Los ojos negrísimos se le encienden cuanda habla de la danza, una pasión que ha convertido en forma de terapia para niños especiales. Scarlet es vida, pulso incansable.
La luna llena, en su preñez, parece una bola de billar en lo alto de la oscura noche. Es tarde, pero bajo su lumbre aún se escuchan los pasos de Scarlet Pazmiño. En tre la academia que ha armado, su casa y los múltiples puntos a los que la dirige su jornada, la mujer es una inagotable tromba de actividad.
Uno podría fácilmente perderse en sus palabras, fluidas y de pronunciación segura. Y es que bulle en su mirada una creciente pasión cuando habla de la danza. No podría entender la existencia sin ese “discurso del cuerpo”, sin los movimientos que ha continuado o que ella misma ha creado a través de sus distintas coreografías.
Desde pequeña organizaba actuaciones corales con las vecinas de su edad. Su amor por la danza se acentuó en la academia en la que su madre la inscribió. “Fue una revelación”, dice. “Ella acertó completamente, eso marcó el periplo del futuro”.
Sobre el tablado, se transforma. Muta hacia el movimiento de más gracia y el que sugiera y diga más. Ha dado numerosos recitales de danza en el área de ejecución, dirección y producción. Cuando ha salido del país, un sentimiento vigorizado de amor por lo suyo la invade, como cuando participó hace seis y tres años, respectivamente, en las ediciones VII y IX del Festival de danza y música y danza latinoamericana Pacífico Sur, en Perú.
Su sonrisa mana, siempre fresca. Scarlet acompaña sus palabras con gráciles y elegantes movimientos de sus manos. Además de locutora profesional y licenciada en Comunicación Social por la Facso, es técnica en comunicación radiofónica para el desarrollo, por la Universidad del Azuay y la Organización Católica Latinoamericana y Caribeña de Comunicación. En busca de una formación plena en danza, buscó también a quienes pudieran darle bases varias.
Practicó ballet con el ruso Víctor Rivi, folclor con Guido Garay y Wilman Ordóñez, samba con José Maners, tango con Luis Adema, actuación con Paco Varela, danza contemporánea con Lucho Mueckay y un larguísimo etcétera.
“Cuando pedíamos auspicio para las clases de los chicos, algunos me decían que las instituciones no están para dar lástima”
Si se sintoniza el aparato de radio en los 770 kilociclos de AM a las 11:00 de cualquier domingo, uno puede escuchar el programa “La Clave”. Allí es su voz la que mana. Decidió que la radio sería su primer paso en el contacto con el público. Y frente al micrófono se halla a sus anchas, como zapateando el tablado. Ha desfilado una serie de personalidades destacadas en las artes y en distintas ramas del quehacer cultural en el medio. “Me aseguro de hacer nuevos amigos o profundizar las amistades ya existentes con cada uno de los invitados”, dice, ojos serenos, negrísimos.
Otra faceta suya, y muy humana, es la de ayudar a niños y niñas con ciertas discapacidades. Su academia brinda cursos desde hace once años y propicia que mejoren la retención, la memoria y la atención. Ha tocado, en ese sentido, cuanta puerta se ha mostrado ante su paso. No se amilana frente a las respuestas negativas. “Cuando pedíamos auspicio para las clases y presentaciones de los chicos, algunos me decían que las instituciones no están para dar lástima”, recuerda, aún sin poder sacudirse la sensación de sorpresa.
Scarlet ha sido pionera en el Ecuador de la danza-terapia. Desde 1993, con el aval del Instituto Médico Pedagógico de Audición y Lenguaje, ha trabajado en pos de la recuperación y mejoramiento de muchos menores. Pero no se quedan ahí los alcances de su trabajo, pues ha dado clases a adultos con graves problemas físicos en Asopléjica.
Está preparando un video, que ella misma ha producido y dirigido, sobre su labor con niños discapacitados. El tiempo se ha dilatado como una tardía sombra, debido a que los recursos salen de su bolsillo. Pero estará listo pronto. “Tengo un cuñado que me ayuda, alquilándome equipos a precios más bajos”.
El suyo jamás es tiempo perdido y casi no tiene tiempo libre. Ahora estudia la licenciatura en Artes en la Universidad de Guayaquil y por su dedicación y notas, ha recibido el premio Contenta. “Es una herramienta valiosa para comunicarse con los demás”. Y se ha incorporado, en esta nueva carrera, como ayuda al cuerpo docente, pues es facilitadora en las charlas de iniciación a la danza, así como lo ha sido en la Espol.
A pesar de su falta de tiempo, su sentido de la organización le hace posible cumplir. “Me emociona mucho, gracias a Dios, desarrollar el talento que Él me dio en favor de los otros; el pago mayor que recibo es un gesto de auténtico gozo en los rostros de la gente”.
La noche aclara un tanto y la luna aún levita, imantada en un cielo despejado, sobre los pasos de una mujer.