Un ñeta que no pudo ser el jefe, solo líder
José Luis González Noboa o José Luis Noboa González fue muerto con una ráfaga de veinte tiros la noche del 26 de mayo de 2009.
Se consideró un ñeta y hasta los miembros de esa pandilla lo respetaban como su líder, aunque él mismo reconocía que no podía ser el jefe porque era homosexual, como lo confesaba siempre. El código Ñeta se lo impedía; por eso se identificaba solo como su vocero o su líder.
Se trata del recientemente asesinado a tiros, José Luis González Noboa (29 años) o José Luis Noboa González, como también se identificó, que incluso, según un proceso penal en su contra, se hizo pasar como familiar del empresario Álvaro Noboa para cometer estafas.
Desde muy joven estuvo al margen de la ley, cuando aún se lo conocía con la identidad de José Adrián Noboa Baque o Adrián José Noboa Baque. A los 18 años fue detenido por primera vez, recuerda el juez Édgar Salazar Vera, del Juzgado Décimo de lo Penal del Guayas, por una denuncia de estafa al dueño de un importante hotel de Guayaquil.
Aunque a José Luis González le molestaba que lo compararan con Sigifredo Dante Reyes Moreno, más conocido como el Cuentero de Muisne -aquel sujeto que estuvo a punto de vender el reloj público de Guayaquil a un par de extranjeros que estaban dispuestos a pagarle US$ 115.000- actuaba como si fuese su discípulo.
Tampoco quiso que le mencionen a Guanerjes Porongo de la Mata -otra identidad de Reyes-, quien convenció a dos japoneses de que era dueño de un vasto territorio en Esmeraldas, ideal para construir una camaronera y que le dieron US$ 480.000.
Pero el joven González Noboa destacó por sus fechorías como cuentero y embaucador. A un dueño de un hotel le hizo una llamada telefónica y, tras anunciarse como el cónsul de un país centroamericano, le dijo que su hijo se hospedaría unos días y que por favor le dé todo lo que quería. Efectivamente, un joven bien vestido se presentó. Sorprendió a todos y estuvo alojado más de una semana hasta que la cuenta se le hizo impagable. Al tratar de huir fue detenido y procesado por estafa. Fue la primera causa penal en su contra.
Cada martes (hace 18 años) que Édgar Salazar iba a la Penitenciaría, para receptar las declaraciones de los reos procesados, el joven cuentero lo esperaba para narrarle sus hazañas. Era terrible -dice el juez-, contaba una infinidad de cosas. “Incluso hace pocos meses conversamos y quedamos en que me daría sus memorias para escribir un libro”.
De esas historias recuerda que en una ocasión llamó a una piladora de arroz y, tras identificarse como el Subsecretario de Agricultura, pidió una considerable cantidad de quintales (de arroz); se la enviaron a donde él dijo, pero luego comprobaron que se trató de una estafa.
Siempre ganaba dinero fácil. Tenía su grupo de colaboradores que utilizaba para sorprender. En esas circunstancias llamaba a las fábricas, distribuidoras y negocios que, luego de investigar sabía que no tenían los permisos y les advertía que iba a cerrarlos. Luego convenía en no tocarlos a cambio de una coima.
La más sonada ocurrió con un alcalde. Hubo una escasez de cemento y aprovechó para ofrecerle la cantidad de sacos que deseaba, al precio normal. Hicieron el trato, mandó un empleado para que recibiera el dinero, pero nunca envió el material.
Cuando fue detenido en abril 24 de 2002 portaba la cédula de identidad número 091742162-2. Pero las investigaciones comprobaron que le correspondía a Cristina Barragán Arteaga, una guayaquileña que había fallecido cinco años atrás.
En aquella ocasión se entregó a la justicia, luego de que los periódicos publicaran su fotografía como uno de los diez delincuentes más buscados por la Policía.
El juez lo trató por algunos meses mientras estaba detenido, asegura que este ñeta “tenía una labia que convencía”.
