• 08 Mar 2013
  • Regional Centro
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  • Continúan investigaciones sobre muerte a lanzazos de dos personas en el cantón Aguarico

    Autoridades descartan un enfrentamiento indígena

    El viceministro del Interior, Óscar Bonilla, lideró ayer una reunión para posicionar la gobernabilidad en Orellana y Pastaza. Pidió que no se permitiera la manipulación política de la muerte de 2 indígenas wuaos.

    La lanza de chonta no solo sirve para cazar en la cosmovisión wuaorani. También cumple funciones de guerra y rituales. Foto: Cortesía Flickriver
    La lanza de chonta no solo sirve para cazar en la cosmovisión wuaorani. También cumple funciones de guerra y rituales. Foto: Cortesía Flickriver

    Redacción Regional Centro

    La gobernadora de Orellana, Rosario Cortez, descartó que en esa provincia amazónica hubiera una guerra entre indígenas wuaoranis y nativos de los pueblos en aislamiento tagaeri y taromenane, integrantes de la misma nacionalidad.

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    La afirmación la hizo a propósito de la supuesta responsabilidad de miembros de los grupos no contactados en la muerte de Ompore Omeway y Buganei Caygua, dos ancianos wuaos asesinados a lanzazos, y de los rumores de una posible venganza por parte de los habitantes de la comundad Yerentaro.

    La pareja habría sido emboscada la mañana del martes pasado, cuando retornaban a su vivienda, ubicada en el sitio conocido como Ñemeguno, del cantón amazónico Aguarico, de acuerdo con la versión de la Gobernación de Orellana. No obstante, los integrantes de la Nacionalidad Wuaorani del Ecuador (Nawe) afirman que el hecho ocurrió en la madrugada de ese mismo día.

    Lo que sí se sabe es que posteriormente, los responsables del hecho destruyeron la vivienda y robaron algunas herramientas como machetes, además de ollas y otros utensilios de cocina.  

    De acuerdo con la funcionaria, ante el temor de que pudiera repetirse el ataque, los familiares de los fallecidos han dejado de acudir a los lugares en donde obtienen alimentos. Por ello, entidades estatales les estarían proveyendo de raciones alimenticias, mientras se aclaran las cosas. Así mismo, una parte del clan habría sido trasladada a la ciudad de El Coca, por vía aérea, para que pudieran adquirir los elementos necesarios para el entierro de sus seres queridos.

    De todas maneras, el viceministro de gobernabilidad del Ministerio del Interior, Óscar Bonilla, lideró ayer en Orellana una reunión para fortalecer los diálogos entre su provincia y Pastaza “frente a la demanda de los pueblos wuaorani y tagaeri-taromenane”.    

    “Vamos a trabajar en posicionar políticas públicas para evitar la manipulación política de estos enfrentamientos, porque posiblemente son producto de formas culturales ancestrales", sostuvo el viceministro del Interior. 

    Dos grupos enigmáticos

    La situación de aislamiento voluntario en la que se encuentran los tagaeris y los taromenanes no permite que se conozca mucho sobre su vida cotidiana. Sin embargo, de acuerdo con el conocimiento que se tiene sobre las costumbres ancestrales del pueblo wuaorani, de cuyo tronco provienen, se sabe que, aunque tienen asentamientos, se mueven a través de la selva para cazar, pescar y buscar productos vegetales, los cuales constituyen la base  de su dieta.

    Sus nombres provienen de los ancianos indígenas que los lideraron en su separación del resto de grupos wuao, cuando decidieron rechazar el contacto de la civilización occidental liderado por misioneros evangélicos estadounidenses a mediados del siglo pasado.

    Por ejemplo, el término tagaeri se deriva de Taga, nombre del guerrero que nucleó a un grupo de wuaoranis para adentrarse en la selva y mantener sus costumbres ancestrales.

    Algunas versiones hablan de la supuesta desaparición de este grupo. La razón de esto sería que enfermedades introducidas por colonos en la selva habrían diezmado a la población.

    Otras fuentes dicen que habrían sido exterminados por sus pares taromenanes, más feroces que ellos. Y una tercera versión señala que los tagaeris habrían sido absorbidos por los taromenanes. Sin embargo, esto permanece en el campo de las suposiciones.

    Tampoco se conoce con certeza cuántos individuos no contactados existirían en la zona intangible establecida en 1999 para su supervivencia, delimitada ocho años después dentro del Parque Nacional Yasuní.

    Sin embargo, observaciones aéreas han mostrado viviendas que, de acuerdo con mediciones antropológicas, sugieren que podrían existir alrededor de 300 personas en esa situación de aislamiento en la Amazonía ecuatoriana.