Bodegas de especias con sabor y tradición
En San Francisco las bodegas de aliños, granos secos y plantas medicinales son negocios muy antiguos.
El olor a palo santo es una de las características de la calle Rocafuerte, junto a la iglesia de San Francisco, en el Centro Histórico.
A lo largo de ella funcionan varias bodegas de especias en las que los clientes pueden encontrar aliños de sal y de dulce, plantas medicinales, granos secos y harinas.
Como tradición, en la puerta de los locales, grandes sacos de estos “palitos olorosos” anuncian lo que se vende en el lugar. Carol Jurado, una niña de 6 años, que acompaña a su abuela, Marlene Riofrío, a comprar en el lugar, comentó que le encanta venir al sitio porque “huele a Navidad” (el palo santo se quema tradicionalmente en esa época del año) y porque aprende sobre las propiedades curativas de las plantas medicinales.
Riofrío va cada quince días a la bodega, a fin de comprar aliños de todas las variedades para elaborar “planchas de funditas pequeñas” para distribuirlas en tiendas y bodegas de víveres. Ella es una de las tantas compradores ‘al por mayor’ que concurren al local.
A decir de los propietarios de estos locales comerciales, tanto la venta al por mayor como la venta al por menor les beneficia igual. Andrés Zapata, propietario de uno de estos locales (Bodega A & S), dijo que, como Marlene, muchas personas vienen para llevar pedidos grandes.
“Son distribuidores que llevan los aliños por quintales para colocar el producto en las tiendas de los barrios”. Él aseguró que esto no es una competencia para su negocio, que funciona en al sector desde algo más de cinco años.
Sin embargo, muchas personas van a las bodegas para comprar porciones pequeñas, desde media libra, que son únicamente para consumo de sus hogares. “Lo que más llevan es té (dos dólares la libra), harina de trigo (un dólar con 20 centavos la libra), ‘maggi’ (condimento), canela y comino (un dólar 20 centavos la libra)”.
Ahora el negocio de la venta de harina y de granos secos, según Zapata, ya no es un negocio rentable. “Algunas cadenas de supermercados los venden a menores precios que nosotros y los clientes prefieren comprarlos ahí”.
Sin embargo, la venta de aliños y plantas medicinales es un negocio rentable. Se pueden comprar porciones desde media libra hasta por quintales. Comino, canela, anís y ajo molido son los productos que más se venden. Además, hay plantas medicinales, como boldo, ‘stevia’ (endulzante natural, cuesta 10 dólares la libra), caña fístula (50 centavos cada una) o ishpingo (1,20 dólares la libra).
Para complementar el negocio, el propietario dice que tiene una mercadería surtida de algunos productos de consumo masivo, por ejemplo: aceite, arroz y enlatados. Asimismo, vende velas, inciensos y leche de soya.
A diario, muchas personas van a estas bodegas de especias a buscar remedios naturales. Clara Muñoz, todos los meses, viene a comprar una o dos libras de boldo. Según Zapata, esta hojas sirven para curar problemas de gastritis y del hígado.
Las personas que trabajan en estos locales dicen que saben todas las propiedades curativas de las hierbitas que venden allí. “Uno siempre tiene que saber qué es lo que se comercializa y para qué sirve”, comentó Zapata. No hay problema para los vendedores cuando alguien les pide una planta específica o pregunta por algo que pueda servirle para alguna enfermedad.
Entre las plantas más vendidas está la stevia, el boldo y la caña fístula.
La stevia sirve para endulzar las bebidas y alimentos de las personas que padecen diabetes, según explica Clara. Estas hojitas son dulces, se las remoja en el líquido que se vaya a tomar y cuando esté dulce, se las seca. Controlan la glucosa y sirve de endulzante.
Las hojas de boldo se toman como infusión.
Camila Witt
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Reportera-Quito