Tomada de la edición impresa del 01 de junio del 2008

FOTOS: ALEJANDRO REINOSO / El Telégrafo

Lenin Moreno, vicepresidente de la República del Ecuador.

El vice, en serio y en broma

Después de salvarse de la muerte por segunda vez, el impulsor de la alegría se confesó. Dice que el humor lo ayuda a vivir.

Corría el 3 de enero de 1998, final de la tarde, cuando a Lenin Voltaire Moreno Garcés se le torció el destino de forma inesperada  y su hasta entonces existencia apacible tomó un giro dramático. Se encontraba en Quito, y uno de los muchachos que le había robado previamente el vehículo (sin resistencia alguna por su parte) le disparó a sangre fría, destrozándole la médula espinal y condenándolo a una silla de ruedas para el resto de su vida. Pero eso, en las centésimas de segundo posteriores al balazo, mientras se desvanecía y el dolor todavía no alcanzaba a llegar al cuerpo, Moreno no lo sabía aún.

“La  Vicepresidencia es como un paño de lágrimas para mucha gente. Algunos ni siquiera buscan que le resuelvas el problema, basta con que los escuches y les des un consejo”.


Fue un par de días después, en el hospital, cuando le dieron la noticia de que no volvería a caminar, y a partir de ese momento el dolor sería su acompañante crónico. Quiso morir, pasó cuatro años en cama, enfermándose a cada rato, pero después de unos meses emergió, levantándose del lecho metafóricamente (como el personaje de Javier Bardem, en la película Mar adentro) y volvió a correr libremente sin ataduras. Al menos con su espíritu. Gracias al humor, un tema al que le ha dedicado seis libros. 

El licenciado en Administración Pública nacido en Nuevo Rocafuerte, en la provincia de Orellana; el director ejecutivo de la Cámara de Turismo de Pichincha; el padre de tres hijas, redescubrió su vida a través del humor. Y entonces supo, como aquel filósofo francés llamado Henri Bergson, lo esencial que sería la risa para su vida de ahí en adelante.

Hoy, para el vicepresidente Lenin Moreno (nadie lo llama Voltaire), Chaplin y los hermanos Marx son tan importantes como la Revolución Ciudadana y la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. Por eso creó la fundación Eventa, para hacer del humor no un divertimento pasajero sino todo un estilo de vida.

Diez años más tarde, sin el menor asomo de autocompasión, la vida de Moreno es tan agitada como el que más. Un día se traslada a acompañar a los discapacitados en una marcha; el otro va a presidir un acto en una institución dedicada a atender a niños enfermos de sida.

Pero ahora está tranquilo, en su despacho. Sin la carga onerosa de los guardaespaldas, aunque sí con el ajetreo de los asistentes que aparecen y desaparecen sin cesar por pasillos laberínticos. Cuando se le pregunta al vice (así lo laman los de su entorno) que cómo anda su ritmo, contesta, con una sonrisa: “Ahí, como para enfermarse de nuevo”.

Y es que Lenin Moreno estuvo unos días en estado crítico, con una septicemia de la que se libró casi de milagro. Y de la que los diarios casi no hablaron.

¿Cuál es el mayor reto en cuanto al trabajo con discapacitados?
Está, por supuesto, el de crear un sistema que permita generar un Ecuador sin barreras, como llamamos nosotros; facilitar la atención integral a las personas con discapacidad, dotar de ayudas técnicas, sin ningún costo, para que se equiparen oportunidades; está también la  capacitación, la creación de centros de acogida para aquellos con discapacidad intelectual profunda, el apoyo a las ciudades para que se vuelvan amigables, accesibles; el generar centros de estimulación temprana para que los niños y jóvenes que tienen una discapacidad de nacimiento tengan la oportunidad de desarrollar todas sus potencialidades. Todos tenemos en algún momento de nuestras vidas un tipo de discapacidad, ya sea leve o profunda y esa es la diversidad que hace maravilloso al mundo. 

