• 08 Mar 2013
  • Editoriales
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  • Un Día de la Mujer para desterrar la lacra del feminicidio

    El crimen cometido contra la joven quiteña Karina Del Pozo es un ejemplo de ese machismo perverso que todavía no podemos desterrar en el Ecuador. Bien calificado por el lenguaje como feminicidio, ese tipo de crímenes solo convoca a una cruzada política y social para que los hombres dejen de ser el mayor peligro para las mujeres por el solo hecho de ser tales.

    El feminicidio alcanza una connotación muy significativa en estos tiempos, no porque antes no haya ocurrido, sino porque ahora hay más conciencia del impacto en la vida social y familiar. Por lo mismo, si algo hay que reflexionar y debatir en el Día de la mujer, no es su rol político ni cuánto ha crecido en el mercado laboral, sino y fundamentalmente cómo es su relación con los hombres y cómo éstos tratan a las mujeres.

    ¿Cómo es posible que dos jóvenes, supuestamente amigos de Karina Del Pozo, la asesinen porque quisieron tapar su abuso sexual? ¿De qué clase de amistad estamos hablando? ¿Qué hay en la cabeza de estos jóvenes para abusar de ella y luego asesinarla, si, aunque parezca absurdo señalarlo, no tienen antecedentes delictivos ni muestran desórdenes mentales?

    El feminicidio, reactualizado con este caso, no cesa en el Ecuador. La violencia intrafamiliar es parte de eso o la causa que explica su fenómeno. Y una conmemoración y homenaje a la mujer no puede ser tal si no disminuye la violencia contra ella. Solo si hacemos un compromiso social de afrontar y enfrentar este fenómeno doloroso podremos en el futuro hacer de este día un acto solemne, sin vergüenza alguna, para dignificar más a este género, en toda su plenitud.

    De ahí que valga la ocasión para reflexionar entre hombres y mujeres para entender que los roles de cada uno no pueden ocurrir sin el respeto para ellas, ante todo.

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