Cuando la protección es solo de ellos
Marcela Noriega
Editora de Actualidad
mnoriega@telegrafo.com.ec
Solo haga la prueba: vaya a cualquier farmacia del barrio y pida un condón femenino. Luego vea cómo las cejas del dependiente se contraen y quedan suspendidas en un signo de interrogación del que no vuelve, y de su voz salen las siguientes variantes de respuesta: ¿Qué es eso? No, aquí no vendemos. Nunca lo había escuchado. ¿Cómo dice?
Es que en ninguna farmacia lo venden, porque comercializarlo resulta muy costoso (cuesta, al público, 8 dólares), dice la nota de DIVERSIDAD.
Esto de ir a la farmacia a pedir un preservativo para mujer puede ser un divertido ejercicio que se transforma, si lo piensan mejor, en una discriminación.
¿Por qué solo los hombres tienen acceso a la protección sexual? Y esta discriminación, luego, se aterriza en cifras que causan escalofríos: los casos de infecciones de VIH en mujeres ascendieron de 295 en 2003 a 705 en 2006. Y que, a lo largo, también, se traduce en un concepto concreto: la feminización del sida, que ocurre porque la mujer queda vulnerable frente a la epidemia. Y es que qué ama de casa puede, en esta sociedad machista, exigirle a su esposo que use condón. Casi ninguna.
Otro número que crece, esta vez para bien, es el de los ecuatorianos en el extranjero que se han empadronado para el referéndum del 28 de septiembre. Hay 6 mil más que en las pasadas elecciones. Eso habla de entusiasmo, sobre todo en los casos de aquellos que, como recoge la nota de ACTUALIDAD, deben viajar desde pequeñas ciudades a la capital del país donde viven para empadronarse y luego, otra vez, para votar. Eso es ánimo cívico.
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