Tomada de la edición impresa del 05 de julio del 2008

“Chico Silencio” calló para siempre

  | ILUSTRACIÓN: Carlos Proaño

ILUSTRACIÓN: Carlos Proaño

Samuel Álvarez encontró en Guayaquil, al complemento ideal: “El Marinero”. Él le ayudaría a formar el “dúo del terror”.


 
Las alarmas de la cárcel municipal se dispararon enloquecidas. Los reflectores apuntaban a las esquinas tratando de encontrar a los fugitivos. Luego se escuchó el disparo: Luis Alfredo Silva, un policía de turno, caía asesinado por un revólver Colt calibre 38.
 
Aquella fue la única víctima de un plan de escape que funcionó con la precisión de un reloj suizo. Antonio Nieto, más conocido como “El Marinero”, huía de la prisión junto a “El Pistolero”, “El Negro Arteaga”, “El Margarito” y “El Italiano” (cuatro de los criminales más peligrosos de Guayaquil).


Y al otro lado del muro, los esperaba el vehículo de escape. Detrás del volante aguardaba atento Samuel Álvarez  Guerrero, alias “Chico Silencio”, quien era el brazo derecho de “El Marinero”.


Cuando Nieto y los otros cuatro subieron al auto, Álvarez aceleró para dejar a la Policía detrás. Se refugiaron en una hacienda y escondieron el auto en un cobertizo. Los hombres esperaron el amanecer, pero su intención no era seguir huyendo.


“El Marinero” y “Chico Silencio” se reunieron para planear cuál sería su próximo atraco. El “dúo del mal” había regresado.
Nieto y Álvarez se conocieron en Guayaquil, allá por 1960. Nieto, oriundo de Zaruma, tenía el cabello rizado y era bastante corpulento. Era conocido por ser escandaloso, muy hablador y extremadamente violento. Cada celebración en su pueblo terminaba casi siempre en balacera. Nieto era el primero en desenfundar su arma para proteger su honor.


En cambio, Álvarez era todo lo contrario: delgado, de pelo muy liso y tenía mirada cansada. Era casi o igual de sanguinario que su compinche, pero como su apodo lo decía, el hombre era sigiloso y callado. Era puro “silencio”.


Chico Silencio comenzó como carterista. La primera vez que cayó tras las rejas cumplió su condena normalmente. Sin embargo, la segunda vez que fue apresado -según sus declaraciones- la OIC (Oficina de Investigación Criminalista) le propuso un trato.


Para la OIC, el problema de Álvarez no radicaba en su habilidad para robar. Lo que sucedía era que el hombre era demasiado orgulloso, y si iba a ser apresado prefería aceptar su destino y no huir como un cobarde. Entonces, según narraba Chico Silencio, La OIC llegó a un acuerdo con los capataces de la cárcel para que dejaran entrar y salir a Chico Silencio a su antojo. A cambio, la OIC recibiría un fuerte porcentaje de todo lo que el criminal robaba.  Se volvió casi intocable.


 Álvarez conoció a Nieto en el bajo mundo, en uno de los asaltos que tuvo que realizar en equipo a una importante joyería de la ciudad. Chico Silencio analizó con rapidez el perfil de Nieto: un pistolero bullicioso y sanguinario. ¡Bingo!, Nieto era lo que Álvarez necesitaba para completar su imagen discreta y así poder mantener un perfil bajo.

 

Pero en uno de sus atracos, “El Marinero” cayó en manos de la justicia. El trato carcelario solo incluía a Álvarez, por lo que Nieto tuvo que permanecer en prisión hasta el 25 de enero de 1965, día en que gracias a un elaborado plan, pudo escapar junto a otros cuatro delincuentes que se unirían a su banda. 


  Juntos de nuevo, Álvarez y Nieto regresaron a las calles porteñas, a sembrar terror y a desolar los campos. El 10 de junio de ese mismo año, la banda decidió asaltar a los dueños de una hacienda. Uno de los empleados -con escopeta en mano- trató de poner resistencia.


Chico Silencio se escabulló entre las sombras sin hacer ruido y mientras “El Marinero” lo distraía con amenazas y gritos, Álvarez lo apuñaló en la espalda en 12 ocasiones, provocándole la muerte.


Luego de esto, y cerca de las fiestas julianas. El dúo decide planear un golpe al banco del Estado. Pero sus planes, de acuerdo con la narración de Álvarez, fueron frustrados debido a que un infiltrado en su banda, le dio información a la Policía para que lo detuvieran.

 

Decidió entonces cambiar su blanco. El 23 de julio asalta la joyería de Germánico López. Durante el atraco hirió al dueño de la tienda en el brazo, pero no lo mató. López se convierte en uno de los únicos sobrevivientes de esta violenta saga.   


Pese a perdonar una vida, Álvarez no podía dejar de pensar en su intento fallido de robar un gran banco. El 25 de julio, entre el festejo de la Independencia de Guayaquil, “Chico Silencio” asesina sin piedad a los soplones de su banda y a los líderes del operativo que lo hicieron fracasar.


Pese a que Álvarez era el encargado de asesinar y de dar los grandes golpes, “El Marinero” era quien figuraba como el líder de la pandilla. A “Chico Silencio” le convenía, ya que no deseaba llamar la atención por temor a que su pacto con la OIC se viera arruinado.

 
No obstante, el 24 de Agosto, Álvarez y Nieto trataron de robar un camión de carga. Lo que el dúo no esperaba era la presencia de la Policía en el lugar. “El Marinero”, se enfrentó a los gendarmes con el revolver Colt calibre 38., pero en fuego cruzado, recibió un balazo en el pecho, que apagó su vida, pero que le dio tiempo de escapar a “Chico Silencio”. 


Debido a la avalancha mediática que provocó la muerte de “El Marinero”, el apellido Álvarez sale a la luz. El contrato de carcelario con la OIC tambalea, pero el hombre no se resigna a dejar la vida criminal.


El 8 de septiembre trata de asaltar otro banco. Las cosas parecían salir bien, pero nuevamente, el alambrado policial lo esperaba fuera del lugar. Los oficiales lograron herir a un integrante de su banda, Pedro Flores, y capturan a los demás integrantes.


Sin otra opción, Álvarez decide escapar y esconderse en el campo. Pero los uniformados recibieron una denuncia, de uno de los campesinos que había reconocido su rostro en las noticias. El 14 de septiembre, mientras Álvarez se encontraba arando el campo para tratar de camuflarse, fue emboscado por la Policía. 


En un acto desesperado y poco usual en él, “Chico Silencio” se echó a correr, pero fue herido en la pierna.  Acorralado como animal herido, Álvarez fue capturado, y luego de ser atendido de urgencia en una clínica pública, cayó por tercera ocasión tras las rejas.


Al hombre se lo acusaba de varios asesinatos y asaltos. Entre sus declaraciones denunció el trato que tenía dentro de la cárcel, pero los medios nunca lo dieron por válido.


Álvarez fue portada de los diarios  durante semanas, pero un día dejó de aparecer. Sin embargo, luego de un par de años otra información haría asomar su rostro en las noticias.


Samuel Álvarez Guerrero había sido asesinado, supuestamente por un grupo de policías en el sector de Puerto Liza. También se dijo que fue por una pelea dentro de la Penitenciaria. Nunca se descubrió al responsable del crimen. Pero muchos concordaban en que hablar de complots y de tratos clandestinos, fueron los verdugos que callaron a Chico Silencio para siempre.   

Maximiliano Delgado
mdelgado@telegrafo.com.ec
Reportero - Guayaquil

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