Tomada de la edición impresa del 11 de octubre del 2008

FOTO: Carlos Pozo

Bruce Hoeneisen nació en Chile el 29 de noviembre de 1944.

Bruce Hoeneisen: El universo hecho al óleo

Datos

Nació en Chile el 29 de noviembre de 1944. De niño, hacía muchas preguntas a sus padres y eso le llevó a estudiar física. ‘Trying to understand the Universe’ (Tratando de entender el universo), su libro, que tiene en la portada uno de sus óleos, habla sobre esa curiosidad acerca del universo.

Hoeneisen es miembro del experimento ‘D-cero’, que estudia colisiones protón-antiprotón. Cada tres meses viaja a Chicago, Estados Unidos, a los laboratorios Fermilab, donde enriquece las diversas investigaciones que realiza desde Quito. Es parte del proyecto desde el año 1991.


Entre sus libros no solo se encuentran investigaciones científicas, están también Chaquiñanes (27 historias y un cuento), Propuesta de una Constitución de la Humanidad, Ecuador en el año 2050. Parte de sus obras está en http://www.usfq.edu.ec/profesores/hoeneisen/index.htm.

Las fórmulas de Bruce se encuentran dispersas por toda la oficina y en cada una de ellas ha intentado ser lo más preciso posible: cometer el menor número de errores. Muchos de sus cuadros también están allí, ya que su esposa le tiene prohibido “meter más cuadros en la casa”.

Cada día el científico, pintor y aventurero no solo se dedica a entender al universo y gozar de sus pasiones. Parece haber estudiado cada problemática mundial: habla, sin problema, sobre el tráfico de Quito, la contaminación, el petróleo o la reciente crisis económica en Estados Unidos.


 

En su oficina, rodeado por cuadros al óleo que él mismo ha pintado, este científico que además es granjero y aventurero intenta descifrar, de a poco, el universo.


En la playa de Bahía algunas fragatas volaban en círculo buscando alimento para ellas y sus crías. Ese día el científico Bruce Hoeneisen las observaba tranquilo desde una hamaca. Cuando terminaron de realizar su labor se dejaban otra vez caer y volvían a subir, solo por el gusto de volar. Bruce, entonces, exclamó: “¡Carajo, esta es la pieza que le da sentido al rompecabezas que es el universo, hay que hacer cosas inútiles!”.

Cosas disparatadas como subir nevados, perderse en el océano con un velero, cultivar sus propios alimentos. Pintar. Todo eso lo ha hecho. Es que para Bruce, la tercera parte de la vida los seres humanos están dedicada a los estudios, y el resto, a realizar un trabajo para subsistir, “pero las otras cosas” son las que dan sentido a la existencia.

Aunque su oficina se encuentra en el segundo piso del edificio Newton, de la Universidad San Francisco de Quito, Hoeneisen trabaja con una computadora, que se llama Naia, como su nieta y que está conectada por red con el Laboratorio Fermilab (de Chicago). Ahí se encuentra el Tevatron, un potente acelerador de partículas, de 6,3 kilómetros de circunferencia, en que se realizan experimentos para estudiar al universo cuando apenas tenía un millonésimo de segundo de edad. Durante mucho tiempo, se lo vio como un referente en Ecuador, ya que era el único investigador con  un título de PhD del Departamento de Física de la Politécnica, por los años setenta. Entre sus logros científicos está ser co-descubridor del quark “top”, una partícula elemental del universo.

“Hay que regresar la mirada a los pueblos indígenas del Ecuador que pueden vivir de la tierra… Ese es el futuro del país”


Fue, además, uno de los organizadores de la Cumbre Mundial de Física (Más allá del modelo estándar), que se realizó en Galápagos en 2006, gracias a su gestión. Aunque niega una posible candidatura al nobel de física, algunos científicos de los más prestigiosos del mundo que asistieron a la Cumbre están en desacuerdo con él.  Pero no solo hay fórmulas en su oficina; hay cientos de libros y sobre todo óleos de al menos cincuenta mujeres y hombres, entre alegres y melancólicos… Las pinceladas de las que están compuestos parecen pesadas y sin corregir. 

Hace varios años, visitó la casa del pintor Oswaldo Viteri. Impresionado con la belleza de sus dibujos, grabados y mosaicos, le prometió que en menos de diez años él también sería pintor. Doce años después el artista neofigurativo ambateño entró por la puerta de la oficina de Bruno Hoeneisen y se dio cuenta de que hablaba en serio.

Su esposa Matilde, Matico para él, originaria de la provincia de Imbabura, le dijo –cuando aún eran novios- que el punto medio entre Ibarra y su natal Santiago de Chile, era Quito, y que ahí debían formar un hogar. “Con las mujeres no se debe discutir”, afirma, como el más sabio. No miró mapas ni contó kilómetros. Hace más de tres décadas, luego de conocerse por casualidad en el consulado de Chile, en Ecuador, decidió casarse en menos de dos semanas. Desde ahí es un quiteño más.

Vive en Guápulo, de lunes a viernes, y los fines de semana en una finca donde ordeña, cultiva camotes, papas, aguacates, en Guayllabamba. A veces ahí lo visitan sus dos hijas: Anahí, directora de cine, y Alexandra, ecóloga.

Las dos tienen algo de él, Anahí su lado más creativo. De ella aparece un recorte de una entrevista sobre su película, “Esas no son penas” (2007), en su escritorio, entre óleos, libros y fórmulas. Bruce dice: “Anahí es una mujer de ciudad y Alexandra se parece más a mí porque en el fondo soy un campesino, estoy ligado a la tierra como ella”.

Muchas de sus afirmaciones conducen a una idea primordial: “hay que regresar la mirada a los pueblos indígenas del Ecuador que pueden vivir de la tierra… Ese es el futuro del país, ciudades pequeñas como Atuntaqui, donde se puede caminar de un extremo al otro, donde el campo rodea cada espacio”.

Ese es el eslabón perdido que descubrió en los encuentros con su ser más primitivo, caminando por los nevados o perdido en un velero por el océano, libre como esas fragatas de Bahía, que entendieron cuál era el sentido del universo.
Galo Betancourt
gbetancourt@telegrafo.com.ec
Reportero

Otros



Rss
Weather Image 31 ° Guayaquil, Ecuador Weather Image 18 ° Quito, Ecuador Ver más Powered By The Weather Channel