Tomada de la edición impresa del 07 de mayo del 2010

FOTO: GUSTAVO VALLE para El Telégrafo

Víctor Ferrón.

La letra con cariño entra

Datos

Víctor Manuel Ferrón Zarraute nació en Madrid, el 10 de noviembre de 1982. Su mamá es Josefa Zarraute Cañadas y su papá Pascual Ferrón Ferrón. Tiene un hermano: Carlos. Su primer Colegio fue el Obispo Perelló.

En las universidades españolas, Magisterio enseña a profesores que van a enseñar a futuros profesores. Hace diez años las clases le parecían monótonas, esperaba que los profesores fueran más dinámicos, pero la cosa ha cambiado.

Después de terminar Psicología fue a Londres y luego regresó a Madrid. Daba clases en un Instituto de Español. Le comentaron de viajes organizados al Sahara “…a Tindú, un campo de refugiados. Allí comenzó a filmar”.

Su programa está dirigido a personas mayores de 15 años, hombres y mujeres, que por diversas razones no pudieron ingresar a los diferentes establecimientos educativos. Su visión es favorecer a los grupos más vulnerables de la provincia.

La duración del programa de alfabetización “Marca Bolívar” es de cinco meses. La asistencia es de dos horas diarias para cumplir diez horas semanales. El programa cuenta con los materiales necesarios a disposición de los participantes.
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El voluntariado es para él una aventura de ir atravesando climas agrestes, ciudades ajenas y campos olvidados, con tal de llevar educación y dejar un registro humano.

 
En algún lugar rebelde del ADN del madrileño Víctor Ferrón está latente el impulso aventurero de sus antepasados que cruzaron ‘el gran charco’ para iniciar la globalización. La diferencia es que él no ha venido con la cruz y la espada sino con algo mejor: el conocimiento para las personas iletradas de un sector de nuestra serranía. Y se preparó bien. En España no se llama escuela al primer nivel de enseñanza, así que estudió en dos colegios hasta los 14 años. Luego, en el Instituto Vega del Jarama, hasta los 18. Ya definida su vocación se aplicó al Magisterio en la Universidad de Alcalá de Henares (donde nació Cervantes) por tres años. Buscando la posibilidad de viajar ingresó a la Universidad de Salamanca a estudiar Psicología educativa por cinco años, con el último año de especialidad Social Educativa. Entre tanto, ya daba clases en colegios locales. Estaba listo para alzar el vuelo.

“Vi una cosa sorprendente
en el desierto, un centro pequeñito de ayuda a discapacitados”


Cuando en el año 2009 el gobierno provincial  de Bolívar solicitó a la ONU un voluntario con experiencia en educación para continuar su programa de alfabetización “Marca Bolívar”, la selección fue muy exigente entre las universidades españolas. Víctor presentó el mejor currículo. Él ya había dejado la comodidad de la madre patria gracias a dos becas de intercambio: la primera a Puerto Rico para trabajar en los ‘caseríos’ (zonas periféricas de la gran ciudad) con personas sin hogar, toxicómanos y adolescentes conflictivos; la segunda, a Inglaterra, para estudiar inglés. Con la parsimonia de un viejo maestro de 27 años reflexiona: “Para un profesor, ser capaz de estar en otra cultura, con otro idioma, es un reto, puedes llegar a tener mejores habilidades y destrezas profesionales”.

En el 2008 un viaje al Sahara, entre Argelia y Marruecos, añadió insospechadas expectativas a su vida: convivir en casas de refugiados pobrísimos y visitar hospitales y escuelas. “Vi una cosa sorprendente en el desierto, un centro pequeñito de ayuda a discapacitados”. Su ultraconservador tío le advirtió sobre la inutilidad de reunirse “con gente pobre”; pero él, para demostrarle a su tío la grandeza de ‘esa gente’, comenzó a grabar sus actividades con una filmadora casera. Eso originó un video documental y una cadena de relaciones interminable. “Escapó de mis manos, hay amigos interesados en saber de esa realidad de los refugiados Saharawi en el mismo África, en España y hasta aquí en Ecuador, quieren mandar mensajes, intercambiar impresiones. No sé cuándo lo termine para ponerlo en Internet”.

El año pasado culminó una etapa de cinco años del programa de alfabetización en Bolívar con asesoría cubana: más de 3.000 personas alfabetizadas hasta enero. Pero faltaba. El coordinador de “Marca Bolivar”, César Agualongo,  con su equipo de 13 personas, propuso una nueva metodología adaptada a la realidad socio-cultural del medio. Víctor capacita a diez profesores por cinco meses y ellos visitan 25 comunidades en los cantones Chillanes, Echeandía y Guaranda. “Hay iletrados especiales, o sea personas con discapacidad”, cuenta, con su inconfundible acento ibérico. “Iletrados puros, que son los que nunca han ido a la escuela y no saben escribir ni su nombre; los funcionales, que han ido un par de años a la escuela... En cinco meses aprenden a escribir y a leer”.

La innovadora metodología consiste en el uso de imágenes de su entorno asociadas a las letras como la A de ardilla, la B de burro, la C de casa, etc. También se les enseña artes plásticas, motricidad, porque la gente del campo tiene la mano dura. Igualmente, desarrollan temas sociales como salud e higiene, salud y enfermedades, cuidado de la naturaleza. Un colorido díptico enumera las bondades del programa “…Objetivo general: fortalecer la identidad y la relación intercultural de la sociedad bolivarense mediante el aprendizaje de la lectura y escritura”. Un objetivo específico es “revitalizar a la población en entes de desarrollo y aporte para la sociedad”.

Víctor va a firmar un nuevo contrato por un año y, como es su costumbre, se prepara responsablemente. A aprender quichua se ha dicho.
Gustavo Valle
gvalle@telegrafo.com.ec

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