Tomada de la edición impresa del 03 de agosto del 2008

Reviven las emociones en la radio

Tanto las  radionovelas como el teatro por radio marcaron una época en el país.  | FOTO: ARCHIVO / El Telégrafo

FOTO: ARCHIVO / El Telégrafo

Tanto las radionovelas como el teatro por radio marcaron una época en el país.

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El dramatizado radial, uno de los géneros más populares de su época, amenaza con retomar su esplendor.


 
Suena la música de Titanic y una pareja de jóvenes actores guayaquileños, del grupo Jhamcs, intenta revivir (con una adaptación al radioteatro) uno de los géneros más privilegiados por las amas de casa de los años 40, 50 y finales de los 60, que las mantenía pegadas a los transistores (y a sus esposos), con historias inolvidables como El derecho de nacer, El collar de lágrimas, Doña Bárbara, El precio de un pecado y tantas otras que auspiciaban productos como Camay o Pepsi Cola. 


En el escenario del estudio Julio Jaramillo, de Radio Cristal, noveles actores como Hugo Rivas, Armando Ríos y Margarita Valverde (que no vivieron la gloria del género) se dieron a la tarea de revivirlo. 


-¡Romeo, Romeo! ¿Quién te ha arrebatado tu dolorosa vida?, pregunta Margarita Valverde en su interpretación. Salen a escena los domingos, en vivo, ante un estudio lleno, con un público atento hasta al más mínimo suspiro de los actores.


La idea de estos dramatizados en Radio Cristal la tuvo  Hugo Rivas (discípulo de los talleres de José Martínez Queirolo). Él recibió el apoyo de experimentados radiodifusores, como el director Fernando Padilla y el locutor Guillermo Albuja, quienes le dieron a su grupo un segmento dentro del programa Mediodía dominical.


Padilla echa a volar la imaginación y recuerda los episodios inolvidables de la novela Camay. “Ellos son jóvenes, no conocieron lo que fue aquello”, comenta. “Pero yo les doy cuerda porque están muy entusiasmados”.


Quien se acuerda mucho de aquella época de gloria que tan bien recreó Vargas Llosa en su novela La tía Julia y el escribidor, es el actor español Antonio Santos, que tuvo el privilegio de participar en las radionovelas a finales de los años 50, al lado de “voces irrepetibles” de la época. 

  “Sí, cómo no, la radionovela Camay”, evoca Santos. “Era la novela de las 7:00 en Radio América y la hacíamos en vivo y en directo, con el público sentado como si fuera un teatro. Había un ‘escenarito’ en la radio, todo de madera y el público se sentaba en una luneta a vernos leer los libretos. Era un éxito brutal porque la gente no se perdía un capítulo en sus casas”. 

Tanto las  radionovelas como el teatro por radio marcaron una época en el país. Cuando se creía que eran reliquias  olvidadas, un grupo de entusiastas trata de revivirlas  en Quito y Guayaquil . Esta es la  historia de una pasión.


Recuerda Santos -que no ha perdido ni un solo matiz de su bien timbrada voz- que en las emisoras se hacían mayormente radionovelas de  corte romántico.  “Un día se nos ocurrió hacer el Conde Drácula en otra radio (porque yo hacía radionovelas en diferentes emisoras, al mismo tiempo), éramos un plantel de actores profesionales todos de radio y de teatro. Había que trabajar. En ese entonces te pagaban bolos (por actuación), y como mi personaje entraba cuatro veces a la semana, me pagaban  el bolo de cuatro días. En aquel entonces el bolo valía 5 sucres, 5 sucres por cada intervención”.


No quiere que se le escapen algunos de esos grandes actores que, como una gran familia, sufrían de forma impostada (y ponían a sufrir) tomando agua en vivo, haciendo el efecto de caballos sobre la gramilla y simulando los pasos en las habitaciones con la ayuda de cocos secos.


Voces como las de Elsie Vidal, Paco Villar, Raúl Varela, Blanca Salazar, Margot Mendoza, Meche Mendoza, Toño Cajamarca, Germán Cobos, Roberto Garcés, Manolo Ocaña, Delia Garcés, David Ledesma, Rosario Ochoa, María Luisa Martínez, Alfonso Chiriboga, Luis Patiño, y la del propio Santos, quedan como testigos de historias enmarcadas en el imaginario ecuatoriano. Latinoamericano.


Dice el profesor Hugo Delgado Cepeda, gran conocedor del tema, quien participó de esa fiebre, que al iniciarse la radio comercial en 1930, con Juan Sergio Behr (pionero de la radio comercial en Ecuador) se instituyó el  radioteatro con base en los mismos actores que trabajaban en los teatros porteños: Victoria, cine Quito, Edén, Olmedo, los más tradicionales.


Entre los primeros actores de radioteatro, en radio El Telégrafo, fundada en 1933, estuvo Paco Villar, un hijo de gallegos, con muy buena dicción y pronunciación. También estaba Carlos Landín, quien según Delgado Cepeda estableció el radioteatro del mediodía, que presentaba obras de teatro clásico español.


“La transición de radioteatro a radionovela vino mucho después”, aclara Hugo Delgado. “La radionovela era con episodios. Luego  mandaban enlatados que venían ya en las voces de  actores extranjeros, primero vinieron de la CMQ de La Habana”.


La CMQ, por cierto, fue la factoría de donde salió la radionovela de más éxito en América Latina, El derecho de nacer, transmitida en 314 capítulos, un año completo al aire.


Entrevistado antes de morir por el periodista Orlando Castellanos, su autor, Félix B. Caignet, dijo que el Circuito CMQ le propuso, para competir con RHC Cadena Azul, a las ocho y treinta de la noche, que le regalarían un automóvil si lograba subir aunque fuera un poco la puntuación de sintonía. Lo demás es historia. 


Cuenta Antonio Santos que en Radio América, la última novela que se grabó allí de la marca Camay fue en 1964. “Ahí acabó Radio América con las radionovelas para siempre. Entonces llegó la televisión y todos los de radio pasamos a ese medio”.


Dice que ahora hay un “conato” de volver a la radionovela, después de muchos años. Se trata de un proyecto en radio Romance, para dramatizar historias enlatadas de México. Daniel Yépez, director de programación, confirmó que todavía están en fase de estudio. Ojalá, la radionovela tiene todo el derecho... de renacer.

Redacción Séptimo Día
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