Cientos de caficultores dejaron sus fincas por los malos precios. Hoy la actividad retoma su espacio.
Los devastadores resultados que dejó el fenómeno El Niño en el 1998, más el cambio del sucre por el dólar en 2000, fueron los principales factores para que cientos de caficultores abandonen sus fincas para emigrar a las ciudades o dedicarse a otras actividades en el agro ecuatoriano.
Uno de ellos fue Carlos Jaramillo, pequeño caficultor del recinto Las Pajitas de la parroquia Cascol en Paján, provincia de Manabí, que junto a varios productores del sector dejó sus cafetales por la mala cosecha que tenía y por los bajos precios que no le representaban ningún beneficio rentable.
Contó que en ese tiempo tenía tres hectáreas de café que lo ayudaban a subsistir en su hogar, pero con El Niño abandonó las plantaciones cafetaleras y se dedicó al cultivo de papaya, porque “su precio era bueno, no había plagas y era más rentable”.
La misma situación pasó el presidente de la Organización Bienestar y Progreso de Las Pajitas, Jorge Ponce, que a finales de 1998 emigró a las zonas urbanas, ya que no tenía dinero para mantener los cafetales.
Actualmente hay instituciones y programas agrícolas que ayudan a los productores a nivel nacional
Pero una vez que sus hijos terminaron sus estudios regresó con su esposa a trabajar en el campo, pese a que en ese entonces el precio del grano era de 8 dólares el quintal.
Hace tres años ambos agricultores retomaron la actividad, y con la ayuda del Consejo Cafetalero Nacional (Cofenac) incrementaron sus hectáreas y la producción de café.
“Tengo dos hectáreas de café arábigo y con eso el año anterior cogí 20 quintales por parcela, que me dejaron 600 dólares, menos el pago de trabajadores y limpieza del terreno, me quedó una utilidad de 200. Pero este año pienso cosechar algo más, porque la producción será mayor, gracias al invierno”, dijo Ponce.
Según contaron los agricultores, en 1998 habían en Cascol 1.370 hectáreas dedicadas al cultivo de café, pero con el abandono de la actividad, esa cantidad bajó a 400. Ahora, con los programas de apoyo del Cofenac, se sumaron 400 más, es decir que actualmente hay 800 hectáreas.
Y con esos antecedentes, la reactivación nacional del café empieza a tomar fuerza en 20 de las 24 provincias del país, luego de haber desaparecido más del 50% de las fincas cafetaleras con la crisis.
Según datos del Cofenac, actualmente existen más de 219.612 hectáreas cultivadas del grano -148.357 de la variedad arábigo y 71.255 de la robusta- de las 400.000 que habían a principios de la década pasada.
La actual producción de café en el país está por los 650.000 sacos de 60 kilos de café, de los cuales 450.000 quintales del grano son exportados y 200.000 van al mercado local, cantidad que no abastece a la industria nacional, que requiere alrededor de 1’200.000 sacos anuales del grano, principalmente de la variedad robusta, que no produce demasiado el país.
“Por eso las compañías se ven obligadas a importar cerca de 700.000 sacos del grano desde Vietnam -entre robusta y arábigo- a fin de cubrir esa necesidad”, mencionó Richard Palma, técnico del Cofenac.
Pero con el programa de reconversión de fincas cafetaleras, que ayuda a 1.200 familias agrícolas de Manabí, El Oro y Loja, se estima que en 3 años los 1.200 cafetales por renovar abastezcan parte de la demanda industrial.
Por esto el proyecto del Cofenac, con ayuda de organismos no gubernamentales, que lleva 9 meses en ejecución, tiene como objetivo capacitar, dar asistencia técnica e incentivar la renovación de cafetales que tienen 20, 25 y 30 años de vida, brindando semillas y fundas gratis a muchos.
Además, los agricultores reciben animales de crianza y semillas de hortalizas -para el tema de seguridad alimentaria- y de especies forestales, ya que el café crece sin problemas en sistemas agroforestales, para ayudarlos a solventar en algo sus economías.
“Por ejemplo, en Manabí tenemos los 400 productores que están en el plan de renovación, unos ya tienen sus viveros, mientras que otros ya los plantaron en sus terrenos. Por eso el compromiso es renovar mínimo una hectárea de café”, explicó Palma.
En la Amazonia la situación no fue diferente. Luis Tandazo, presidente de la Comisión Agropecuaria de Orellana, recordó que en 1996 la zona amazónica dedicada al cultivo de café perdió grandes extensiones, debido a la baja en el precio a nivel internacional.
Sin embargo, el empeño de los agricultores y la colaboración del Gobierno, en el 2002, reactivó la actividad.
Unas 1.200 fincas cafetaleras se renovarán en varias zonas agrícolas de las provincias de Manabí, Loja y El Oro.
Tandazo comentó que luego de insistir, el Gobierno de ese entonces entregó recursos por 11’170.000 dólares para reactivar 22.000 hectáreas de café en Orellana y Sucumbíos.
Sin embargo, la ejecución de los proyectos inició a finales del 2004. Un año más tarde el Instituto Nacional de Capacitación Campesina (Incca), creó los programas Proera y Pronapo, mediante los cuales se ha ayudado a alrededor de 27.000 campesinos.
El Gobierno también tiene un proyecto para reactivar la producción de café, que consiste en incrementar 50.000 nuevas hectáreas (25.000 de arábigo y 25.000 de robusta), en diversos sectores del país.
Para Cléber Morán, que lleva más de 40 años ayudando a los caficultores, el plan debe ejecutarse en zonas de Manabí, Loja –principalmente por su agroclima-, El Oro y Bolívar (en Echeandía y Caluma).
“Con 50.000 nuevas hectáreas, con un buen manejo, en términos promedio se tendrían 20 quintales oro por hectárea, que multiplicándolo por 5, darían 100 quintales de café en grano cosechados. Hoy solo se obtienen entre 40 ó 50 quintales”, dijo Morán.
Por tal razón, a mediano plazo, la iniciativa gubernamental, que está dentro del Plan de Reactivación Agrícola, pretende duplicar la producción cafetalera para conseguir 1’200.000 sacos a fin de abastecer la industria local.
Pero hasta que el Ministerio de Agricultura ejecute el ambicioso proyecto, la actividad cafetera goza de buenos precios. El quintal del producto se cotiza en 110 dólares, promedio.
(GMP - JMT)