A usted le interesa el asunto de las ciudades amigables, también una preocupación de la arquitectura de hoy.  La sociedad moderna olvida que los  discapacitados necesitan sus propios espacios, en el transporte, las áreas de recreación... ¿Cuáles son los avances en ese tema?
El año pasado  yo firmé, en nombre de Ecuador, la Convención de las Naciones Unidas para los Derechos de las personas con discapacidad (un protocolo facultativo para poder ejercer adecuadamente) y ya fue declarada política de Estado por el Presidente. Fuimos casualmente el  vigésimo país (se necesitaban 20 países) para establecer el pleno ejercicio de las personas con discapacidad en cualquier parte del mundo. Es decir, a partir de ese hecho ya tenemos la base legal, las normas jurídicas para transversalizar su atención. Ya podemos empezar a exigir que en todas las instancias de la vida institucional pública o privada del país se tome en cuenta a las personas con discapacidad. Es decir que cuando se construya un edificio, se piense en ellas; cuando se haga una calle, un centro de recreación,  un centro de salud, o hasta los servicios  higiénicos, siempre se piense en los discapacitados.  Esto es importantísimo para, desde la base misma, poder equiparar las oportunidades. Además el Gobierno debe dotar con toda la ayuda técnica posible: sillas de ruedas, prótesis, bastones, audífonos. Que todos los ecuatorianos sepan que tienen ese derecho.

¿Qué ha pasado con sus libros sobre humor?
Bueno, tengo tres o cuatro sin publicar. Por delicadeza no lo he hecho durante mi gestión, pero inmediatamente que salga de la gestión política, que espero que sea pronto...

¿Pronto? ¿Ya se saturó de la vida política?
No saturado de servir, de acompañar a este líder que es el Presidente,  pero sí extraño de alguna manera esa actividad donde tienes tu completa libertad, dedicarte exclusivamente al humor. 

Humphrey Bogart decía que no había ningún problema en la vida, por grave que fuera, que no se resolviera con un trago doble de whisky en las rocas. Usted, en cambio, piensa que cualquier problema es salvado mediante el humor, ¿es cierto?
Es que tú mejoras cualquier situación a través del humor. En la vida hay situaciones buenas, de mediano calibre y definitivamente malas, y todas son mejores si le pones fe y optimismo.  La materia está diseñada para disfrutarla, o padecerla, tú eres el que escoges...

(En eso entra uno de los asesores: es inevitable. El Vicepresidente pregunta: “¿Podemos parar un momentito?”. Claro, paremos. Igual que aparece, se esfuma por un salón posterior).

¿Cuáles son los humoristas universales que usted aprecia más?
En forma particular, Chaplin, es el que más me llega. Y los dibujantes, ¿no? Quino, Fontanarrosa, Caloi, Rius, Mingote, José Guadalupe Posada, extraordinarios. En Ecuador, Pancho, ¿cómo se llama el de ustedes?

Lucas...

También me gustan algunos cómicos de escena: Ernesto Albán, Lucho Mueckay, Tuco y Manuco. El mismo Mozart tenía un gran sentido del humor, sobre todo en La flauta mágica. Pero a lo mejor tú quieras hablar un poco más sobre los efectos benéficos del humor. 

Sí, adelante.

Bueno, los momentos felices pueden ser reforzados más si se los toma con humor. Y los malos pueden ser amortiguados en su sufrimiento. Es por eso que muchas veces los pueblos que se ven traicionados por sus gobernantes les hacen caricaturas, les hacen grafitis, les ponen apodos, que tienen como propósito castigar a quienes los han defraudado. El humor no es necesariamente reírse, es estar a gusto con uno mismo. Es un mecanismo de defensa contra las vicisitudes que nos presenta la vida. 

¿Usted cree que el pueblo ecuatoriano es pesimista?
Sí, nos han vuelto pesimistas los continuos golpes, los feriados bancarios, qué sé yo; la traición a los principios durante las campañas, eso ha hecho que el pueblo pierda fe. La Asamblea  está sacando mandatos, normas que brinden seguridad jurídica, que devuelvan la fe en el futuro. Nosotros desde la Vicepresidencia proponemos un cambio de actitud.

¿En su caso el humor lo traslada a sus colaboradores o puede perder la tabla con frecuencia?
El comportamiento de uno no es lineal, hay altas y bajas, pero lo importante es la capacidad en los momentos de excesiva euforia de regresar a los límites normales, y en los momentos de pesar, de ira y decepción también regresar al punto normal.

