Tomada de la edición impresa del 12 de octubre del 2008

Kléber Garrido: “Debemos evolucionar a la par de los narcotraficantes”

Los policías Édison Enríquez y Juan Carlos Fuentes hacen uso del ión escáner en una carga de madera Teca. | FOTO: Francisco Ipanaqué

FOTO: Francisco Ipanaqué

Los policías Édison Enríquez y Juan Carlos Fuentes hacen uso del ión escáner en una carga de madera Teca.

Garrido encargado del “Proyecto de Control de Contenedores”, lleva la batuta en el grupo antinarcóticos en la aduana del Puerto Marítimo.



Cuando la ropa impregnada con cocaína llega a las manos del narcotraficante empieza un proceso que parece sacado de una película de ciencia ficción.

Las prendas se lavan con químicos que separan las moléculas de droga del tejido de la tela. Luego de otro par de procesos que envuelven más tubos de ensayos se obtiene el producto: clorhidrato de cocaína que, luego de ser refinada, alcanza en Europa un valor de entre 40.000 y 60.000 euros el kilo
Pareciera que a la hora de ingeniarse maneras de enmascarar las drogas, la imaginación de los narcotraficantes es un globo de aire caliente que se eleva sin límites. Pero, ¿cómo se combate a una realidad que en repetidas ocasiones supera a lo que se puede apreciar en el cine?
Pareciera que la unidad antinarcóticos de la Policía Nacional ha encontrado la respuesta.

Desde perros con entrenamientos basados en el reflejo condicionado de Pávlov, hasta escáners de iones y cámaras microscópicas de fibra óptica esta unidad se ha armado con la tecnología y los métodos necesarios para contrarrestar las técnicas de los ‘narcos’, maestros de las prácticas del camuflaje.

“Vamos a la par de los traficantes. Nuestros sistemas evolucionan de acuerdo a eso. La clave es estar un paso adelante de lo que ellos piensen hacer”, dice el teniente Kléber Garrido.  Su voz tranquila contrasta con su fuerte corte militar y su mirada penetrante.

Garrido es quien lleva la batuta en el grupo antinarcóticos en la aduana del Puerto Marítimo. También se encarga del “Proyecto de Control de Contenedores”. Tiene 36 años y lo primero que hizo luego de graduarse fue enrolarse en la Policía. No obstante, hace ocho años  dejó a un lado el uniforme de color café claro y el tolete para especializarse en la rama de los antinarcóticos.

El teniente se embarca en una camioneta plateada y se dirige hacia el área de los contenedores para demostrar  su método más infalible a la hora de detectar estupefacientes en el interior de las cargas: los perros.

Al llegar al lugar, aparte de un cielo azul y sin nubes, el único mosaico que se repite es el de los contenedores, aquellos rectángulos metálicos de 40 y 20 pies que contienen frutas, flores, licores, ropa y una lista interminable de artículos variados que hacen aún más difícil el trabajo del escuadrón. 

“Muchas veces los mezclan dentro de los licores. Los meten en el fondo de las cajas, en el café, dentro de las frutas. En los lugares menos probables que se pueda imaginar. Es por eso que tenemos que entrenar constantemente a nuestros canes”, dice el subteniente  Jaime Salgado.

En sus 5 años de experiencia en el campo, Salgado ha sido testigo de métodos de camuflaje que lo han dejado boquiabierto. El hombre desconfía hasta de su sombra y ya nada parece sorprender.

De pronto, entre el sonido ensordecedor de los motores de las grúas, se filtra un ladrido. Un cocker spaniel de pelaje dorado llega acompañado de su guía.

Las cajas de productos se ponen en una larga columna. Los oficiales mezclan en los productos un pequeño paquete de cocaína para la práctica.

El guía botea una pelota de tenis y amaga que la lanza dentro de los paquetes. El animal eufórico comienza a rodear las cajas y en pocos segundos, comienza a rasquetear el lugar exacto donde se encuentra la droga.

“Es por reflejo, el perro lo que busca es su pelota, cuando en realidad, sin saberlo, está localizando la droga. Pueden encontrar estupefacientes en cargas calientes o en cargas heladas (camarones, flores, etc), y distinguir entre cualquier olor”, afirma Salgado.

Prueba de esto fueron las dos toneladas que estos perros detectaron el año pasado en el operativo “Marruecos”, en un contenedor dentro del puerto marítimo. La droga estaba mezclada en pimienta y en clavos de olor.

Otro de los eslabones importantes dentro de la unidad antinarcóticos es la división de hombres rana. Salgado es el encargado de dirigir el escuadrón que, en horas de la madrugada, revisa los cascos de los barcos para detectar irregularidades. En ocasiones, se han encontrado varios kilos de droga pegados a las rejillas de los cascos del barco.

“Es muy fácil que un buzo se pierda debido a la oscuridad de estas aguas. Los buzos deben ir palpando con las manos todo el casco, lo que les puede tomar más de hora y media”, afirma el cabo segundo Roger Rodriguez, uno de los miembros del equipo.

Sin embargo, concluidas las prácticas, el teniente Garrido comenta que los procesos y la tecnología no servirían para nada de no ser por un factor imperante en un escuadrón antidrogas: la honestidad.

“En varios países se da muy seguido el tema de las coimas y la corrupción. Lo importante es tener la idea de que esto es un servicio para el país y para la humanidad entera. Verlo desde ese punto tan global evita que te seduzcan cualquier tipo de insinuaciones”, asegura.
Maximiliano Delgado
mdelgado@telegrafo.com.ec
Reportero - Guayaquil
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