cerlo caer en tentación…
¿Cree usted verdaderamente en Dios? ¿Cómo cree usted en Dios?
Del modo más natural y sencillo, no lo he tenido como una figura misteriosa y oscura, le he visto en las cosas más naturales a Dios y le sigo viendo así. Para hablarle evangélicamente: como se le puede ver a un padre. Desde esa idea se desarro- llan muchísimas otras, relacionándoles con los distintos efectos de la vida y las distintas necesidades de ella…
Y ese momento de decisión… ¿qué supuso para usted?
Lo de la vocación es un proceso muy largo, un proceso que va abriendo horizontes y causando grandes torturas y tormentos en el alma humana, eso se va afianzando. Hay momentos de duda y hay momentos de mayor decisión, pero termina uno por aceptar la vocación que cree que es la propia y trata de aprovechar todo lo que ella le brinda para formarse, educarse y prepararse para afrontar la vida…
Pasando a otra cosa Monseñor y haciendo historia, ¿qué piensa del periodo colonial?
Yo admiro y he admirado siempre, y he criticado también siempre todo lo que la época colonial nos dejó. He criticado en cuanto al mal trato que indudablemente recibieron, en un alto porcentaje, nuestros indígenas, nuestras comunidades, nuestra misma cultura, pero no podemos negar que nuestros indígenas y nuestras comunidades y nuestra cultura fueron beneficiados enormemente por la colonización. El estado en el que estaba América, la América indígena, en el momento que comienza la colonización, era realmente un estado gravísimo…
¿Esa no es una mirada eurocéntrica?
No.
¿Por qué?
Porque no menosprecia en absoluto la realidad, la cultura amerindia, que era el sustrato fundamental de nuestra realidad, es el alma y la fuerza de nuestra esencia. Pero ha evolucionado hasta lo que en ese momento del mundo era lo que imprimía carácter y lo que dominaba, que era la europeización de lo que no era Europa.
Avancemos. ¿Por qué la iglesia católica hizo tanto énfasis en hacerse cargo de la educación?
La Iglesia siempre pensó que su misión evangelizadora comprendía la preparación para el evangelio, educándoles en las letras fundamentales, tal como concebían ellos las letras
¿Cómo era esa concepción?
Era la concepción aristotélica, la teología filosófica del siglo XVI.
¿Y cuál era la pedagogía para transmitir esa teología?
Hay muchos y muy buenos estudios sobre la pedagogía colonizadora en América. Hay muchos estudios preciosos. Yo creo que la mayoría de los esfuerzos que se hicieron fueron grandiosamente profundos, inteligentes y definidores. Es obvio que el procedimiento para enseñar esa pedagogía puede ser discutido.
¿Esa no era una manera de modelar ideológicamente las mentes?
Bueno, eso es evidente. Con la educación hay una modelación de la mentalidad; pero es una modelación para el bien…
¿Absolutamente?
Bueno, hay equivocaciones. Qué teoría no se ha equivocado. O qué teólogo o filósofo no se ha equivocado, todos somos sujetos de errores, de equivocaciones…
Cuando llega la Revolución Liberal, ¿qué implica para la iglesia la ruptura con el Estado?
Fue un momento muy duro, que le ha dolido siempre a la iglesia. Y no creo que haya tenido la culpa ella, allí es el desacierto de algunos políticos que produjo todo eso. Pero gracias a Dios se ha superado.
En los años 60’ surge en América Latina un movimiento, dentro de la Iglesia, la Teología de la Liberación, ¿qué pasó dentro de la Iglesia que hubo la necesidad de que se hablara de una Teología de la Liberación? ¿La otra era una Teología de la dominación?
Esos son términos que podríamos decir que son buenos para la biblio-grafía y para el estudio psicológico de las organizaciones sociales. La iglesia fue siempre muy liberal en cuanto humana, es decir, atendía el fenómeno humano como fundamental; el hombre respetaba al hombre, respetaba su destino, respetaba su misión, respetaba su inteligencia, todos sus valores. Frente a eso se han dado otras actitudes políticas que han tratado de establecer el poder en otras fuerzas, no en esta de respeto a la libertad de la persona, sino en distintas fuerzas. Bueno, yo creo que todos ellos tienen valores y erro-res. Este momento creo que estamos en una situación en la que hemos superado todo eso. Para llegar a superar todo eso vino la Teología de la liberación.
¿Y usted dónde se ubicaría…?
Siempre me han creído y me han llamado teólogo de la liberación; yo siempre he pensado que Cristo vino a liberarnos. Cristo vino al mundo y vivió en el mundo y murió para liberarnos, esa es mi idea y eso es lo que he predicado siempre.
¿Qué diferencia hay entre un jerarca de la iglesia católica y un sacerdote de una parroquia, de un pueblito pequeño?
La única diferencia que entre los dos existe es la misión de cada uno. La misión de un sacerdote en una parroquia es esa parroquia. Un obispo tiene un sinnúmero de parroquias. Esa es la diferencia, la importancia o la clasificación de oficios.
¿Cuál es el sentido humano de un sacerdote cuando trabaja con los pobres y prefiere siempre eso y no otra cosa?
Generalmente uno trabaja en donde le coloca la autoridad y en ese sitio encuentra o en todas partes… aun en las más privilegiadas, ante todo y sobre todo gente necesitada. Es lo lógico y lo fundamental de un sacerdote, es su dedicación a esas necesidades…
Generalmente esas necesidades son materiales, hay pobreza material…
Sí, hay problemas materiales y problemas sociales muy grandes.
¿Cómo llena un sacerdote esas necesidades?
