Tomada de la edición impresa del 16 de octubre del 2008

RICARDO BOHORQUEZ

Walter Páez Moreno.

Walter Páez Moreno: El arte también es la vida

Datos

Nació en Quito el 4 de julio de 1950, en el barrio La Chilena, del Centro Histórico, unos de los más tradicionales de la capital. Sus padres son Sergio Páez Olmedo (f), presidente vitalicio de Liga de Quito y Filomena Moreno Ribadeneira. Es el segundo de seis hermanos y el único que vive en Guayaquil.

Está casado con Lupe García y tiene dos hijas. Vive en la ciudadela Sopeña. En 1974 llegó a Guayaquil y se radicó en el barrio Cristo del Consuelo. Estudió en la escuela Leopoldo N. Chávez, de Quito. Realizó sus primeros estudios agrarios en la Escuela Práctica de Agricultura de Pagua, El Oro.


Continuó sus estudiós en el colegio Galo Plaza, de Daule, y en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Guayaquil. Recibió clases durante ocho meses en el Taller Experimental de gráfica de La Habana, especializándose en litografía, calcografía y confección de papel a mano.


En 1996 participó en la Décima Bienal de Grabado en México, donde ganó la medalla Goya de plata. Ha dado clases de grabado durante doce años en el Banco Central. Ha sido director en dos ocasiones del Salón Municipal de Julio, y creo el Salón de Grabado Independencia de Guayaquil.


También ha sido jurado en el Salón de Francia de Guayaquil y ha participado en algunas exposiciones locales e internacionales. “Sigo siendo quiteño, pero mis amigos más importantes están en Guayaquil. La cosmovisión mía está aquí. Mi familia está aquí”, dice sincero.

De agrónomo pasó a convertirse en un importante artista del grabado. Considera su estadía en Cuba como una experiencia tremenda que le abrió los ojos a otras singularidades.


Para Walter Páez -sus amigos le dicen Gordo- la vida es un viaje y hay que empezarlo pronto; pero hay que tener herramientas y el arte es una poderosa. Su voz lenta y precisa se prende de las paredes de su taller en Imbabura y Panamá; arriba de lo que un día fue su añorado Cacao, bar perdido en la memoria de un Guayaquil huidizo, en donde compartió noches de madrugadas gratas con algunos artistas cubanos y amigos que ya son sus hermanos.

Arropado por una posición económica acomodada, una familia integrada por curas y militares cercanos al poder; la protección de su padre, que fue presidente vitalicio de Liga de Quito, y la huella de su madre; terminó convertido en artista. Sin embargo, el viaje lo llevó desde niño por los inmensos pastizales de su abuelo paterno, donde criaban ganado de lidia; ahí amaneció pronto su afinidad con el campo que lo trasladó a un recóndito lugar llamado Pagua, en la provincia de El Oro, donde hizo la escuela agraria, pasó por Daule convertido en bachiller y desesperó en la Universidad de Guayaquil para graduarse de ingeniero agrónomo.

Claro que el viaje también habla de la frontera entre México y Guatemala, donde descubre la presencia de un viejo grabador guatemalteco que le sembró la inquietud en el alma. Pero conocer nuevos lugares, asomarse a otras culturas y pernoctar en museos del mundo, fue un viejo y permanente aporte de su padre.

“...dividía las compras en seis fundas porque vivía en un edificio de seis departamentos. Allá los vecinos son como tu familia”

Es sencillo en el vestir, más no en las palabras. Su mirar es de constante interrogación. En su cara hay lecturas que el tiempo y sus lugares han instalado para compartir. “Mi madre es una tremenda dibujante. Hacía las carátulas en mis cuadernos para la escuela con iconos, flores y nombres con una caligrafía bellísima. Mi padre era un gran lector, fue titiritero, teatrero y escritor, es autor de tres libros de derecho penal”. Todo se acumuló en Páez. En la universidad se acercó al partido Socialista, compartió con gente del arte, se enriqueció con la práctica social y la política, la ciudad también aportó. “Mi vena artística fundamentalmente está en Guayaquil, crece y se desarrolla aquí. La Casa de la Cultura siempre fue, digo fue porque ya no lo es, un lugar de encuentro en donde se suscitaron muchos hechos históricos”. Ahí se dio su contacto con Hernán Zúñiga e hicieron serigrafía juntos. En 1991, el cubano Carlos Del Toro apareció por Guayaquil, se quedó cuatro meses e inoculó el virus del grabado, lo reconoce como el gran precursor de esa época. Le abrió los ojos. “Cuando tú quieras y puedas anda a La Habana”, le dijo. Páez recogió ese mensaje inmediatamente. “Dejé mi trabajo de consultor ambiental, reuní tres mil dólares y con el apoyo de mi padre me fui a Cuba donde estuve ocho meses”. Le tocó unas de las etapas más fuertes de la crisis en la isla. Se juntaron la caída del muro de Berlín y el periodo especial en Cuba. Un tiempo que califica de lindo por todos los sucesos que pasó. “Compraba una vez a la semana en una tienda para diplomáticos de la embajada rusa donde tenía que mostrar el pasaporte. Luego dividía las compras en seis fundas porque vivía en un edificio de seis departamentos. Allá los vecinos son como tu familia”, relata.

Vivió en La Habana vieja en la casa de Carlos Del Toro, para quien solo tiene palabras amables. Respiraba arte a cada momento. Aprendió grabado con todo el rigor de la técnica. “Mi gratitud para ellos. Me alimenté de Roger Aguilar, de José Omar Torres, de Paneca, todos los monstruos del grabado en Cuba”, enfatiza. “De Chocolate, ni más ni menos, a quien considero un hermano”. Deja claro su afecto político hacia Cuba y a la revolución. “Yo sí considero a Cuba como mi segunda patria. Trato de ser coherente entre lo que creo, lo que pienso y lo que hago”. Por eso las diferencias sociales nunca le han importado. No tuvo problemas para compartir en un país de negros, porque dice con humor, que ya vivía en un país de negros como el Cristo del Consuelo. Ahí también hizo inmensos amigos y nunca se consideró un visitante del barrio, al cual describe como un lugar de locos, donde al día siguiente de cualquier borrachera uno se encuentra en la plaza guerreando por una libra de carne. “Esa es la práctica social que te asoma a la vida y te da herramientas para combatir”, finaliza inquieto.
Francisco Santana
fsantana@telegrafo.com.ec
Retratista - Guayaquil

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