Tomada de la edición impresa del 03 de agosto del 2008

La arena sirve como muelle a los pescadores artesanales

Los pescadores artesanales de la playa de Tarqui, Manta, trasladan la pesca en tablas y en ocasiones en el hombro desde la embarcación hasta improvisados lugares donde la venden. | FOTO: ALFREDO PIEDRAHITA / El Telégrafo

FOTO: ALFREDO PIEDRAHITA / El Telégrafo

Los pescadores artesanales de la playa de Tarqui, Manta, trasladan la pesca en tablas y en ocasiones en el hombro desde la embarcación hasta improvisados lugares donde la venden.

Análisis

Rafael Murillo

Director Ejecutivo de la Cámara Nacional de Pesquería

El bebeficio será para todo el sector

La Cámara Nacional de Pesquería agrupa a la flota pesquera, industrias y plantas procesadoras de pescado, y los muelles que se construirán son para la flota artesanal, cuyo producto tiene dos mercados: el consumo interno y la exportación de pescados frescos o congelados.


Pero de manera indirecta, la construcción de los muelles pesqueros beneficia a todos los relacionados a esta actividad, porque tener infraestructura con normas de higiene superiores a las actuales da buena imagen al sector pesquero del país.


Desde ese punto de vista es buenísimo, y ya era ahora de que alguien se ocupara de este sector.


Es buena la gestión que ha realizado el Subsecretario de Recursos Pesqueros con el Gobierno Nacional.


Además este plan es parte del reforzamiento de la calidad sanitaria en general de los puertos pesqueros en el país, pues se acoge a las recomendaciones realizadas por la Unión Europea (UE), que en el 2005 efectuó una revisión a la cadena de producción y comercialización pesquera y camaronera de Ecuador.

Cada embarcación trabaja con 24 personas, quienes una vez terminada su faena limpian los peces en la orilla de la playa.


 
En la playa Tarqui de Manta, provincia de Manabí, la jornada de los pescadores inicia a las 04:30 de la mañana. A esta hora las pangas (lanchas) arriban hasta la orilla del balneario luego de 20 días de labor de pesca.

Entre todos traspasan su pesca a las orillas de la playa para continuar su trabajo.

La mayoría de los pescadores heredan esta actividad a sus hijos, muchos niños desde los 7 años acompañan a sus padres a trabajar en las playas. Algunos colaboran en la limpieza de la playa, mientras otros, con más edad, trasladan los peces limpios hasta las camionetas que transportarán el marisco a los mercados.


Pedro Mera Castro, de 52 años de edad y 44 como pescador, comenta que la jornada es incierta, pues en el transcurso de los 20 días las familias de los pescadores no saben si sus parientes regresarán o si las aguas del Pacífico se los han arrebatado.


Cada embarcación trabaja con 24 personas, quienes una vez terminada su faena limpian los peces en la orilla de la playa.


En fila colocan los picudos, albacoras, dorados y rabón; sacan sus vísceras, las cuales son entregadas a las empresas fabricantes de balanceados.  Estos limpian el espacio de la playa que fue ocupado para la limpieza de los mariscos.


Muchas pangas arriban al lugar con una carga de entre 30 y 60 pescados, de diferentes pesos y especies; algunos llegan a pesar hasta 220 libras. “Cuando llegan peces grandes nuestra jornada de trabajo es buena, ya que vendemos cada libra a 1,20 ó 2 dólares, dependiendo de cuántos pescados cogimos”, destaca. 


El pescador comenta, además, que todas las personas y familias que se dedican a esta actividad ganan dependiendo de la cantidad de pescados que capturan.


Cada grupo de pescadores invierte hasta 8.000 dólares en esta labor. Este valor lo utilizan en la compra de alimentos para los 20 días de faena, gasolina para la embarcación, aceite y materiales de pesca.


Las ganancias que obtienen van desde los 2.000 hasta los 15.000 dólares, dinero que es repartido entre todos dependiendo del trabajo que haga cada uno.


A decir de Mera, la mejor época para la pesca es desde mayo hasta noviembre. (JMT)

 

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