Algo parecido afirmó en 1998 la entonces capitana María Elena Rosero, que era jefa de Misceláneos de la Policía Judicial del Guayas. “Es que convence a cualquiera. Es un hombre brillantísimo; un genio, pero de la estafa”, advertía la oficial.
Tuvo causas en los juzgados Cuarto, Sexto, Séptimo, Noveno, Décimo y Duodécimo de lo Penal del Guayas.De su historial se conoce que adoptó apellidos de reconocidos políticos y empresarios como Febres Cordero Lebed, Febres Cordero Rosales, Maspons, Peñaherrera, Lebed Noboa, Wong, Adum, etc. Con esos apellidos, según consta en los informes policiales, “aseguraba la transacción comercial ilícita”.
En los registros de la Policía consta la estafa a los almacenes Juan Eljuri. Allí se identificó como Francisco Febres Cordero y se hizo despachar una serie de licores finos por cerca de 24 millones de sucres. En abril de 1999 llegó al almacén Marcimex y se identificó como el doctor José Antonio Febres Cordero y dijo que era hermano del entonces alcalde y ex presidente (ahora fallecido) León Febres-Cordero, y obtuvo ilícitamente electrodomésticos por 120 millones de sucres.
Más tarde combinó dos apellidos de políticos y asumió el nombre de Carlos Adum Febres-Cordero. Así, vía telefónica, tras haber estudiado meticulosamente a sus personajes, en especial la voz, realizó millonarios pedidos. Uno de sus emisarios iba luego a los almacenes con cheques certificados (robados o con sellos falsos) y retiraba la mercadería.
Su paso por la Penitenciaría dejó recuerdos. Uno de los empleados -cuya identidad guardó en reserva- dijo que lideró una banda de estafadores. Con su facilidad de palabra y poder de convencimiento timaba a todo aquel que entraba detenido y luego, con el dinero que recolectaba, vivía cómodo y pagaba a los reclusos más peligrosos para que no le hicieran daño, más bien lo protegieran.
Desde la Penitenciaría manejaba sus negocios ilícitos. Llamaba, por ejemplo, a una fábrica de baldosas y les advertía, con voz firme, que no podían vender, porque no tenían los permisos respectivos. Luego del acuerdo les decía que iba su secretario, y mandaba a uno de sus muchachos, bien vestido, a recoger el dinero.
Se dice que obtuvo un título de técnico en telefonía (como ingeniero lo identificaba la Policía) y en la Penitenciaría instaló una red telefónica clandestina, desde la cual hacían llamadas al exterior (Estados Unidos, Francia, España, Italia), a precios cómodos. Se supo que mucha gente ingresaba para hablar y él les cobraba, hasta que fue descubierto.
El archivo del Quinto Tribunal de Garantías Penales del Guayas registra dos juicios contra José Luis González Noboa: el 128-2001 por estafa, y el 101.2001 por extorsión.
Ya libre, en mayo de 2006, junto con el entonces coronel Wilson Alulema, que era jefe de la Policía Judicial del Guayas, José Luis González Noboa, en representación de los Ñetas, firmó un acuerdo de paz con la pandilla de los Latin Kings.
El compromiso fue respetado por Alulema, a tal punto que, durante la firma, llegó una orden de prisión contra González, emitida por el Juzgado Tercero de lo Penal del Guayas, y el oficial se opuso a detenerlo. ”Aunque me sancionen por esto”, indicó, porque aquello arruinaría el proceso de paz entre pandillas en el que Alulema había dedicado gran parte de su tiempo. El policía descarta que el asesinato de José Luis González Noboa, ocurrido la noche del 26 de mayo, en la ciudadela Floresta 1, al sur de Guayaquil, haya sido ejecutado por integrantes de los Latin Kings.
Jaime, uno de los líderes Ñetas, dice que el crimen no detendrá el proceso de paz y de reinserción social que llevan adelante con la pandilla rival Latin Kings. “Queremos dejar en claro que no se originará ninguna guerra. Vamos a acentuar el proceso de paz. Era el sueño de José Luis y lo cumpliremos”.
José Solís
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