Tomada de la edición impresa del 17 de noviembre del 2008

FOTO: Gabriel Proaño

María Elena Maldonado de Azar.

María Elena Maldonado de Azar: Pura inspiración minina

Datos


Tiene 53 años, nació en Guayaquil el 12 de octubre de 1955. Está casada con Pablo Azar hace 37 años. Tiene dos hijos varones, Pablo y Khaled y una mujer, Yascara, todos casados, que la han dado cinco nietos. Se educó en los colegios Inmaculada y Mercedarias; también estudió cosmetología.


Ha ganado premios con sus gatos en Colombia y Argentina. Mantiene el criadero de persas De Canela, donde viven como en un hotel. Tiene un negocio de publicidad que involucra a su familia y da servicio de catering. Dice que a su esposo le gustan los perros, pero donde entra un perro, entra también un gato.

 

En Buenos Aires ha visto gatos maravillosos y le parece sorprendente cómo tratan y consideran a estos animales. Su idea siempre fue rescatar el persa en Ecuador, porque dice que aquí se ha degenerado la raza. Participa constantemente en seminarios y cursos para actualizarse.

 

Considera que hay muchos vendedores inescrupulosos que engañan, sobre todo a los niños que desean un gato como mascota, igual sucede con los perros. La mayoría no sabe como es una verdadera raza en realidad. Los persas se clasifican en himalayas y se definen por el color.

Apasionada al extremo, domina el tema de los gatos. Dice que ningún animal debe padecer una vida miserable y la gente no debería actuar de forma indiferente con ellos.


Cuando se expresa sobre los animales, particularmente de los gatos, hay en ella una voz que habla sola; como desde otra dimensión, desde un tiempo sin memoria. Su rostro se transforma y la invade una alegría contagiante que no esconde y necesita compartir, esa alegría la acompaña por el recorrido de sus palabras. Si se lo permitieran, estaría horas infinitas hablando apasionadamente de esos animales a los cuales considera enigmáticos, místicos, fieles e intuitivos. Incluso va más allá, aunque no desea que la califiquen de trastornada, apuesta por los mininos como recogedores de energía negativa. “Son como una antena que bloquea lo malo”, dice convencida.

Anda por la vida sin afanes ni de-sesperos, sin embargo, acepta que la conocen internacionalmente por los triunfos con sus gatos. Tiene 23 y su casa es a ellos lo que un palacio a un emperador. En una pared de la habitación exclusiva para uso de los felinos, exhibe los premios que han ganado; junto hay un gran cuadro de un gato que una amiga pintó para ella. Cuenta, para explicar tantos laureles, que un día viajó a Colombia acompañando a un grupo de ecuatorianos aficionados a los gatos, sin imaginar; lo dice sin falsa modestia ni pedantería, que su gata Canela ganaría como la mejor hembra de la exposición de Bogotá en 2005. Muestra pronta un documento con todas las calificaciones de excelente que le otorgaron los jueces. “Imagínese, un premio internacional para un gato ecuatoriano. Todos se quedaron sorprendidos”. Claro que se puede soñar con eso. De pequeñas y mínimas historias se conforma la realidad de la gente, aunque la tradición y las leyendas provengan de escenarios poderosos e impactantes.

“Tal vez Dios me mandó con este don o hizo que se desarrollara mi intuición. Unos sirven para otras cosas, yo para los gatos”

María Elena es una mujer menuda, de maneras sencillas y amables, palabra limpia y risa cordial. No hay gestos ridículos en su manera de abordar el diálogo, ni gestos estudiados para causar efectos rebuscados. Se abandona risueña a las palabras y surge la pasión que su ser contiene. La domina. Lo mismo que sirve para las personas, debería funcionar para estos seres, que en muchos casos no pueden defenderse. Deja claro un pensamiento para ilustrar la toma de conciencia. Los animales no tienen por qué padecer una vida miserable y con ellos no se puede actuar irresponsablemente. No son una moda, ni un asunto para andar con novelerías. Sin verdadero gusto no hay asunto. En su historia particular también hay espacio para situaciones tristes y traumatizantes de perros que matan gatos, y de gente que hace cosas impublicables con ellos.

A la distancia se recuerda desde niña anhelando un gato. Nunca le importó la raza o el origen; le daba igual uno cholo o alguno más encumbrado. Cuando tenía 17 años soñaba con tener un siamés hasta que lo consiguió. Luego aparecieron en su vida los himalayas. En 1997 se consiguió una pareja con los que nunca logró hacer cría. En esa época sus hijos estaban pequeños y necesitaban toda su atención, por lo que no pudo dedicarse con esmero a sus gatos, a quienes considera exquisitos y complicados para cruzarse en pareja. Cuando sus hijos se casaron se dedicó a cultivarlos. Considera que el verdadero criador es el que va mejorando a sus animales y cada día logra que sean mejores.

Es meticulosa y no olvida detalle. Dedicación y cuidado es poco para cada uno de sus gatos. “No es como criar gallinas; ni tampoco se trata de comprar al campeón mundial y abandonarlo como un objeto en un rincón”, precisa. En busca de todas las técnicas y secretos se afilió a la AFA (Asociación Felina Argentina). La asociación es como el registro civil para inscribir a los animales y tiene reglamentos específicos para el cuidado, respeto y bienestar de estos seres. Como en todas las cosas verdaderamente importantes de la vida, tiene que estar involucrado el amor. “Sin eso no hay nada”, dice. Yuki, Thita, Playboy, Bellísima, que ganó como mejor cachorro del año en 2007 en Buenos Aires; Susurros, Shigare, pasean libres y tranquilos por su hogar. Algunos la consideran la gurú de los gatos, incluso uno que otro veterinario la consulta. “Tal vez Dios me mandó con este don o hizo que se desarrollara mi intuición. Unos sirven para otras cosas, yo para los gatos”, concluye radiante.
Francisco Santana
fsantana@telegrafo.com.ec
Retratista - Guayaquil

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