Tomada de la edición impresa del 15 de junio del 2008

Las peleas se pactan con honor

Comienzan las patadas con saltos a medio vuelo y la gente se para a gritar por el animal al que le están apostando dinero.



Dos montubios se paran frente a frente. Ambos de sombrero, zapatos “kit”  y camisa de cuadros. El uno tiene entre sus brazos al “Tuerto”: un gallo de plumaje negro que perdió el ojo hace un par de meses. El otro montubio abraza al “Colorao”: ave de plumas naranja color fuego y de pico encorvado como ganzúa.

Los galleros se miran con tensión que lanza chispas.Están a punto de negociar el precio de la pelea:
 
- Vamos 30 dólares
- Vamos 40
- Vamos 50 pues
- ¡Vamos 60 carajo, quien dijo miedo!

El público se levanta enardecido por el grito del montubio. Todos aplauden porque la pelea está pactada, como si se tratase de un combate entre pesos pesados del boxeo en el Madison Square Garden.

El referí se para en medio de los animales y saca de una botella vacía un limón. Muchos “galleros sucios”  les ponen formol en las espuelas de los gallos y el limón “corta” todo eso.

Los lanzan a la arena de combate y comienza la danza de los colores. El cuello del colorado se abre como si se tratara de una explosión pirotécnica e hincha el pecho.

“El tuerto” lo mira con el único ojo que tiene de forma calmada. “El Colorao” se le va encima y “El Tuerto” lo aguanta a punta de picotazos.

Comienzan las patadas con saltos a medio vuelo y la gente se para a gritar por el animal al que le están apostando dinero.

“Dale gallo e’ miércoles, dale bonito que te tengo jugado veinte”, grita Félix Castro, un octogenario con la cara curtida como retrato de la revista National Geographic.  

Los animales siguen aleteando y levantando polvo. El aire huele a caña manabita y la gente saca las botellas de cerveza de las jabas como si  fueran pan caliente. 

“No te dejes carajo”, el montubio dueño del “Colorao” zapatea contra el suelo. “El Tuerto” está picando bonito y cada patada parece sacarlo de combate.

El gallo de plumaje claro cae con los pies enredados y el referí hace un pare a la pelea. Los montubios se acercan a sus gallos y los soban con cariño maternal. Les escupen agua en la cabeza y los vuelven a soltar.

“El Colorao” se engancha nuevamente y pega un par de buenos picotazos que le regalan la delantera.

La gente sigue gritando y las plumas vuelan por el aire. Los diez minutos para que se termine la pelea están a punto de acabar cuando “El Tuerto” vuelve a mirar con el único ojo al Colorao.   

El gallo oscuro alza medio vuelo y le pega una patada al buche que paraliza al animal rojizo. El dueño del “Tuerto” lo levanta entre gritos, orgulloso.  La apuesta se paga sin resentimientos: “palabra de gallero vale más que la de un caballero”.
Maximiliano Delgado
mdelgado@telegrafo.com.ec
Reportero - Guayaquil