Tomada de la edición impresa del 22 de junio del 2008

Curso virtual para asesinos

Varias escenas de juegos virtuales violentos. |

Varias escenas de juegos virtuales violentos.

En Guayaquil no existen restricciones a la hora de vender videojuegos de muerte, drogas, tortura y sangre.



En febrero de 2005, Devon Thompson, joven de 16 años, raza negra y apariencia “hiphopera”, fue detenido por la Policía en las carreteras de Alabama. Cuando los oficiales se disponían a revisarlo, Devon agarró una de las armas de los uniformados y  disparó contra los dos hombres a sangre fría, asesinándolos de inmediato.

Luego se subió en el auto policial para darse a la fuga. Según sus declaraciones, Devon se sentía detrás del volante como el personaje de su videojuego favorito: Grand Theft Auto: San Andreas, juego de la consola Playstation 2 que premia a su protagonista luego de tomar acciones como estas. Cuando Thompson fue detenido por los asesinatos, dijo: “La vida es un videojuego. Llega un momento en el que tienes que morir”.

Pero, sin saber de esta historia y al otro lado del mundo, (Ecuador para ser precisos, Guayaquil para ser exactos), está José, un niño de ocho años, pelo alborotado y de ojos claros, que aplasta botones y mueve el “joystick” como enloquecido, controlando a Carl Jhonson, mafioso virtual y protagonista del Grand Theft Auto: San Andreas. 

José tiembla por la tensión de apalear a una anciana de 80 años, a plena luz del día, en una inmensa calle de Los Ángeles. Luego toma un lanzallamas e incendia a un grupo de personas que grita enloquecida. Acuchilla a un policía y luego empuña un lanza-cohetes. Dispara y la escena culmina en una explosión cinematográfica, de muerte y sangre.

José, a diferencia de Devon Thompson, aún no ha matado a nadie, pero según sus padres y hermanos, el pequeño siempre tiene problemas de conducta en el colegio, por su carácter agresivo.

Sin embargo, ninguno de ellos se pregunta ¿cómo puede llegar un videojuego, donde el protagonista es un psicópata, maníaco, violador y drogadicto, a manos de un niño que no pasa del segundo grado?

Hace dos días, José salió del colegio en compañía de su padre. El pequeño llegó a un local del centro de la ciudad, con dos de los verdes en la mano, y preguntó por el “Grand Theft Auto”.

El encargado, de expresión parca y nariz aguileña, lo buscó entre montañas de cds (que son más piratas que el mismo Henry Morgan), para encontrarlo, ya que hay variaciones del mismo juego, con el mismo fin (matar y destruir), pero con diferentes protagonistas y en diferentes ciudades como: Miami y Río de Janeiro. 

José explicó que era aquel en que aparece el pandillero de raza negra que roba carros y asesina y que puede, como en el mundo real, ir al gimnasio y vestirse con cadenas de oro y diamantes.    

Finalmente el empleado le trajo el famoso Grand Theft Auto: San Andreas, ese que ha vendido más de 60 millones de copias solo en EE.UU., y que ha utilizado las voces de los actores Michael Madsen, Samuel L. Jackson y Ray Liotta para convirtirse en el juego más vendido de la historia.

Tiembla por la tensión de apalear  a una anciana de 80 años, a plena luz del día

Así de sencillo es conseguir un juego de extrema violencia en Guayaquil. En ninguno de los 5 locales encuestados donde se expenden estos juegos, y de los más de 12 de comercio informal en la Bahía, se requiere de ninguna identificación para poder comprarlos. 

“Cuando vienen con los padres soy más precavido, pero si vienen solos no importa; les vendo”, dice Jorge Jaramillo, empleado con piercings en la cara, pelo crespo y camiseta polo que atiende en “Santitos Video”, un local en el centro comercial Malecón 2000.

“Suena irresponsable, pero igual si los padres les preguntan no van a decir dónde lo compraron. Ese ya es su problema”, concluye el vendedor.
Y así como José otro menor de edad, Víctor compraba otro par de juegos violentos, pero en otro local “Mundojuegos”, de La Garzota.

Víctor, de 13 años, se lleva una pila de más de 20 juegos. Por su precio unitario (entre 1 y 2 dólares) se hace mucho más fácil comprar al por mayor. Entre los que se lleva está Scarface, juego inspirado en el famoso Caracortada (Al Pacino) y “God of War” (Dios de la guerra). Se une a su lista “Warriors”, de la firma Rockstar Studios, también responsable del Grand Theft Auto.

Warriors (guerreros),  también tiene entre sus “atractivos” el mundo de las pandillas. El personaje principal, Cleon, es el encargado de alistar miembros para su banda, robar bancos, autos y violar mujeres para convertirse en el rey de la cuadra.

Mientras que en Scarface, como en la película, Tony Montana es el amo y señor del narcotráfico, con una ametralladora a doble mano para literalmente, reventar la cabeza de quien se interponga en su paso.

En God of War (Dios de la guerra) existe la posibilidad de convertirse en Kratos, un guerrero Espartano que ha jurado vengarse contra los Dioses, y que con un par de cuchillas atadas a los brazos, se abre camino, torturando, cortando cabezas y despedazando cuerpos por la mitad.

Pero el problema no parece radicar únicamente en los vendedores irresponsables de las tiendas. En “López”, local de Las Vitrinas, el encargado, Otto Moreno, explica que la culpa es también de los padres. “Yo no les vendo a los niños porque sé de qué se tratan los juegos. Pero viene una madre y me dice: usted lo que tiene que hacer es venderle el juego a mi hijo. Qué puedo hacer”, asegura Moreno.

Para el sociólogo Carlos Tutivén, los videojuegos se han convertido en el “chupón electrónico” preferido por los padres, y por eso no les importa el contenido con tal de que el pequeño se quede sentado y tranquilo.

“Si el niño se excede en los videojuegos claro que va a tener problemas en su sistema nervioso. Pero el juego se convierte también en el chivo expiatorio cuando no hay mediación de los padres, y si el niño es violento le echan la culpa al juego”, agrega Tutivén. 

En los casos más sonados de violencia por videojuegos, está el de Columbine, Colorado. El 19 de abril de 1999, Eric Harris y Dylan Klebold mataron a quince personas, hirieron a veintitrés y a continuación se suicidaron. Harris anunció en su página web  que haría que el videojuego “Doom” se hiciera realidad.

Pero sin tener que cruzar el charco,  el 20 de julio de 2005, en Guayaquil, Francisco M.M, de 15 años, asesinó a toda su familia porque no lo dejaban jugar sus videojuegos. Los sicólogos apuntaron a que su carácter agresivo provenía de su adicción a los juegos de shoooter (disparar), como “Resident Evil”(huésped maldito) y “House of Dead” (La casa de la Muerte).
Maximiliano Delgado
mdelgado@telegrafo.com.ec
Reportero - Guayaquil
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