Discusiones bizantinas
La semana pasada se difundió una encuesta en la que se decía que más del 90% de los ecuatorianos no conoce la nueva Constitución elaborada en Ciudad Alfaro. Ese porcentaje alarmó y pretendió abrir una discusión bizantina sobre el grado de formación política que tiene la población.
Discusión bizantina porque frente al proceso constituyente los críticos dicen que poco se ha aprendido y que lo que se votará en septiembre es un libro negro del poder actual para su poder futuro.
Discusión bizantina porque si más del 90% no conoce el texto constituyente poco tiene que ver con la didáctica política de cada asambleísta respecto de la ciudadanía. El problema viene de lejos. La cultura democrática y la formación política son dos cosas densas y complicadas.
Van estos puntos. 1. El nivel educativo en materias generales del ecuatoriano medio. 2. El porcentaje de analfabetismo que aún permanece oculto. 3.
El rol de las elites gobernantes y la importancia que le han dado a la educación pública. 4.
Los enfoques e intereses que plantea la educación privada (en todos los niveles). 6. El papel de los medios de comunicación, sobre todo, a partir de la década de los ’80. Y, más, en la actualidad.
Todos estos factores tropiezan entre sí cuando se quiere -de verdad- explicar los fenómenos políticos… o electorales.
Pero se habla con tanta soltura sobre la “racionalidad política”, es decir, vivir la democracia y sus reglas, que se suprime de la reflexión la estructura que sostiene el imaginario de la sociedad ecuatoriana.
Votar ‘conscientemente’ no es un asunto de didáctica política sino de una cultura política que no tenemos. El voto en el Ecuador es un voto emocional. (Y en América Latina, también).
Decirlo no implica que estemos de acuerdo. Pero no decirlo es soslayar realidades que determinan conductas y votos en cualquier elección.