El presidente honorario de LDU, el símbolo de Liga, devela las claves del club deportivo más exitoso de la década, a horas de la batalla final por la Libertadores.
¿Quién, en su sano juicio, puede resistirse a los llamados del corazón? ¿Quién puede decir “no” al llamado de la mujer amada?
Era 1973, era mediados. Corría una época de dictaduras en la región y Ecuador no era extraño a la ola que se engullía democracias y agriaba climas sociales. La crisis, como espejo, afectaba a un club deportivo que en ese entonces ya era el más querido de Quito: LDU, la Liga capitalina.
“Los blancos”, llamados así por su uniforme enteramente azucena, se desbarrancaban de la serie de privilegio del fútbol ecuatoriano y estaban condenados a ser, literalmente, un cuadro de segunda. Categoría.
Edmundo Rivadeneira, vicerrector de la Universidad Central, “y un gran futbolista”, hizo un par de llamadas y los convocados llegaron. Eran Raúl Vaca, eterno presidente de Liga Deportiva Universitaria, y Rodrigo “El Negro” Paz, hoy símbolo de una institución que está a punto de lograr un hito: ser el primer equipo ecuatoriano que conquiste el mayor trofeo de fútbol del continente, la Copa Libertadores de América.
“Yo fui nomás, sin detenerme a pensar”, dice Paz, en una tarde quiteña sin vestigios de frío pero con amenazas de lluvia. “Fui porque cuando me llaman de Liga es como cuando a uno lo llama la mujer amada: uno no pregunta nada, ni se detiene a pensar en las consecuencias. Uno cierra los ojos.
Y va”, agrega tibiamente, como un hombre felizmente resignado ante el llamado del destino. ‘El Negro’, que no es tan negro, lo dice desde la voz pausada y terrosa que le ha dejado una afección pulmonar. Lo dice como quien sabe que ante llamados así no hay que ponerse eufórico o triste, al acecho o con la guardia baja: “hay que ir nomás”, repite, como la mosca a la dulce miel.
‘El Negro’ entonces fue. Rivadeneira también. Fueron y lograron 3 campeonatos en un año: de la segunda división primero, luego de la serie B y enseguida de la serie A, el primero de dos títulos seguidos (el segundo, en aquel equipo fantástico que hoy se asocia a Juan José Pérez, artillero uruguayo, y Leonel Montoya, estratega paisa).
A ese amor al que vuelve con terquedad contumaz, y del que ya no se irá, le ha dado sus mejores años y desvelos. Pero el amor, tan generoso, le ha devuelto con creces su fidelidad: hoy Liga es una institución modelo, con una infraestructura que envidian otras públicamente (un club con 10 canchas de futbol, 24 de tenis, varias piscinas, un colegio, una concentración moderna) y cuyos resultados, fríos, lo instalan como el club más exitoso de los últimos 20 años.
“Yo asimilo las ideas modernas. No las entiendo, pero acepto su valor. No sé nada de mercadeo, pero gracias a él hoy Liga es una gran marca”
Detalle 1: de los últimos directores técnicos de Liga en una década, cinco fueron campeones: Paulo Massa, Manuel Pellegrini (“un caballero, un señor”), Jorge Fossati (“un poco hosco al principio, pero terminamos muy bien”), Juan Carlos Oblitas (“buen técnico, medio difícil”), y Edgardo Bauza (“desde el primer día congeniamos”).
Detalle 2: Liga ha nutrido la selección nacional en los últimos 10 años como ningún equipo nacional. Además, ha vendido al extranjero media docena de jugadores de primer nivel: Ulises De la Cruz, Nelson Reasco, Franklin Salas, Édison Méndez, Giovanny Espinoza, Carlos Tenorio.
¿Dónde está la clave? ¿En qué reside la fórmula que hizo de un equipo considerado elitista (“erróneamente, pues Liga nace de los chagras de Ambato y de Manabí, de estudiantes de la Central”) el más representativo del torneo nacional? Liga hoy es sinónimo de fútbol eficaz y vistoso. Fútbol en su dimensión más alta: esa desenfrenada pasión de masas que se arrima al arte aunque es “apenas” un deporte.
Paz, sagitariano con las justas (un día más y era de Capricornio), 74 años, mirada acuosa y cálida, rostro picoteado de arrugas y lunares, nacido en Tulcán pero criado en Quito, hijo de Plutarco y de Gloria, padre de Gloria, Verónica y Esteban, tres veces abuelo y nueve veces campeón, dice que no lo sabe.