En primer lugar escuchando, oyen-do, atendiendo, viviendo esa rea-lidad, estando cerca, no rehuyéndolas. Estando encarnado en todo eso es que uno puede trabajar, pues si se ve desde fuera, intocablemente, no hace nada ni puede nada…
¿Usted cómo lo hizo?
Entregado. Creo que ha sido mi afán y mi actitud, entregado a vivir la realidad en la que Dios me puso.
El pecado siempre ha sido uno de los ejes en los cuales ha girado la iglesia, hay que redimirse del pecado… el pecado y la culpa…
El pecado es en sí mismo y la culpa es el sentimiento que uno tiene de ese pecado.
¿Eso no ha cambiado con los tiempos, no se han relativizado el pecado y la culpa?
No, se han aclarado mucho más.
¿Por qué?
Porque la responsabilidad de uno le obliga a pensar en lo que hace, en lo que piensa. A discernir y calificar lo que está sintiendo y la relación que eso tiene con lo social.
¿Qué es un pecado hoy?
Todo lo que es alteración del bien.
¿Qué es el bien, entonces?
Lo que llena, llega, satisface. La completa perfección del ser.
¿Usted ha pecado?
Todos hemos pecado. Quién no…
¿Usted ha pecado?
Si
¿Por ejemplo?
Tantas violencias que he tenido en mi vida. Alguna injusticia que pude haber cometido.
¿De cuál se arrepiente?
De todo lo que esté mal me he arrepentido sinceramente y he reconocido.
¿Los dogmas deberían cambiar?
No, constituyen la doctrina.
¿Son inalterables?
Si son declarados dogmas, son inalterables.
¿Quién los declara dogmas?
El Papa y los Concilios.
¿Por qué la iglesia Católica ha sido eclipsada en muchos espacios por ciertas sectas?
Es el atractivo de lo nuevo. Viene una iglesia nueva con una predicación distinta, atrae. Si ese atractivo es fuerte y permanente logra grandes triunfos, si no se acaba, se esfuma. Eso ha sucedido siempre.
¿La católica ofrece vida después de la vida?
Ofrecemos la vida eterna. No lo ofrece la Iglesia. Lo ofrece Cristo.
¿Qué es la vida eterna?
Eso sí que no lo sé. Lo sabré.
¿Ha habido algún momento en el que usted haya dudado de su vocación?
No. Muchas veces me he preguntado: “¿dónde estás señor, dónde estás?”, al ver ciertas calamidades. Luego uno encuentra a Dios donde nunca se imagina.
¿Por qué insistir hoy en el celibato de los sacerdotes?
Es una ley de la iglesia. Si se la quita algún día, ella verá, pero es una ley de la iglesia. La considera más conveniente y más necesaria. Nosotros hemos prometido seguirla.
¿Pero usted qué piensa?
La acepto. Viviendo la vida planificada que tenemos que vivir. Vivir el celibato ha implicado mucho sa-crificio, muchos problemas también.
¿Los casos de pedofilia y homosexualidad en la iglesia tienen alguna relación con el celibato?
No creo. Eso ha habido lamentablemente dentro de la iglesia, en otras iglesias y fuera de la iglesia. Sin embargo, yo creo que no es por la castidad que sucede eso. Es por todo lo que no se tiene para vivir esa castidad como una realización humana, social. Hay que educar el ambiente; educarse uno, también.
¿Por qué la sexualidad, para la iglesia, sigue siendo tratada como un tabú?
No siempre. Cuando la sexualidad lleva a cometer una injusticia o un engaño, es un pecado. Lo que es natural no es pecado.
La Iglesia se opone al control de la natalidad por métodos “no naturales”…
Por eso, porque no son naturales…
¿Y cuál sería el método natural hoy?
Conociéndose a fondo, la validez de los periodos. Eso es cuestión de educación, sobre todo de enseñanza hogareña, de madres a hijas.
¿Solo a hijas?
A hijas e hijos.
¿El placer dónde queda, el placer sexual?
El placer está en lo sexual… mientras haya algo sexual legítimo el placer es legítimo.
¿Y quién estipula que el placer es legítimo?
La propia satisfacción humana.
Le quiero decir ‘solo placer’ sin que ese placer involucre reproducción…
El acto sexual, por ser natural, involucra la reproducción. Si se quiere romper lo natural o excusarse de lo natural, se tiene que ver qué normas o qué métodos se sigue.
Insisto, ¿por qué la iglesia siempre tiene ese poder para hablar, o esa forma de restricción acerca de la sexualidad?
Ella limita el hablar de eso a los ambientes, saber con qué ambiente estamos, porque en un ambiente hay muchas y diferentes culturas, y esa misma palabra puede ser interpretada muy distinta por los demás. La iglesia pide saber en qué ambiente se habla. No dirigirse sin conocimiento del ambiente.…
Pero son precisamente esos ambientes nuevos, abiertos, los que rechazan esa limitación que pone la iglesia…
Bueno, es cuestión de educación y amor. Porque la persona que ama a otra, respeta la paz de la otra, se respetan mutuamente.
¿El placer no existe fuera de ese respeto…?
Sí, no hay más.
¿Qué significa hoy la confesión?
El arrepentimiento de los pecados.
¿Pero eso no se vuelve un círculo vicioso?
Cuando se lo hace sin conciencia sí, tiene toda la razón. Una confesión bien hecha exige arrepentimiento sincero.
Para terminar le recuerdo que le hice una entrevista hace diez años, en la que hizo gala de su humor contándome unos buenos cachos. Le pido que me cuente uno… dubita… y me dice que no se acuerda en ese rato… “que debe ser la menopausia que le ha atacado”.
Nos despedimos.
Me quedo pensando en la menopausia de Monseñor Luna y me río.
Es su mejor cacho.