Cuando el candidato Correa lo llamó para integrarlo a su fórmula, ¿en algún momento vaciló?
Sí, cómo no, sí, sí, sí. Quienes no hemos participado nunca en política le tenemos un poco de temor por todo lo que implica. En Europa hay un chiste con eso, que dice que la política es tan fea que a la suegra se le llama la madre-política (Ríe). Pero si la interpretas como un mecanismo de servicio a la comunidad, ese momento te encuentras con su parte agradable.  

¿Cómo congenia su temperamento, reposado y analítico, con el del Presidente, más explosivo?
No te olvides de que los temperamentos corresponden un poco a la edad; yo soy mayor diez años que el Presidente. Él es un hombre frontal al que le gusta que las transformaciones se den lo más rápido posible; yo soy más reposado, es verdad, mi temperamento es más flemático. Pero lo importante es el respeto que nos tenemos el uno al otro. En algún momento en que uno quiere cambios más vertiginosos desearía tener el temperamento del Presidente de la República. Pero jamás hemos tenido una dificultad. Siempre me escucha.

¿En los puntos en que no está de acuerdo con él le dice las cosas o se las guarda? 
Yo soy muy respetuoso con su forma de pensar, pero si no estoy de acuerdo en algo se lo digo muy frontalmente.

¿Y sí lo escucha?
Bueno, nosotros no hablamos con mucha frecuencia, una vez a la semana nos reunimos y le manifiesto mis opiniones. Él siempre escucha con mucha atención. Si considera que la sugerencia que le he hecho es pertinente, entonces toma rápidamente la decisión.

¿Cómo cambió para usted el asunto de disfrutar el turismo después de su accidente en su actual condición de discapacitado? 
Las personas que hagan un hostal, un sitio de recreación turística deben pensar en cómo un discapacitado podría disfrutar del turismo, uno de los grandes alicientes de la vida. Creo que todo parte de asumir esa transversalidad de la que hablábamos.

¿Cómo encajó eso de manejar un presupuesto que era para la Vicepresidencia de alrededor de un millón de dólares, al actual, mucho mayor?  
El presupuesto corresponde con los proyectos; el de la Campaña de la Alegría, por ejemplo, es más bien pequeño en relación con otros. El Presidente ha dicho que el Estado no escatimará un solo recurso  en la atención a las personas con discapacidad. En la campaña que lanzamos para la dotación de ayudas técnicas nos topamos con que la realidad es mucho más amplia de lo que nosotros habíamos hecho.

Dicen en los mentideros políticos  que aquellos que acuden al Presidente con alguna petición y no le paran mucha bola, esperan un tiempito y acuden a usted tratando de lograrla. ¿Es verdad? 
(Ríe) La verdad es que la Vicepresidencia es un paño de lágrimas para mucha gente y ni siquiera a veces espera que le resuelvas el problema, pero créeme  que con escucharlos ya es bastante para ellos, y si es que se les puede dar un buen consejo y ayudar, se hace, por supuesto.

¿En el tiempo que usted lleva como Vicepresidente hubo algún momento en que pensó dejar su cargo?
Siempre tienes momentos malos, en los que sientes que las cosas no caminan, ya sea por fallas de la burocracia, de asignación de presupuesto, o propias; uno dice: ¿qué hago aquí?, quiero regresar a mis actividades particulares. Pero no, el agradecimiento y el afecto de la gente me llevan siempre a seguir adelante.

¿Cuáles cree usted que son las falencias de este Gobierno, los temas en que avanza más lento? 
Bueno, hay limitaciones, ¿no? 

¿Tema petrolero? ¿Minero?
Me acuerdo bien cuando el presidente Correa dijo en un gabinete: “Yo quiero que los problemas de Ecuador se solucionen totalmente”. Si no estamos en capacidad de resolverlos en su totalidad, mejor nos vamos a la casa y dejamos que otra persona lo haga. Y así lo estamos tomando.  
David Sosa
dsosa@telegrafo.com.ec
Editor-Séptimo Día

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