Tomada de la edición impresa del 27 de julio del 2008

Crimen de mujeres, último peldaño en la violencia de género

Shirley Flores, acudió la semana pasada a la Comisaría de la Mujer del Guayas para denunciar los golpes que le propinó su pareja. | FOTO: FRANCISCO IPANAQUÉ / El Telégrafo

FOTO: FRANCISCO IPANAQUÉ / El Telégrafo

Shirley Flores, acudió la semana pasada a la Comisaría de la Mujer del Guayas para denunciar los golpes que le propinó su pareja.

El denominado feminicidio en Ecuador está relacionado con las agresiones de carácter intrafamiliar.



El cliché “Pegue o mate, marido es” dejó de ser una simple frase para las 29 víctimas de homicidio intrafamiliar que se registraron hasta mayo de este año y de las cuales se estima que el 75% es de mujeres, según el Informe de Política Penal del Ministerio Público ecuatoriano.

Todas esas féminas fueron asesinadas por sus convivientes, ex parejas o parientes que no las agredían por primera vez, pero que en esta ocasión llegaron hasta el último escalón de la violencia intrafamiliar: el feminicidio íntimo o crimen por razón de género.

Allí, en esos registros, quedaron los casos de Ángela Holguín o María Alexandra Reategui, fallecidas este año en circunstancias violentas cometidas por sus convivientes. Ambas previamente ya habían sido agredidas con gritos y golpes, pero aun así regresaban con sus parejas.

Según la doctora Tania Moreno, fiscal de Delitos Sexuales del Ministerio Público, los índices de feminicidio han ido en aumento en los últimos años. Explica que en el 99% de los casos, estos crímenes se han dado dentro de un proceso de repetición sistemática de violencia, “es excepcional que se dé en la primera agresión hacia la mujer”.

Es esa característica, la de la agresión constante, la que precisamente provoca el denominado “feminicidio íntimo”, aquel cometido por una persona cercana a la mujer y que, para la abogada Ángela Naranjo, de la Comisaría IV de la Mujer en Guayaquil, es ese agresor que “considera que el afecto varonil se expresa a punta de golpes y lo da a notar como rutina. Es ese que sí piensa con base en el dicho: pegue o mate, marido es”.

Ella trabaja desde hace cinco años en atención a la violencia hacia las mujeres y ve cómo el promedio de 50 denuncias mensuales que recibe no  disminuye, pero tampoco las víctimas hacen un seguimiento.

“Aquí vienen  solo a sacar la medida de amparo o boleta de auxilio por varias ocasiones y luego siguen aguantando los golpes, los insultos y finalmente los machetazos o las puñaladas”, afirma. Y añade que en Ecuador se ha invisibilizado el feminicidio porque ni la propia mujer llega a notar que “su vida está en peligro de muerte, con tan solo una vez que la golpee el hombre”.

5.800 es el último registro de feminicidios en América Latina y la ONU lanzó una alerta por el tema.

Lo que dice se comprueba visitando el lugar. Allí la semana pasada acudieron Shirley Flores y Glenda España a denunciar a sus parejas. La primera por el rompimiento de su nariz tras una disputa, pero Glenda iba por algo más grave.

Ella lo del rompimiento de la nariz ya lo conoció hace un año, pues también denunció eso en la Comisaría. “Ahí me dije: ya no a voy volver con él, pero pensé en mis hijos y él dijo que cambiaría y volvimos”.

Pero cuando se le pregunta por qué retorna a la Comisaría, Glenda responde, ya con los ojos acuosos y la voz entrecortada: “es que ahora es por agresión sexual y sicológica... ya una vez me prometió que me iba a matar, no sé qué pasará ahora”.

Lo que ella no sabe sí lo supo Ángela Holguín. A ella su esposo le hizo “una promesa de cambio”, según recordó Liz Paladines, amiga de la víctima. Ese compromiso lo logró “mediante el talento de la palabra y el fuerte poder de convencimiento que tenía. Así hizo que ella lo perdonara”.

El pacto terminó con el asesinato de Ángela luego de las cuatro puñaladas que le efectuó su pareja, Lorenzo Andrade, quien se suicidó tras el hecho cometido.

Su caso no es excepcional ni nuevo. El único estudio a fondo que existe sobre este tema en el país se realizó solo en la capital. El libro “Feminicidio o el riesgo mortal de ser mujer: estudio exploratorio en Quito, años 2000 - 2006”, demuestra que en la capital en ese período se dieron 204 homicidios - feminicidios.

Pero no solo demuestra eso, sino, además, que “el 41% de esos hechos lo efectuaron individuos cercanos a esas mujeres y eso da un indicio de que en nuestro país estos hechos están más vinculados a la violencia intrafamiliar”, dice Karina Argüello, directora de la Dirección Nacional de Género.

Esa dependencia gubernamental es una de las principales encargadas del Plan Nacional para la Erradicación de la Violencia de Género que se lleva a cabo en el país desde el pasado 10 de septiembre cuando el presidente, Rafael Correa, decretó que atacar la violencia de género debe ser política de Estado.

Argüello acepta que en términos de feminicidio “el país aún no ha logrado una conciencia clara porque ni siquiera se contabiliza y separa la muerte femenina según esa categoría. Por eso uno de nuestros retos es tener un sistema único de registro que nos diga cuál es la incidencia real de la violencia intrafamiliar como causante del feminicidio”.

Por ahora lo que se está haciendo es trabajar interinstitucionalmente en cuatro ejes centrales: el cambio de los patrones socioculturales discriminatorios; un sistema nacional de información y registro de casos de violencia; sistema integral de protección a niños, adolescentes y mujeres víctimas de violencia; y acceso a la justicia para las víctimas, con hincapié en la gratuidad y celeridad de los trámites.

Verónica Burneo, coordinadora de Violencia de Género del Fondo de Desarrollo de  las Naciones Unidas para Mujeres (Unifem por sus siglas en inglés), señala que el principal  reto del plan debe ser el eliminar esos estereotipos de masculinidad presentes en el imaginario social.

“Aquella idea del machismo donde la mujer es objeto sexual provoca que el grado de feminicidio aumente y, en el caso ecuatoriano, ese rol estereotipado es muy fuerte”, afirma Burneo. Pero recalca que no solo provoca una reacción del hombre hacia la mujer, sino que origina que la propia fémina considere “justificada la agresión inicial que podría culminar en su crimen”.

Incluso la última encuesta Endemain sobre la violencia física a las mujeres, demostró que, de 9.576 entrevistadas, al menos 2.682 (el 27,5%) aprobaría la violencia física si es que su pareja se entera de que ella sale con otro.

Pero, además de eso, de acuerdo con reportes de la Dirección Nacional de Género, en el 2007, de las 66.450 denuncias de violencia intrafamiliar, solo el 9% tuvieron sentencia. El resto se abandonaron.

Para la abogada Ángela Naranjo eso se da porque “incluso después de ser atacadas no entienden que pueden terminar sin vida y deberían prevenirlo. Pero se van y perdonan los golpes, literalmente, hasta la muerte”.

Por Mariuxi León y Lucía Real, Quito
Redacción Quito
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