Lejos, muy lejos de la estampa que el prejuicio dicta para un hombre de su éxito (banquero, empresario, ex alcalde, ex ministro, gurú de cuanta dirigencia azucena se instalara en el mando de Liga), Paz viste, camina y habla como vive: serena, austera, casi mansamente. Se niega a dar recetas y, sin embargo, de a poco las devela...
-Siempre hay una clave, o varias. ¿A cuáles debe Liga el éxito seguido?
A la línea de conducta de su directorio, todos con una misma ética de comportamiento. Mire: Raúl Vaca, presidente honorario de Liga (un honor que comparto) es hoy apenas presidente de una comisión. Y, créame, si le dijéramos que fuese el último vocal suplente de la última comisión, lo aceptaría. Yo mismo no tengo ningún puesto ahora. Es que somos una familia. Yo empecé siendo el último vocal suplente, allá por el año 54...
-Continuidad, como método...
Sí. Pero es más que eso. Es sentido de austeridad, es ausencia de protagonismos, es amor por lo que se hace.
Es valores, pero él se resiste al papel de pontificador. ‘El Negro’ respira, con dificultad, se acomoda en su escritorio sencillo, de una oficina ídem, en el primer piso de un edificio en la avenida Amazonas capitalina. Activa la memoria y cuenta. De valores.
En Liga se tiene paciencia.
“Estuvimos tantas veces abajo. Descendimos. Pero siempre he tenido paciencia. La aprendí de mi padre, el primer cambista del país, que se cayó varias veces, y varias veces recomenzó. Pero las malas rachas pasan”.
¿Solo paciencia?
No, en Liga hace falta valor, y eso que Paz llama “el respeto por las convicciones”, sobre todo en las épocas duras, cuando perder la fe es tentación que a muchos vence.
“Vuelvo a mi padre, otra vez, a su ejemplo. Él tuvo muchas épocas duras…. Ver el espíritu de lucha de mi padre me hizo fuerte. Él fue un luchador toda su vida....Nunca claudicó”
De tal palo: en los inicios de la década de los ’80, el club entró en una crisis severa. Otra vez lo llamó ‘la mujer amada’. Y él fue nomás, de nuevo. Esta vez con Raúl Vaca (¿cuándo no?) y Telmo Ponce. Y lo de siempre: sanearon las finanzas, hicieron el club, enrumbaron al equipo que años más tarde saldría de nuevo campeón. ¿Mérito suyo? No, dice firme: “mérito de Vaca, de Ponce, de Edwin Ripalda, el presidente del club, y de Clemente Vallejo (principal del Banco Popular, prestamista de la obra)”.
Valores. Entender el valor del cambio, no hacerle ‘feo’ a la modernidad.
“Yo asimilo las ideas modernas. No las entiendo, pero sé de su valor. No entiendo de mercadeo ni computadoras. Pero vea: con nosotros, eso representaba el 10% de los ingresos de Liga; hoy representa el 50%. El mercadeo que impulsó Esteban (su hijo) es útil. Liga hoy es una gran marca ...”.
Liga es una marca, los auspiciantes lo saben. Y Paz sabe que lo saben. Así que no le extraña que hasta la UNICEF les escriba y les proponga un modo de asociarse. “Solo tres equipos en el mundo, entre ellos el Real Madrid (con el cual, por cierto, tenemos un convenio de asistencia), llevan el sello de este organismo; ellos los escogen. Tal vez seamos el cuarto. Vamos a reunirnos con ellos y discutir su propuesta”, dice Paz, sin matiz de orgullo en su voz.
Pero no solo en eso escucha. Paz recuerda que Fossati fue producto de una decisión de Esteban, cuando él estaba, en cambio, por contratar a un técnico colombiano. “Esteban me llamó y me dijo: ‘no, papi, el técnico de Liga está aquí. Es Fossati’. Vino y no encajamos, oiga, pero solo al principio... Cuando se fue, por primera vez yo vi a un estadio gritando “Fossati no se va, Fossati no se va”. ..
¿Es su técnico preferido?
Yo lo respeto y aprecio mucho. Liga ha tenido grandes técnicos. Pero escogería a Leonel Montoya, técnico de una gran época. A José Gómes Nogueira, que nos enseñó el valor de la disciplina y la organización.
No claudicar, entender el valor del cambio, ser paciente, ir paso a paso, respetar a los demás y a las propias convicciones... En el listado impensado de los valores que han hecho de Liga lo que es, Paz no olvida uno, que lo emparenta a su rival nacional más odiado y temido: Barcelona.
