Tomada de la edición impresa del 08 de junio del 2008

FOTOS: PAÚL NAVARRETE / El Telégrafo

Un católico que se acercó al Budismo

"Por los grandes amigos que he ganado y por aquellos que he perdido y se han quedado, para siempre, en la montaña“.

 
Iván Vallejo, aunque terminó el desafío de los 14 ocho miles, sabe que lo suyo no acaba aquí. Está preocupado por el relevo y piensa que su hazaña será determinante para el apoyo que necesitan los jóvenes montañistas que vienen detrás de él. Ha tenido el cariño de su país. Cuando llegó lo recibieron como héroe, el Presidente le hizo un homenaje, se paseó por las calles de Ambato de modo triunfal. La gente le dice: “Ahí va el Vallejo”. 


Usted siempre habla mucho de sus hijos, Kamila y Andrés. Pero nunca habla de su ex esposa, ¿por qué?
Porque ese es un capítulo que ya cerré, tiene un valor muy importante porque Lorena, mi ex esposa, ha sido una madre estupenda para mis hijos y obviamente en las ausencias le ha tocado fajarse a ella sola con los hijos, indudablemente.


Es como el precio por alcanzar ciertas cosas, hay que sacrificar otras. Las ausencias, por ejemplo.

Sí por ese lado. Pero ella ha sido un aporte fundamental y yo lo reconozco. En ese tiempo de ausencias el afecto ha estado totalmente cubierto con el cariño y los cuidados que Lorena les ha dado. Pero hasta ahí porque tenemos vidas distintas. Qué bueno que toca ese punto, qué bueno. 


¿Cuál es el mayor riesgo a miles de pies de altura cuando se hace montañismo? 
Son dos cosas, en el caso de las montañas del Himalaya las avalanchas de nieve, que lo pueden sepultar a uno y eventualmente el tema de las grietas, que se puede controlar más porque uno va viendo, con cuidado. Pero las avalanchas pueden venir en cualquier rato, de hecho dos amigos míos murieron el año pasado por eso. Estaban durmiendo.


 ”Por los grandes amigos que he ganado y por aquellos que he perdido y se han quedado, para siempre, en la montaña“. Una frase suya.
Exactamente, ahora mismo pudiera contabilizar tres que he perdido.


¿Usted es católico? 
Sí, católico. 

¿De tanto viajar a Nepal no ha abrazado un poco al Budismo?
Claro que sí, de hecho me dediqué mucho a esa filosofía entre el 2001 y el 2002, es algo precioso. Un tiempo hice yoga. Y medito.


Usted decía alguna vez, jugando con el doble sentido, que al aeropuerto de Katmandú llegaban todo tipo de vuelos, y también se emprendían otros al haschís, a la hierba y uno que otro gramo de heroína. ¿Alguna vez experimentó con esos otros ”vuelos“?  
No, ¿sabe que no? Lo decía porque en ese tiempo Katmandú era reconocido por eso. Hay una calle que queda como recuerdo de eso. Y de vez en cuando allí se acerca alguien, en voz baja, ofreciendo haschís.


¿Nunca se enamoró de alguna nepalesa hermosa?
Un par de veces... no, van tres veces realmente. De esas tres veces, dos sabiendo que era imposible por el tema del idioma. Aunque hablo tres o cuatro palabras, con eso no puedes enamorar a nadie.

 

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