“Lo bueno se copia. … Siendo yo alcalde, me visitó el doctor Vaca para gestionar un estadio para Liga. Buscamos y encontramos el terreno: 3,5 has. Capacidad para 18.000 personas, pero los socios viendo lo que había hecho Barcelona no querían quedarse atrás. Entonces fui a Guayaquil a ver lo que hicieron, y con la misma empresa contratamos. Lo bueno se sigue…”.
Lo siguieron. Construyeron el estadio. Pero no tenían equipo: “teníamos el teatro, no los artistas”. Así que los dirigentes de entonces recurrieron a la consabida fórmula: llamar a Paz y otros ex presidentes y echarles el equipo al hombro. Ya se sabe: fueron, como siempre. Y desde entonces, salvo pequeños baches, éxito tras éxito. Y hoy, a pocas horas de iniciarse la final de la Copa Libertadores de América, contra otro novato en estas lides (el poderoso Fluminense, de Brasil), ‘El Negro’ Paz sueña...
“Yo siempre quiero algo más. Pero poco a poco, no de golpe. Superando los obstáculos. Somos, ya, por lo menos vicecampeones, pero cuando se llega a estas alturas uno piensa en lo máximo. ¿Lo lograremos? No lo sé. Solo quiero un buen arbitraje. Le tengo un miedo terrible al colombiano (Óscar Julián) Ruiz y al paraguayo Amarilla. Solo quiero un arbitraje justo, que no favorezca a nadie.
¿Es la guinda del postre, después de una trayectoria tan larga?
Han sido largos años de sueños. Estamos por llegar a lo más alto, pero no pensamos en eso.
Usted va camino a estatua si Liga sale campeón…
(Risas) No, no, qué va. Yo comprendo que estos momentos, y el logro si se da, son muy halagadores. Pero prefiero guardar la serenidad. Ahora estamos arriba, pero no siempre es así. Debemos aprender a vivir los dos momentos: gloria y penuria. Todo ayuda.
“Me habría gustado ser un padrino de la mafia. Fantástico eso de que le besen a uno la mano y le digan: ‘quiero aniquilar a este’. Fantástico...”
Bueno, para terminar, le haré el cuestionario El Telégrafo. Y cuando sea de alternativas, escoja una por favor, no se escape.
¿Un artista en general?
Lawrence Olivier, actor fantástico.
¿Un libro?
El Príncipe, de Macchiavello.
¡Quién lo diría! ¿Y de literatura?
Los tres mosqueteros. Me he leído todo Dumas, todo Verne.
¿Un héroe de la infancia?
Superman
¿Y uno histórico?
Eloy Alfaro
-¿Una película?
Lo que el viento se llevó...
No lo hacía romántico a usted…
Bueno, hay otra película, una trilogía en verdad, moderna… Yo les digo a mis hijos que me habría gustado ser un jefe así…
-¡No me diga que El Padrino!
Exacto. Jefe de la mafia les digo que habría querido ser, je, je, je. Me habría gustado ser un ‘Godfather’. Fantástico me parece eso de que le besen a uno la mano y le digan: “necesito aniquilar a tal persona”, jajaja. Eso me parece una maravilla. Fantástico, jajaja, formidable una cosa así…..
¿Qué quiso ser y no logró?
Un gran futbolista. Entrar en la cancha y que la gente me aplauda... También un gran escritor, pero no me entiendo ni mi letra.
¿Una comida?
El ceviche, el de corvina.
¿Un olor?
¡El de la comida, pues!
¿Qué le ve a la mujer primero?
Todo entra por los ojos. Mi mujer se molesta, pero siempre digo que me gusta ver una morena, de buena estatura, piernas largas, sensuales como son las morenas. Pero vea que me gustan las morenas, y yo soy casado dos veces con mujeres blancas y rubias.
¿Un momento memorable?
Mis dos matrimonios.
¿Una frase?
“Tu ves las cosas como son y preguntas por qué. Yo veo las cosas que nunca fueron y digo: ¿por qué no?” Es de George Bernard Shaw.
¿Una virtud?
El valor y la decencia.
¿Una ciudad?
Quito.
¿Un juego de naipes?
¡Pókar!
¿La Liga o ‘La Tri’?
Mmm. Las dos.
¿Drama o comedia?
Comedia.
¿Montaña o mar?
Soy de las dos.
¿Cantinflas o Evaristo?
¡Qué difícil!
¿Cumbia o vals?
Soy negro, pues. Cumbia siempre.
-¿Vino o vodka?
Vino.
-¿Maradona o Pelé?
¡Pelé!
¿Blanco o negro?
¡¡¡Negro pues!!!
Y eso que usted es de Liga. Racista
me salió...
Pero al revés... (risas).
Última: ¿amanecer o atarceder?
Ah, ¡eso depende de con quién!